—Nicaragua—
Sin quizás, en Nicaragua es donde existe la más grande e importante tradición poética de todos los países del Istmo. Tradición que ha hecho escuela dentro de la ruptura con los cánones de la poesía española decimonónica y del Siglo de Oro de la tradición literaria hispanoparlante. Porque Nicaragua fue la ruptura dentro de la tradición, y al que se lo debemos fue al que pateó lo que había hasta ese momento en la literariedad de la tradición literaria en Hispanoamérica. Nos referimos a Rubén Darío, el indito que paseó su desestructuración de la versificación castellana por los palacios de la vieja Europa dando cátedra de coraje y atrevimiento respecto de lo que era hasta ese entonces el canon literario en lengua española, y por qué no en lengua latina en sentido general.
Con Rubén Darío se pudiese decir que las vanguardias de fin del siglo XIX y comienzo del XX tuvieron su irrupción de la manera como lo hacen los de este lado del mundo. Atrevimiento sí, pero basado en una ruptura epistemológica del saber literario que se consumía y se hacía hasta entonces en lengua española y francesa también. Darío puso a Nicaragua en el mapa de las inteligencias literarias y a América como capaz de cruzar umbrales solo permitidos a los europeos y a algunos afrancesados de este lado del océano.
Pero bien, con esta hermosa ruptura dentro de la tradición, vemos un grupo de mujeres que han seguido esas enseñanzas en la estructuración del verso y la imaginación literaria en ese inigualable país, que con sus lagos y sus mares, aparte de sus iglesias y tradiciones religiosas, ha forjado una única estrategia discursiva tanto escrita por hombres como por mujeres, estrategia que ha sido estructurada a la forja de las luchas sociales, por la reivindicación de los derechos humanos y políticos, pero nunca perdiendo la esencia de todo poema que trabaja la palabra más allá de la inmediatez de lo político per se, sino que tiene al hombre en sentido amplio en el centro de su estrategia comunicativa. Y es que, sin quitar mérito a la poesía política, es una poesía que pone al ser humano como guía y matriz de su discursividad sin perder la esencia del mensaje. Las y los poetas nicaragüenses han tenido, por circunstancias de la vida azarosa de lo político-social, que enfrentarse con el demonio en persona varias veces, ese demonio que todavía ronda nuestras comunidades de naciones y que lo han enfrentado con esa arma tan poderosa como es la poesía cargada de futuro.
Veamos algunas de las voces de estas mujeres que hacen camino al nadar en su cotidianidad infestada de retos y veleidades aparentemente insondables cada día, pero ellas con sus hechizos hechos versos las espantan hasta los confines de la nada y las otredades.
Rosario Murillo, la poeta. Rosario Murillo (Managua, 1951) es una poeta, activista cultural y política nicaragüense, actual vicepresidenta y considerada copresidenta de Nicaragua. Militante sandinista desde los años 70, fundó el grupo cultural «Gradas» contra la dictadura de Somoza. Publicó poemarios como Gualtayán y dirigió la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura. En los años 70, bajo seudónimos como «Gabriela», denunció a la dictadura a través de la poesía. Fue secretaria del periodista Pedro Joaquín Chamorro. Tras 1979, lideró la cultura sandinista y promovió el Instituto de Cultura. Obras principales: publicó poemarios como Gualtayán (1975) y Sube a nacer conmigo (1977).
Su obra inicial se caracterizó por una estética espiritual y militante, denunciando la dictadura somocista. Su estilo literario inicial, de corte espiritual, se transformó con el tiempo, reflejando su evolución hacia una posición de poder férreo en Nicaragua. Es, además, traductora.
