Andrés Acevedo es uno de los grandes gestores culturales. Apasionado investigador de autores dominicanos, hace énfasis en los escritores de Santiago y en la región del Cibao. Es un escritor excepcional de literatura infantil en el país, merecedor del Premio Nacional de Literatura Infantil, que organiza la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, creada en la excelente gestión de Rafael Peralta Romero, destacado escritor, intelectual y académico.
Cuando la literatura dominicana todavía merodeaba en el camino de la enseñanza de los vericuetos infantiles, él ya realizaba una poética más apegada a los recursos literarios que a los juicios y precios del aprendizaje tradicional. Como muestra de su capacidad de análisis y entrega, hoy les presento un trabajo que realizó para el también escritor y académico Virgilio Hernández. Por su interés e importancia, lo publicamos en nuestra columna Eneliteratura.
La vuelta de lo redondo: poemas y adivinanzas para niños y niñas de Virgilio Hernández
(Por Andrés Acevedo)
La literatura creada para los niños, conocida como infantil es un género antiguo, no un subgénero como la han definido los teóricos de las letras. Tiene su génesis en la oralidad, en la tradición de los pueblos, antes de que existiera la escritura. Esta fue transfiriéndose de generación a generación hasta quedar su historia estampada para la posteridad en la lengua escrita. La magia de la literatura infantil está en su creatividad. El poeta o narrador pone de manifiesto su imaginación, su capacidad para crear o recrear mundos, con faunas y floras reales o imaginarias.
En la antigüedad, las fábulas, los cuentos y las leyendas eran protagonizados por seres fantásticos y mitológicos, con características similares a la de los seres humanos. Animales dotados del don de la palabra, con sentimientos y preocupaciones existenciales, con virtudes y defectos y conciencia para diferenciar el bien del mal: hadas, ogros, duendes, dragones, brujas, ciguapas, gigantes, enanos, princesas y príncipes encantados y encantadores, poblaron las poesías y los relatos para niños durante siglos.
La literatura para niños es vista como un género menor. No ha valido su trascendencia, ni su perdurabilidad en el tiempo para que este criterio sea reconsiderado. Este género permanecerá mientras haya niños que sueñen y adultos que rememoren.
Pareciera un cliché decir que la poesía para niños dentro de los géneros destinados a la infancia es considerada una cenicienta. Desde sus orígenes hasta el presente, no ha sido del aprecio de los pequeños, si se le compara con el cuento y la novela, que sí son populares. La poesía no cuenta historias como los géneros mencionados, se limita a sugerir y a despertar la imaginación. En su contenido y estructura (fondo y forma) subyace su esencia.
El escritor, investigador y crítico de arte boliviano Víctor Montoya, argumenta que: “La literatura infantil, aparte de ser una auténtica y alta creación poética, que representa una parte importante de la expresión cultural del lenguaje y del pensamiento, ayuda poderosamente a la formación ética y estética del niño, al ampliarle su incipiente sensibilidad y abrirle las puertas de su fantasía”. (http://wwwgcocities.com, s.f.).
La poesía estuvo desde la antigüedad, vinculada a la música. Se hizo acompañar de la “lira”, instrumento musical que los griegos empleaban en el canto y la recitación poética, porque la poesía antes que contenido es ritmo, cadencia, música. La diferencia de la literatura para niños a la de adultos está en su tratamiento. Por lo demás, utiliza la lengua como medio para contar o sugerir historias. Además, debe predominar la creatividad, la imaginación y la sensibilidad del artista.
Los primeros indicios de la presencia de textos poéticos para niños en la República Dominicana, se remontan al siglo XIX, específicamente a 1880. La precursora del género fue Salomé Ureña de Henríquez, con: “El ave y el nido” (1880) y “Mi Pedro” (1897). Luego, en 1916, fue publicada la obra: “El Patriotismo y la Escuela” de Ramón Emilio Jiménez. Un conjunto de poemas didácticos convertidos en canciones escolares que llenaron toda una época. ¿Quién no recuerda “Himno a la verdad”, “Himno a la bandera”, “El ruiseñor”, “El árbol”, “Mi proceder”?
En los años cuarenta, la educadora, folklorista, investigadora y ensayista Edna Garrido de Boggs, recorrió todo el país, ciudades y campos, recopilando: juegos, canciones de cuna, retahílas, turuletas, sorteos, rondas, adivinanzas, acertijos, trabalenguas, poesías, cantos, leyendas y expresiones populares hasta entonces sin registrar. Este trabajo dio como resultado la obra: “Folklore infantil de Santo Domingo” (1956).
