Este espacio es un puente entre la literatura y el público, donde se abre una ventana íntima hacia la vida, los pensamientos y la inspiración de quienes dedican su arte a la palabra y a la escritura. En esta ocasión, el segmento ha vuelto la mirada hacia los suyos: Los escritores dominicanos, quienes se encuentran entre el talento, el olvido y la esperanza.

La literatura dominicana no ha tenido la suerte de otros países. En no pocas ocasiones incluso, ha sido vilipendiada hasta por sus propios autores y críticos literarios; sin embargo, a pesar de eso desde los tiempos de Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch, Manuel del Cabral, Aida Cartagena Portalatín, Marcio Veloz Maggiolo, Fabio Fiallo, entre otros autores de valía internacional, ha sido uno de los pilares más  sólidos de nuestra identidad cultural, a pesar de que resulta paradójico que quienes construyen en cierta forma la identidad de una nación sean, con demasiada frecuencia, los menos visibles y respaldados.

Ser escritor en la República Dominicana continúa siendo, más que una profesión, un acto de vocación. Detrás de cada libro publicado hay, en algunos, años de estudios, sacrificios económicos y una lucha constante por encontrar espacios de difusión. La mayoría de nuestros autores, incluida esta redactora, financia sus propias publicaciones y, una vez impresas, enfrentan enormes dificultades para distribuirlas y ponerlas al alcance de los lectores.

Las expectativas de los escritores dominicanos son sencillas y, al mismo tiempo, profundamente justas. Aspiran a políticas culturales permanentes, alejadas de intereses coyunturales; desean que el libro dominicano ocupe un lugar prioritario en las bibliotecas públicas y escolares; reclaman programas de promoción de la lectura que formen nuevos lectores y mercados para la producción nacional. También esperan convocatorias transparentes para becas, premios, publicaciones y participación en ferias internacionales; objetivos que, entendemos, forman parte de las funciones del Ministerio de Cultura, y a los cuales no deben tener acceso solo los amigos o cercanos del ministro o ministra de turno y sus acólitos.

El Ministerio de Cultura tiene ante sí una gran oportunidad. Más que organizar eventos literarios, debe consolidar una verdadera política de Estado en favor de la creación. Sería deseable fortalecer la Editora Nacional, ampliar los programas de adquisición de libros de autores dominicanos para las bibliotecas públicas, establecer un fondo de apoyo a la publicación de primeras obras, crear residencias literarias, incentivar las traducciones y garantizar la presencia de nuestros escritores en escenarios internacionales. Asimismo, resulta imprescindible descentralizar la actividad cultural para que las provincias reciban el mismo respaldo que la capital, permitiendo que el talento florezca en todos los rincones del país.

La República Dominicana posee hoy una generación de escritores de extraordinaria calidad y reconocimiento. Figuras como José Mármol, recientemente designado autor homenajeado de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026; Soledad Álvarez, Andrés L. Mateo, Plinio Chahín, Bruno Rosario Candelier, Fredy Breton, Avelino Stanley, Ángela Hernández, Gustavo Olivo, Mateo Morrison, Tony Raful, Rita Indiana y Junot Díaz, entre otros, representan distintas corrientes estéticas que enriquecen el panorama literario nacional.