«…Hombre, de qué nos sirven las noches / si hemos abandonado el amor / solo a su propia suerte / mudo y arrinconado / como una anciana guitarra / que dejó de cantar». —Hombre, de qué nos sirven las noches—
«Esta es una carta de amor / te escribo yo, como siempre, todas mis cuevas abiertas / he comenzado a recorrernos en pasado sin regreso posible / otras versiones del mundo avanzan ya sobre la tela como espadas». —Esta es una carta de amor—
Es una poesía que tiene la humanidad de toda una mujer que sueña, que vibra, que ve la vida como la trascendencia del ser. Esta es la Murillo que no sale en las notas políticas de los medios internacionales, es la que con su pluma trata de ser la otra orilla, a pesar de que cada día tiene que salir con un cuchillo en la boca para defender la vida y la dignidad de su patria. Pero el amor es parte de esa dignidad que nos quieren arrebatar.
Verónica Rosil nació en Managua el 7 de julio de 1982. Licenciada en Administración Turística y Hotelera. Estudiante de la carrera de Lengua y Literatura (UENIC). Ha impartido talleres de narrativa y poesía en colegios y universidades. Libros publicados: Aventuras y travesuras silvestres, cuentos infantiles, 2009; Luna desnuda, poesía, 2013; Arrecifes, poesía, 2016; y Los fantasmas de una dama, cuentos breves, 2021.
Ha publicado en las antologías: Novísimos, poetas nicaragüenses del tercer milenio; Nicaragua en las redes de la poesía; 18 voces de la narrativa nicaragüense; Tierra breve, minificciones, 2018; Y nada más, narrativa breve centroamericana, 2022, y Canto planetario, 2023. También ha sido incluida en diversas revistas y suplementos literarios físicos y virtuales. Fue miembro durante cinco años del Foro Nicaragüense de Cultura y cofundadora de la Fundación Poetas en Órbita.
Ha participado en recitales y festivales de poesía a nivel nacional y centroamericano, tales como: XII Encuentro de Poetas Hondureños, 2006; IV Festival Internacional de Poesía de Nahuizalco, El Salvador, 2016; II Festival Centroamericano de Poesía «Oswaldo Escobar Velado», El Salvador, 2019; Universidad de Costa Rica (UCR), 2015; Encuentros virtuales en El poeta y el medio ambiente (Costa Rica); Fundación Cultural Alkimia, El Salvador, 2020; Arte y Cultura de Nuevo Laredo, México, 2021, y BreveMente, 2022.
Poesía intimista, que retrata su mundo paralelo con el mundo real, pero, al fin y al cabo, es el mundo que ella deja ver a través de sus versos. Escritora que maneja la palabra con mucho cuidado, ya que es una poeta de apego a la palabra simple pero arrebatadora de sensaciones. Su trabajo cultural la ha llevado por muchos países del Istmo difundiendo la poesía y la cultura de su generación.
«Una gota de agua
muda tintas de noches
viudas calles encarceladas de tristezas.
Una gota de agua
noches mudas
eco de una mirada dilatada.
Una gota que percibe un ente, un individuo
sin nombre, en calles de Gomorra,
sin saber de puntos cardinales
se sumerge en la grieta de lo invisible». —Omnisciente—
Helena Ramos (Elena Runova) (9 de enero de 1960, ciudad de Yaroslavl, Federación de Rusia, URSS). Poeta, narradora, periodista, promotora cultural e investigadora y crítica literaria. Máster en Periodismo por la Universidad Estatal de Leningrado. Nacida como Elena Runova, es rusa convertida al español; vive en Nicaragua desde 1987.
Ha publicado los siguientes títulos: Río de sangre será mi nombre (poemario). Managua: Fondo Editorial CIRA, 2003; Polychromos (poemario). Managua: Asociación Nicaragüense de Escritoras, 2006; Mujeres de sol y luna: poetas nicaragüenses 1970-2007 (antología). Managua: Centro Nicaragüense de Escritores, 2007; Compatriotas en Nicaragua (ensayo). Managua: Arana Impresiones S. A., 2013; capítulo sobre Nicaragua en Desde los márgenes a la centralidad: escritoras en la historia literaria de América Central (Consuelo Meza Márquez y Magda Zavala, coordinadoras; Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2019).