Es a partir de la década de los setenta del siglo pasado, cuando la poesía infantil logra consolidarse con la publicación de: “Motivos infantiles” (1970) de Rafael A. Serrano; “Niño y poesía” (1977) y “Un chin de caramelo” (1992) de Rafael Peralta Romero; “Poesía para ti” (1983), y “Cristal de ilusiones” (1995) de Eleanor Grimaldi; “Preparó su cuerpo y regresó a la luna” (1983) de Haffe Serulle Ramia; “La poesía va a la escuela: versos, prosa y cuentos para niños” (1989) de Viola Nuris Terrero; “Capulino, el Patriota” (1996) de Nelson Then; “Sonrisol” (1995) Eladio de los Santos García; “Antología infantil: selección de versos, canciones y fábulas” (1996) de Fiume Gómez Sánchez; “Pinta ilustra No.1” (1997),“Pinta ilustra No. 2” (1998),“Pinta ilustra No. 3” (1999), “Pinta ilustra No. 4” (1999), “Pinta ilustra No. 5” (2000), “Pinta ilustra No. 6” (2000), de Mary Collins de Colado; “Alma de niños” (1997) de Carmen Dinorah Coronado; “Arroz con mango” (1996), “La ronda por mi país” (1997) de Margarita María Luciano López; “Mi vaca de retahílas” (1999) de Brunilda Altagracia Contreras Núñez; “Poema-canciones para niños” de Rafael Nino Félix, de fecha desconocida.
Como registro estadístico en la Provincia de Santiago hay seis narradores y poetas dedicados a la educación y creación literaria para niños. Ellos son:
María Margarita Luciano López. Residente desde hace muchos años en Santo Domingo, donde ha desarrollado su vocación de maestra, narradora y poeta. Es Premio Nacional de Didáctica y Premio Nacional de Literatura Infantil. Esta dama es coautora de la primera obra teórica de la literatura infantil en la República Dominicana.
Leibianna NG Báez. También reside en Santo Domingo. Es autora de las obras: “Historia del cíclope ratón y su amigo bufón” (2005),
“Tragaluz” (2008), “Poemas del jardín” (2010), “Agua de sal” (2013), “El sonido que faltaba” (2015), “Salto a las estrellas” (2015) y “Ficción del Unicornio” (2017).
Virgilio Hernández. Poeta, ensayista y educador. Pertenece a la generación del 90, porque fue en esta década que publicó sus libros de poesía infantil: “Del punto al cuerpo geométrico” (1993), “Mi bandera”, “Aves de mi país”, “Versos escolares” (1996). En el 2003 dio a conocer: “Mi fauna: poemas para niños”.
Andrés Acevedo. Escribe poesía para niños y tiene publicados los libros: “Arcoíris Derretido” (1997), “Vuélvete mi niño” (2003), “Versos para niños recitadores” (2005), “Leyendo versos para niños” (2007), “Mi caballito de goma y otros poemas infantiles¨ (2015), “El barquito de mi niño” (2024) y “Versos menores para adolescentes” (2024).
Sandra Tavárez. Es autora de tres libros de cuentos para adultos: “Matemos a Laura” (2010), “Límite Invisible” (2012) y “En Tiempo de Vino Blanco” (2016). Además, la obra para niños: “Diamantes Verdes” (2021).
Ynocencia Vega. Ha publicado los libros de cuentos infantiles: “De aves y otros animales “(2020) y “El loro presumido” (2021).
En lo que concierne a Virgilio Hernández, es un poeta de un perfil bajo, entregado en cuerpo y alma a dos oficios que le apasionan desde su juventud: el magisterio y la creación literaria dirigida a la infancia. Sus obras tienen propósitos didácticos y lúdicos. Como en los poemas de Ramón Emilio Jiménez, Virgilio transfiere un mensaje al niño mediante sus versos.
Virgilio sabe, porque lleva décadas profundizando el estudio de la literatura infantil que: “hacia los cinco o seis años, el niño demuestra gran interés por el ritmo y la sonoridad de las palabras; pero, al comenzar sus estudios, pierden casi siempre esta afición, que vuelve a aparecer en la adolescencia. Se ha observado que cualquier poesía que no exija un gran esfuerzo de observación agrada a los jóvenes”. (Cumbre, 1964).
Sus poemas los caracteriza un lenguaje sencillo, desprovisto de la tediosa retórica que convierte el goce poético en una tortura. Se vale del verso de arte menor, estrofa bien estructurada pero simple, con ritmo y rimas regulares.
