Parte I

La noche del 16 de julio de 2026 tuve el privilegio de participar en un acto de profunda significación para la cultura dominicana: el homenaje a Frank Marino Hernández, con motivo de la designación del auditorio del Museo de Arte Moderno con su nombre.

Mi más sincero reconocimiento a esta decisión. Constituye un acto de justicia histórica y de gratitud hacia un hombre que dedicó su vida al pensamiento, la cultura y al impulso de innumerables generaciones de dominicanos.

Expreso igualmente mi reconocimiento a Gamal Michelén, viceministro de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura e impulsor de la iniciativa que hizo posible designar el auditorio del Museo de Arte Moderno con el nombre del sociólogo Frank Marino Hernández.

También agradezco la presencia del arquitecto Federico Fondeur, director del Museo de Arte Moderno; de Joan Ferrer, director general de Museos; de la familia de Frank Marino Hernández, y de Vianela Vittini, su mano derecha durante tantos años.

De igual manera agradezco a Amable López Meléndez, Jean Marion Landais y Abil Peralta Agüero, cuyas intervenciones contribuyeron a reconstruir la dimensión humana, intelectual y cultural de Frank Marino Hernández, recordándonos la trascendencia de su legado.

Que este auditorio sea, para las generaciones presentes y futuras, un espacio donde continúe iluminando el espíritu visionario, generoso y profundamente humano de Frank Marino Hernández.

Para mí, Frank Marino Hernández fue mucho más que una figura pública: fue un padre espiritual, un asesor, un consejero y un mecenas en el sentido más noble de la palabra. Me abrió puertas, alentó talentos, respaldó proyectos y sembró oportunidades allí donde otros solo veían incertidumbre. Fue un verdadero mecenas de la cultura dominicana, un hombre cuya generosidad y visión marcaron la vida de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.

Una de las experiencias que mejor revela esa generosidad ocurrió con motivo de la última Bienal Marginal impulsada por Silvano Lora. Frank Marino Hernández decidió respaldar económicamente aquella iniciativa y me encomendó servir de enlace para hacer posible ese apoyo. Más tarde nos invitó a Silvano Lora y a mí a compartir una cena en el restaurante El Vesuvio. Aquella conversación fue mucho más que un encuentro cordial: fue un diálogo profundo sobre el arte, la cultura, el país y el papel de los creadores en la transformación de la sociedad.

Esa noche comprendí que su mecenazgo no consistía únicamente en aportar recursos materiales. Frank Marino Hernández creía en las personas, en las ideas y en la capacidad del arte para ampliar los horizontes de una nación. Apoyaba proyectos culturales porque entendía que invertir en la cultura era invertir en el futuro de la República Dominicana.

Hay otro episodio que retrata con claridad su manera de ejercer el liderazgo. En el año 2004, cuando se evaluaban distintas posibilidades para la designación del Secretario de Estado de Cultura, Frank Marino Hernández me llamó por teléfono y me pidió que pasara por su oficina porque deseaba conocer mi opinión sobre la posible designación de José Rafael Lantigua.

Recuerdo que le respondí destacando la exitosa trayectoria de José Rafael Lantigua en el sector privado y, sobre todo, su profundo amor por el libro, la lectura y la cultura dominicana, compromiso que había demostrado durante años a través de su labor intelectual y de su reconocida columna en la prensa escrita.

Más allá de aquella consulta, lo que nunca olvidé fue su actitud: antes de decidir, escuchaba; antes de emitir un juicio, consultaba; antes de ejercer la responsabilidad pública, procuraba conocer distintas perspectivas. Esa forma de actuar reflejaba su calidad humana, su apertura al diálogo y su convicción de que las mejores decisiones se construyen escuchando con respeto, sin prejuicios ni sectarismos, privilegiando el mérito, la capacidad y el compromiso con el país.

Honremos su memoria no solo como un faro de luz que inspiró a generaciones de artistas, gestores culturales e intelectuales dominicanos, sino también como uno de los pioneros de la sociología en la República Dominicana. Fue un hombre de pensamiento, un gran conciliador en momentos decisivos de nuestra historia y una personalidad capaz de dialogar con el poder político, el poder económico y la sociedad desde la fuerza de las ideas.

Recordarlo es también una oportunidad para profundizar en la historia dominicana de mediados del siglo XX, una etapa marcada por profundas transformaciones políticas, sociales y culturales. Fue un período atravesado por tensiones, luchas por la libertad, procesos de transición y la emergencia de nuevas corrientes de pensamiento que contribuyeron a definir el rumbo del país. Comprender ese contexto resulta indispensable para valorar en su justa dimensión el aporte de figuras como Frank Marino Hernández.

Más allá de las diferencias políticas y de las interpretaciones propias de cada época, una nación tiene el deber de preservar el legado de quienes contribuyeron al desarrollo de su cultura, de sus instituciones y de su vida intelectual. Un pueblo que desconoce su historia difícilmente puede comprender su presente ni construir su futuro.