En 1997 su poema «Desolvidándose» obtuvo el primer lugar en el ramo de poesía del II Certamen Centroamericano de Literatura Femenina, convocado por el Consejo para la Cultura y el Arte (Concultura), Unesco, PNUD y la Universidad Tecnológica de El Salvador. En 2006 su poemario Polychromos recibió el Premio Único del Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres Mariana Sansón. Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. Se dedica al estudio del aporte de mujeres al corpus literario de Nicaragua.
Es, sin quizás, la más veterana de las que ocupan esta muestra, y la más cosmopolita, por su vasta experiencia en eventos internacionales y la que ha tomado la poesía como su verdadera arma de expresión. Educadora y mujer de una reciedumbre escritural de primer orden; aparte de la Murillo, que por su trascendencia política es lo que es en el espectro latinoamericano, esta poeta es poeta a tiempo completo, y aunque su militancia es a toda prueba, también lo es su amor por la palabra y la poesía.
«¿Qué hizo esta muchacha sino amarlos?
Y ustedes le pagaron con palos y mordidas.
Regocíjense ahora,
miren su rostro flaco
y su mirada ausente.
Hagan trizas su vestido blanco,
bailen sobre su corona de azahares,
quiebren sus manos
y conviértanla en blancos abanicos de carne.
Ella va a decirles,
es una vela olvidada
con olor a mariposa». —Crucifíquenla—
A saber, una poesía muy femenina, pero de denuncia y arrebato con las injusticias. Defensa e historia, estructura de una matriz que ha sido constante en toda la poesía escrita por mujeres en estas tierras. Apasionamiento y confesión de lo que son y serán en pos de una postura y declaración de fe por la raza y por la vida. Ser mujer va más allá de toda duda razonable y hay que defenderlo a hacha y machete.
Ninfa Farrach nació en Managua, Nicaragua, en 1958. Escritora y artista plástica. Licenciada en Ciencias de la Educación con mención en Español. Estudió pintura en México. Tiene dos libros publicados: Con el tiempo en silencio, en 1983, y La bala no sale de mi dedo, 2015. Radica en Managua.
Poeta y grafista de una estirpe poco conocida, defensora de la vida desde la palabra. Por sus versos corre mucha cotidianidad que se convierte en filosofía para la vida y sus avatares. Cada texto suyo es una declaración de principio que ayuda al lector a leerse a sí mismo en su historicidad. Pertenece a la generación de escritoras que empezó a comienzos de los años 80 a trabajar la palabra al lado de los acontecimientos políticos y sociales de su país, pero que fue moldeando su discursividad a como corrían los tiempos en esa vida tan políticamente agitada de su amado país. Pero ahí está, viva y suelta, y llena de historias que contar.
“En este baile perdí mis zapatillas;
todo lo que tenía puesto se ha esfumado;
quedé con mis andrajos nuevamente;
he vuelto a las cenizas, a los rincones.
Ya no hay príncipes que busque mi presencia,
ni hadas, ni bailes, ni palacios;
solo castillos dibujados en el polvo
sin palabras, sin risas, sin ventanas”. -Ultimas campanadas-
En las dos entregas anteriores he dicho y sostenido que no son todas las que están ni están todas las que son; faltan más, muchas más, escritoras de estos países que están transformando la poesía escrita por mujeres. Yo solo he puesto en perspectiva algunas de las amigas que, por la cercanía de lo que hacemos, nos convertimos en cómplices de un oficio que, por demás, es un vicio y una empatía. Un país tan rico en su tradición poética, con figuras de la talla de Rubén Darío, universal e inmortal, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Alfonso Cortés, Azarías H. Pallais, Salomón de la Selva y el políticamente correcto Ernesto Cardenal, Carlos Martínez Rivas, Claribel Alegría, ¿qué más se puede escribir? He dicho.
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