La primera parte del libro: “Rondas: poemas y adivinanzas para niños”, está integrado por 18 rondas. Virgilio continúa con sus postulados creativos primigenios: educar y divertir al mismo tiempo. Las rondas y las adivinanzas pertenecen a la esencia del folclor de cada sociedad. Es un juego de conjunto que disfrutan (niños/niñas). La ronda consiste en formar un círculo y girar, mientras se cantan versos o se recitan poemas breves con estribillos o sin ellos.
La ronda es un juego recreativo que una cantidad determinada de niños realizan en espacios públicos o en los patios amplios de las casas de los vecindarios, casi siempre al caer la tarde o a temprana hora de la noche. Virgilio Hernández, en su poema “Ronda de la rueda” nos invita a ese ejercicio recreativo que los psicólogos llaman liberación de energía:
“Rueda la rueda
porque es redonda;
porque es redonda
rueda la rueda”.
La ronda no solo estaba compuesta por niñas, había padres liberales que permitían se juntaran niñas y niños. En el poema “Ronda del caracol”, Virgilio expone la forma esférica del molusco, para desde él significar que la ronda empieza pequeña, luego crece como lo haría el caracol en su estado evolutivo.
El caracol es una ronda
que se inicia pequeñita.
Y va creciendo y creciendo.
Se va haciendo grandecita.
El caracol es una ronda
que solo deja de crecer,
cuando están todas las rondas
que han conformado su ser.
Virgilio Hernández emplea elementos que les son familiares al niño: caracol, carrusel, pelota, trompo, picaflor, mariposa, niña, merengue. O sea, objetos y personajes de la cultura caribeña. El poema “Ronda de las pelotas” refiere lo siguiente:
“Las pelotas son redondas
como esta redondez.
Puedes verlas al derecho.
Puedes verlas al revés.
Y verás que son redondas
como esta redondez”.
La adivinanza es una composición literaria tradicional que ha ido perdiendo vigencia en la sociedad dominicana y otras naciones. El poeta, ensayista, dramaturgo y músico dominicano Manuel Rueda, puntualiza que: “Las adivinanzas son un género propio de los juegos infantiles (que) cumplen una función didáctica con la que se trata de entretener y aleccionar la mente de los niños”. (Rueda, 1998).
Asimismo, el escritor e investigador doctor Miguel Collado, sostiene: “En su gran mayoría, las adivinanzas tienen un origen en la tradición folclórica, es decir, son producto de la imaginación popular. Otras, las menos, son escritas por autores identificables inspirados en ese saber del pueblo, en cuyos hábitos y costumbres encuentran la más rica materia prima para la construcción de adivinanzas que ese pueblo hará suyas y que luego difundirá oralmente, transformándolas a través del tiempo”. (Collado, 2003).
Hay pocos libros que recogen nuestras adivinanzas. Doña Edna Garrido de Boggs compiló 300 en su libro: “Folklore infantil en Santo Domingo” (1956), Manuel Rueda publicó “Adivinanzas dominicanas” (1970), Aída Rodríguez de Fernández “Poesía, adivinanzas y canciones para niños” (1985), Alejandro Solano “Adivinanzas dominicanas” (1992) y Brunilda Contreras es autora de: “Chiví: 100 adivinanzas nuevas” (1997) y ¿Qué nombre le pondremos? Más adivinanzas…” (2002).
La segunda parte del libro: “Rondas: poemas y adivinanzas para niños”, está compuesto por 15 adivinanzas dedicadas a la infancia. En la primera expresa:
“Todos creen en un color,
pero es la falta de luz.
Mi niño adivinador,
dime, ¿cómo le llamas tú?
(El negro)
Este libro podrá ser utilizado por los maestros como material de formación y entretenimiento. Modificará, si se usa de manera correcta, el aprendizaje del niño en lo que concierne a la creatividad, el compañerismo, la hermandad y el respeto.
“Vuela y vuela
de flor en flor.
De todas liba,
mas no reposa.
No es abeja
Ni es mariposa”.
(El picaflor)
La lectura de esta obra nos retorna a una infancia que se resiste cederle el paso a la tecnología. Virgilio Hernández, el educador y poeta, tiene desde hace tiempo ganado su espacio en la historia de la literatura infantil dominicana.
“Habla y no tiene boca.
Camina y no tiene pies.
Diversos temas enfoca.
Adivíname, ¿quién es?
(El periódico)
Bibliografía
Collado, M. (2003). Historia Bibliográfica de la Literatura Infantil Dominicana 1821-2002. Santo Domingo: Banco de Reservas de la República Dominicana.
Cumbre, E. (1964). Literatura para niños y para muchachos. México.
http://wwwgcocities.com. (s.f.).
Rueda, M. (1998). Imágenes del Dominicano. Santo Domingo: Banco Central de la República Dominicana.
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