Al escribir debo repetir su nombre: Guillermo Pérez Castillo, pues ´´…pensarte también es el riesgo de compartirme y disolverme en ti, anulándome en un todo´´… Así lo expresa el poeta en su libro Insondable acecho (2008), en donde nos comparte su concepción del amor como fundamento de la existencia, y de la poesía como una experiencia que debe ser vivida antes que escrita, esto lo deja ver plenamente en su ´´Autobiografía espiritual y trayectoria estética´´ dentro del poemario.
Al leer nueva vez este grandioso libro, vemos al poeta consciente de que el mundo sabe algo que nosotros hemos olvidado, detrás de las cosas hay otra cosa, una presencia difícil de nombrar… Caracol:/ Estoico caracol / ternura y piedra. / Beso duro del / tiempo / que no tiene palabra. En este poema, contemplamos una imagen brevísima y poderosa, pues el tiempo adquiere cuerpo y besa con un beso duro; el caracol deja de ser animal, es una memoria antigua y silenciosa en esta poesía del misterio, porque guarda algo dentro que el poeta, no nos lo revela completamente, ya que parece escuchar lo que permanece escondido dentro de los objetos y de la experiencia humana.
Pérez Castillo, como un poeta de gran formación intelectual, académica y literaria, nos deja una poética bien definida: la búsqueda, el silencio, la naturaleza, lo sagrado y una relación muy particular entre cuerpo, alma y misterio. Así vemos en su poema Jaula, cómo la libertad se piensa desde la prisión, porque Guillermo una y otra vez, vuelve a aquello que se pierde como si en ese regresar pudiera aparecer una forma de trascendencia: Prisión / que tiene cárcel, / alma detenida. / ¿Puedes volar, jaula? Y vamos por todo el libro viendo como sus imágenes interrogan al mundo sin esperar respuestas definitivas, pues el poeta se acerca al misterio y permanece delante de él sabiendo que la pregunta es una forma recurrente de conocimiento…
Toda su poética va cargada de reverencia ante la vida, el amor, el deseo y una espiritualidad sin convertirse necesariamente en poesía religiosa doctrinal, ya que lo espiritual surge como búsqueda, intuición y misterio. Así, en Magdalena y el pozo coloca al lector en un territorio bíblico, pero la figura tradicionalmente asociada al encuentro junto al pozo es la mujer samaritana, no María Magdalena; sin embargo, Guillermo Pérez Castillo une deliberadamente a Magdalena con el pozo realizando una operación poética en donde el imaginario bíblico adquiere una dimensión íntima y sensual: Rondas, que era sombra todavía. / Atrapada, ardiente, esculpida. / Fisión de luz, tarda la calma. / El ánfora posada en el vacío. / El cántaro sediento en el deseo. / La sed de otra sed con la que andaba.

En Pérez Castillo, el cuerpo es un camino hacia el misterio en donde lo sensual y lo sagrado pueden tocarse sin uno anular al otro. Y va la sed que no es solamente física, pues para entender al poeta hay que saber que sus personajes, sus objetos y hasta la naturaleza, siempre están completamente insatisfechos, nada termina de llegar, todo parece dirigirse hacia otra cosa y Magdalena no aparece simplemente como figura religiosa. Aparece como una mujer atravesada por el deseo, por la luz, por la sombra. Guillermo no abandona el cuerpo para llegar a lo espiritual, sabe que el ser humano busca porque está incompleto y en esa búsqueda comienza la posibilidad de trascendencia.
Haber tratado y conocido tanto al poeta, me hace saber cuáles fueron los poemas favoritos del su libro Insondable acecho, en donde viene con sus contradicciones hermosas, con la naturaleza funcionando como lenguaje y sus símbolos parecen contener una escritura antiquísima que el poeta intenta descifrar en su anhelo de querer saber dónde termina el yo, aspirando a abarcar la respuesta con su mirada pero fracasa; llega a un punto donde ya no puede continuar y esto conecta con otro rasgo esencial de Guillermo: la imposibilidad de conocer completamente, pues el poeta sabe que existe otra realidad más profunda en donde el acceso a lo trascendente parece exigir que se debe atravesar otra dimensión de la experiencia. En uno de sus preferidos, parece concentrarse toda su poética: ´´Cementerio de la tarde´´ (el propio título ya tiene una contradicción hermosa): la tarde deja de ser una hora, aparece como un tiempo detenido y todavía pertenece a la luz, pero anuncia su muerte… La paradoja entre muerte y fulgor vuelve a mostrar como Guillermo aproxima contrastes y pasa de poemas extensos a cortos con una gran capacidad de condensación.