Junto a ellos emerge una nueva generación de poetas, narradores y ensayistas que continúa ampliando el horizonte de nuestras letras, y esto lo digo con conocimiento de causa, pues en nuestra provincia, Santiago Rodríguez,  se nota cada vez más el florecimiento de la literatura con autores como Papo Fernández, Diógenes Díaz Torres, Fello Estévez, Orlando Reyes, Nereida Torres, Francisco Estévez, Pedro Espinal, Yadira Rivas, Víctor Manuel Peralta, Víctor Peralta, Víctor Gómez, Luis Gómez, Romery Díaz, Hanna Bueno, Esteban A. Torres Marte, Willian Yamil Estévez Peralta, todos con libros publicados, entre otros,  incluyendo la autora de este artículo; pero así podemos hacer un recorrido por las diferentes provincias y los diferentes festivales de poesía y narrativa que se celebran en nuestro país y encontraremos autores como Basilio Belliard, Ramon Saba, Aquiles Julián, Olga Lara, Minerva del Risco, Taty Hernández  Ramón Antonio Jiménez, Juan Colón, Juan Inirio, Omar Messón, Valentín Amaro, Vladimir Tatis Pérez, César Sánchez Beras, Máxima Hernández, Pedro Antonio Valdez, Ramon Núñez Duval, Noe Zaya, Moraima Veras, Luesmil Castor, Miguel Contreras, Bileysi Reyes, Daniela Cruz Gil, Elena Ramos, Rosa Santos, José Martin Paulino, Ángel Concepción, Randolfo Ariosto, Víctor Andrés de Oleo, Eduardo Gautreau, Elsa Báez de Amorós, Josanny Moní,  Silvana Almonte, Ibeth Guzmán, Elidenia Velázquez, Sally Rodríguez, Génesis Ramos, Jerson Adrián Cordero, Noel Rodríguez, Rosalina de la Cruz, Mikenia Vargas, Bergson Rosario, Aristóteles Borronel Ponserrate, Alfonso Torres, Luis R. Santos, Leibi Ng., Ninoska Velásquez, Manuel Llibre, Luis Carvajal, Jimmy Barranco, Tomás Castro Burdiez, Juan Nicolas Tineo, Juan Matos, Joel Julio García, solo por citar unos cuantos, son muchos más  los que podrían engrosar esta lista.

Por lo que entendemos que sería un error medir el valor de nuestra literatura únicamente por los nombres más conocidos. En todo el territorio nacional existen escritores de gran calidad cuya obra permanece prácticamente desconocida por falta de promoción. Muchos de ellos enriquecen la vida cultural de sus comunidades, organizan talleres, publican con recursos propios y mantienen viva la tradición literaria sin recibir el reconocimiento que merecen.

Invertir en los escritores no constituye un gasto, sino una inversión en la conciencia del país. Los pueblos que leen desarrollan ciudadanos más críticos, más sensibles y libres. Cada libro publicado preserva una parte de nuestra memoria colectiva y fortalece la identidad nacional frente a los desafíos de la globalización.

La cultura no puede limitarse a la celebración ocasional de una feria del libro ni al otorgamiento anual de algunos premios literarios, por valiosos que estos sean.

A ustedes, queridos lectores, les deseamos un lindo fin de semana. Hasta una próxima entrega, donde seguiremos escuchando los ecos que el arte deja en nuestra sensibilidad y nuestra memoria. 

Sandra Margarita Fernández Martínez

Sandra Margarita Fernández Martínez. Licenciada en derecho, egresada de la Universidad O&M, con una maestría en Derecho Inmobiliario de la universidad Abierta Para Adultos. Juez del Tribunal de J.O. de la provincia Santiago Rodríguez. Autora de los libros: Destilando letras y Amalgama poética (poemarios); Ensayo Sobre Prácticas del Proceso de Saneamiento y la novela Amor en tierra ajena. Es autora del segmento de entrevistas Ecos de Personajes Poéticos publicación de periódico digital SabanetaSR. https://www.sabanetasr.com/ecos-de-personajes-poeticos/ Ha sido distinguida con el premio Estrella del sur de Uruguay, Premio al Mérito Arte y Cultura 3ra. Versión año 2023. El Recital Voces en Vuelo Sobre Melopea del Riachuelo, la reconoció por sus invaluables aportes al quehacer literario e intelectual de la provincia Santiago Rodríguez. Fue reconocida por el Ministerio de la Mujer y la gobernación de su provincia, por sus aportes y su gran labor a favor del género, en el año 2022. Galardonada con el Premio Cuna de la Restauración 2018, Premio al arte y la comunicación de su provincia, por ser poeta de proyección internacional. En el 2025 le otorgaron el Premio Convivio Literario del Noroeste (COLINO) como un reconocimiento a su labor creativa y promocionar de la literatura y la poesía del noroeste. En 2026 acaba de recibir Mención Sobresaliente en el Concurso Anual de Décimas Espinelas. sanfer2301@hotmail.com

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