Todavía hoy muchos estudiantes dominicanos desconocen las luchas del siglo XX, a sus protagonistas, a sus mártires, a sus intelectuales, artistas, científicos, educadores, gestores culturales y a tantos hombres y mujeres que, desde distintos ámbitos del saber, la creación y el servicio público, contribuyeron a construir la República Dominicana contemporánea. Esa deuda con nuestra historia debe interpelarnos a todos, porque preservar ese legado no constituye un acto partidario, sino un compromiso con la verdad, el conocimiento y las futuras generaciones.

Parte II

Frank Marino Hernández.

Quisiera, además, formular una propuesta a José del Castillo, Abil Peralta Agüero, Amable López Meléndez, Antonio Guadalupe y Marcos Lora Read: que el Auditorio Frank Marino Hernández trascienda su condición de espacio físico para convertirse en un centro permanente dedicado al estudio, la investigación, el análisis riguroso y la difusión del pensamiento y la obra de Frank Marino Hernández, tomando su legado intelectual como punto de partida para profundizar en la memoria histórica, política, social, artística, literaria y cultural de la República Dominicana durante el siglo XX.

Que desde ese espacio se impulse un programa permanente de conferencias, seminarios, coloquios, investigaciones, publicaciones y archivos documentales, dedicado no solo a preservar su obra, sino también a examinar críticamente las ideas, los acontecimientos y las personalidades que contribuyeron a configurar la República Dominicana contemporánea. Que el análisis de su pensamiento sirva como punto de partida para comprender, desde una perspectiva crítica, plural e interdisciplinaria, los grandes procesos políticos, sociales y culturales que definieron el país y continúan influyendo en nuestro presente.

Que el Auditorio Frank Marino Hernández sea un lugar de encuentro para historiadores, sociólogos, filósofos, juristas, economistas, antropólogos, científicos, artistas, escritores, educadores, gestores culturales, investigadores y estudiantes; un espacio donde el rigor académico, el pensamiento crítico y el diálogo respetuoso fortalezcan nuestra comprensión de la historia y enriquezcan la cultura democrática de la nación.

Que desde ese auditorio se estudien, con el mismo rigor y apertura, las vidas, las ideas y los aportes de nuestros grandes intelectuales, artistas, científicos, educadores, gestores culturales y servidores públicos; de mujeres y hombres que, desde distintos ámbitos del conocimiento y la creación, contribuyeron decisivamente a la construcción de la República Dominicana contemporánea. Conocer su legado constituye una condición indispensable para comprender quiénes somos como nación y hacia dónde queremos dirigir nuestro futuro.

La memoria histórica no puede reducirse a la evocación de los acontecimientos. Debe convertirse en objeto permanente de estudio, investigación y reflexión crítica. Solo así podremos ofrecer a las nuevas generaciones una comprensión más amplia de los desafíos, las conquistas y las lecciones que marcaron el devenir del siglo XX dominicano.

Porque una nación no solo se construye con infraestructura, crecimiento económico o instituciones sólidas. También se construye preservando su memoria, estudiando críticamente su pasado y reconociendo a las mujeres y los hombres que, desde el pensamiento, el arte, la ciencia, la educación y el servicio público, hicieron posible la República Dominicana que hoy habitamos.

Solo así el nombre de Frank Marino Hernández dejará de ser únicamente una inscripción en la fachada de un auditorio para convertirse en una presencia viva, capaz de inspirar nuevas generaciones de dominicanos. Ese sería, quizás, el homenaje más auténtico: transformar la memoria en conocimiento, el conocimiento en pensamiento crítico y el pensamiento crítico en una herramienta permanente para fortalecer la cultura, la democracia y la nación.

Más allá de las ideologías, la memoria histórica pertenece a todos los dominicanos. Preservarla, estudiarla y transmitirla con rigor constituye un deber ético con las generaciones presentes y futuras. Porque un pueblo que conoce su historia, comprende a sus protagonistas y aprende de sus aciertos y de sus errores está mejor preparado para defender su libertad, fortalecer sus instituciones y construir un porvenir más consciente, más justo y más humano.

Desiree Domínguez Fiallo

Desiree Domínguez Fiallo

Economista. Ingeniera. Artista Plástica. Gestora Cultural. Escritora

Desiree Domínguez Fiallo. Economista, Ingeniera Civil, INTEC. Artista Plástica, Gestora Cultural, Escritora. Publicaciones por varios años sobre Economía y Crítica de Arte. Revista Sobre El Caribe, dirigida por Rubén Silié, Conductora programa TV: Economía al Día y Foro Empresarial producción Víctor Grimaldi; Conductora programa de Radio: Con Los 5 Sentidos producción Socorro Castellanos. desireedominguez04@gmail.com

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