Un vaho blanquecino / entre árboles dormidos / y un leve sol desparramado. / El mito de la tarde aún existe… // Algo hay de mí en sus verdores apagados / en esas manchas solitarias / en ese gris transido en rostros. // Pretendo la soledad, pero todo me asiste: / sólo entre ramas y azahares / hay una multitud insólita. / Ahora todo mi universo es fronda / silabario ancestral / brumas desdibujadas y pausas… // ¿Es vivir ser parte de las cosas? / Busco las moradas donde asirme / como quien se niega a sucumbir / y sigo con la tarde / descrita en luz de luciérnagas / que transitan horadando la oscuridad. / Mis corceles asidos de dioses cabalgan / y todavía la tarde es luz podrida / cementerio azul / ráfagas de alas. // Y retengo entre mis manos / la tarde abrevada pero cierta / llena de mariposas, / cocuyos fugaces / y un tropel de alas en el sueño / en las lindes de mis ángeles… // Tarde que es un espejo / un pasadizo por donde huyo / a encontrarme con mis dioses. / La tarde que urdo y despojo / en arcoíris extintos es ésta / de luz fallida / de soles oscuros que obnubilan los espejos. / Tiempo detenido que mitiga la luz / la célibe tristeza de los ojos / que estrenan sus soles / sus cirios apagados. / Ojos de una instancia / donde todo es el chasquido / de hojas magulladas / desde antes que el tiempo / creara su tortuga / su horóscopo de sangre. // ¿Qué tiempo no ha existido /aniquilándose? // ¿Qué tarde no fue esta tarde / sólo porque mis ojos / la negaron?

En Guillermo, la verdadera soledad parece imposible porque las cosas poseen presencia. Otra muestra la vemos en el brevísimo poema ´´Soledad´´ que contiene una paradoja decisiva: ¿Por qué sola / la soledad / sí está conmigo? El poeta ya no está completamente solo porque su propia soledad lo acompaña. La misma intuición reaparece en ´´Cementerio de la tarde´´, el poeta pretende la soledad, pero todo le asiste; entonces: luz, oscuridad, vida y muerte, palabra y silencio, presencia y soledad son imágenes que se deben leer como una definición de su poesía: la palabra arroja una red sobre su propia realidad y aquello que intenta decirnos no puede quedar atrapado… Como en su poema Secuencia, en donde el poeta intenta atrapar el agua con una red, pero el agua se escapa: Tiendo una red / en el agua / ¿Mi red? / El agua / se escurre / y me burla / Trampa… / Trampa… / El pez es un sueño / una forma escapada…
Entonces, los contrarios dejan de excluirse… El poeta nos sitúa en un sistema simbólico propio donde conserva el enigma y ahí está, a mi juicio, una de las claves de sus textos, pero ¿Qué se intenta atrapar? El poema no lo explica y es que el decir de Guillermo Pérez Castillo confía más en las sugerencias, pues estamos frente a una poesía de aproximaciones que no pretende explicarnos nada, simplemente dejarnos frente a algo, pues su repetición no es casual, parece construir con sus símbolos una geografía interior en donde las cosas adquieren vida cuando entran en el poema; las imágenes, él nunca las cierra completamente; esto lo podemos apreciar en ´´Piedra´´: ¿Quién sabe / hasta cuándo estás ahí / detenida / como estatua a tu silencio / recibiendo pedradas de tu piedra ? Una vez más vemos cómo objetos pequeños terminan hablando cuestiones enormes y así la piedra, silenciosa, recibe pedradas de su propia materia e inmóvil está siendo atravesada por el tiempo. Guillermo no describe la piedra desde afuera, le habla, la convierte en interlocutora y al hacerlo, el poeta parece escuchar el silencio de la roca, he ahí una inclinación hacia lo sagrado.
Es asombroso ver cómo un lingüista tan dedicado y completo como Guillermo Pérez Castillo no busca exuberancia verbal y trabaja con pocos elementos: luz, agua, piedra, flor, tarde, caracol, jaula y la carga de resonancias simbólicas en una economía expresiva como si necesitara dejar espacio para que el lector complete su lectura. Quizás allí se encuentra la verdadera certeza de Guillermo: aceptar que la poesía nos deja frente al misterio para acercarnos a él sin destruirlo…

Guillermo Pérez Castillo, con sus rabietas y las amonestaciones que solía darme (y a otros) era como esa imagen que escuché en boca de algunos poetas: un caracol, duro por fuera, pero con el corazón blando. Quizás por eso sus poemas no cuentan simplemente una historia personal y usa símbolos antiguos, como si para hablar de sí mismo necesitara también hablar desde una memoria más remota. Su cárcel no necesariamente tenía barrotes, quedó preso de lo que él era, de su historia, de aquello que amaba, incluso de sus propias raíces, por eso detrás de muchas de sus imágenes también había una profunda soledad humana. Así, su cárcel alcanza una dimensión mucho más dolorosa en Cárcel amada, el poema empieza con una transformación, con una búsqueda que poco a poco se vuelve encierro en una mezcla con lo íntimo, lo mítico y lo religioso. Veamos: Yo era un cisne / aquella noche //Buscaba mi luna / en aquel cielo rojo / de sombras perdidas //Mis límites eran un océano denso / una isla inhabitada // Allí se hacía mi ídolo de esperanza // Mi monasterio de iniciación // Fui un inquisidor, sin embargo hurgaba la sangre de Abraham derramada la nostalgia de Sarah / me recomponía en mi orden vital / mis raíces me ataban / a un presidio trémulo / a una salamandra apasionada // Sentía que un reloj de hielo / deslizaba el ábaco // Percibía mi gusano atolondrado / asido a un torrente cálido / por donde manaba mi designio: / el pez moría en el hombre // ¡Oh, qué desgarramiento el abandono / de esa cárcel amada! // ¿Por qué me desgarras, Fenaretra? // ¿Por qué me despojas, oh, Poseidón / de este océano íntimo? Y el poema termina en el abandono cambiando todo el paisaje, demostrando el encierro de esa búsqueda, porque ¿cómo puede ser amada una cárcel?
En Cero, Guillermo lleva esa búsqueda casi hasta la desaparición; el poema muestra unas pocas palabras alrededor de una idea: el olvido… Duele ver después de tanta imagen, tanta luz y tanta sombra cómo aparece el cero (lo que queda cuando parece que ya no hay más nada), un lingüista reduciendo el lenguaje como si también él estuviera acercándose al vacío: A sí mismo guardado… // Manera tan cerrada / de decir “olvido”. Pero el poeta vuelve una, otra y otra vez a la naturaleza, quizás en un intento para salir de ese vacío. Como el mismo Guillermo Pérez Castillo, el loto nace dentro de la oscuridad, atraviesa el agua y termina buscando la luz… Y la poesía adquiere la capacidad de oración dirigida a la naturaleza. La flor se convierte en un símbolo de transformación espiritual. ´´Loto´´: Entre / rizos del agua / laguna silente / antro de oscuridad… // Eludiendo / la iniquidad / del lodo / emerges mística / para besar la luz.
Este libro no tiene desperdicio. En sus páginas se revela a Guillermo Pérez Castillo en toda la complejidad de su condición humana: su orgullo y su bondad, su obstinación y su filosofía de vida, la agudeza de su pensamiento, su extraordinaria capacidad analítica, sus contradicciones, sus íntimas ambigüedades y esas vulnerabilidades que, acaso, nunca quiso mostrar del todo. Pero también asoma el Guillermo de la ternura, el de la mirada casi infantil, y que tantas veces intentó resguardar detrás de una personalidad fuerte, desafiante y, por momentos, deliberadamente contradictoria ante la sociedad. Había en él una sensibilidad que no siempre se permitía exhibir, usó la fortaleza como una armadura necesaria para proteger al niño que todavía habitaba en su interior. Y puedo decirlo ahora que ya no está; ahora que ha partido, pues probablemente no le habría complacido que yo escribiera sobre él desde ninguna perspectiva, ni siquiera desde el afecto. Tardé un mes en escribirlo pues tenía en mí la extraña sensación de que aun desde ese otro plano de existencia, Guillermo me detenía, en momentos sentí que a medida que escribía sostenía más que un dialogo silencioso y me demoré porque, al querer interpretar su poesía, también interpretaba su misteriosa compañía en este que fue mi duelo.

Guillermo era terco, profundamente terco, pero era mi amigo. Un amigo entrañable del que quizás me distancié un poco por circunstancias personales que nunca le expliqué. Hoy escribo sobre él con la libertad que me concede su ausencia y con la ternura que me dejó su amistad. Lo imagino leyendo estas palabras, frunciendo el ceño, preparando alguna objeción, quizá reservándome un lugar a su lado en el infierno por haberme atrevido a descifrarlo. O tal vez acomodándose discretamente en algún rincón de la eternidad, con aquella sonrisa torcida, apenas disimulada, complacido en secreto por lo que he dicho, porque, esté donde esté, sé que primero hará su berrinche, protestará contra mis apreciaciones y se resistirá a reconocerse en ellas. Pero después, cuando se le agote la terquedad y se le desvanezca la ironía, me mirará con aquella ternura suya, tan honda como silenciosa, que siempre supo sobrevivir a todas sus contradicciones.
Entonces, quizás, sin necesidad de explicaciones, finalmente, después de la muerte, la soledad, la oscuridad, la luz y el vacío, aparece el amor como la fuerza transformadora que es, como la única posibilidad de permanencia, entonces su poesía no es esencialmente pesimista, aunque esté llena de muerte y obsesionada con la desaparición: ´´Permanencia´´ // Hay rosas / que se quedan // Hallándose /la flor / vuelve / a sus alas //Son rosas / en medio / de la rosa // Amagos / de ángeles / caídos // Sólo el amor / las yergue /a espacios / de los ojos…
El poeta está consciente de lo efímero por eso recurre a la rosa que es un símbolo tradicional de la belleza y del amor; del amor que emerge del sufrimiento del ser humano y en su universo poético lo confronta con la muerte como una manera de demostrar que aun en sus entrañas puede florecer la rosa (el amor) pues Guillermo Pérez Castillo sabe que hay una realidad inalcanzable para los sentidos…
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