La función especial de Andrea: la venganza de un espíritu, de Roger y Frankeli Bencosme, dentro de los Lunes Retro que organiza la empresa Caribbean Cinemas, terminó siendo mucho más que una proyección nostálgica pues fue el escenario donde el público llenó las siete tandas ofrecidas, con jóvenes y adultos mezclados en un mismo espacio, unos por curiosidad y otros por la nostalgia.

Esto confirma algo que ya se podía intuir y es que Andrea dejó hace tiempo de ser solo la película fundacional del terror dominicano para convertirse en referencia generacional compartida, del tipo que un adolescente conoce por herencia cultural, aunque no hubiera nacido cuando se estrenó en 2005.

El fenómeno tiene, además, un contexto que lo explica. Los Lunes Retro es un experimento cinéfilo que conecta varias generaciones dispuestas a disfrutar en un espacio colectivo la misma experiencia de visionado que ofrece una sala de cine. Para junio de 2025 esta actividad ya había proyectado 20 clásicos con 6,000 espectadores acumulados.

Un historial construido casi por completo sobre títulos importados, no obstante, cuando los títulos ofrecidos corresponden a las producciones fílmicas locales, la experiencia se transforma en una dinámica más cercana, más próxima a las expectativas que ese público tiene de sus películas dominicanas favoritas.

Pero en esta presentación también se produjo otro acontecimiento y fue el anuncio de El Taxista y Babú un derivado de la propia historia protagonizada por Johanny Sosa y Ubaldo Sandoval en sus papeles originales, ahora bajo la dirección de Ronny A. Sosa, la cual no revive a Andrea como personaje central sino a sus dos secundarios con más carga de culto, y elige mezclar comedia con terror en lugar de repetir la fórmula original.

Es una apuesta calculada, como coinciden varios analistas, pues se usó una sala llena hasta el tope, con el público exacto que tiene vínculo emocional con el material, para lanzar lo más parecido a un universo expandido que ha tenido el género en el país. Si funciona, sería la primera vez que el terror dominicano construye continuidad sobre sí mismo en lugar de empezar de cero con cada título.

Una ruta dispersa

Pero Andrea no está tan sola dentro de los relatos dominicanos de terror como sugiere la historia oficial porque puede parecer un género disperso, sin cohesión, pues los diversos intentos solo han establecido las intenciones de construir un espanto con elementos idiosincrásicos de la cultura popular dominicana, pero no como un corpus definido de identidad cinematográfica local.

En dos décadas, el cine de terror dominicano ha producido unas cuantas películas que la crítica local se atreve a ponerla en una misma fila.

Es una cifra pequeña para un país que tiene a la mano uno de los folclores más ricos del Caribe como son las leyendas de las ciguapas, galipotes, bacás, espiritismo campesino y pactos malignos.

Un insumo popular bastante rico, pero le ha faltado disposición para filmarlo con una intención propia y no como excusa para el susto en la sala.

Lo más cercano a un antecedente puede encontrarse en esos primeros escarceos como Regresos del más allá (Danilo Arroyo y Julio Fortuna, 2004) y Detrás de la muerte (Leticia Melo, 2005), una génesis precaria, aunque dotada de intencionalidades muy particulares.

Producciones que forman parte de esta genealogía

  • Las cenizas del mal, de Javier Vargas (2008).
  • Enigma, de Robert Cornelio (2008).
  • La reliquia, de Bocaccio Guzmán (2008).
  • El Mito Ciguapa, de Bocaccio Guzmán (2009).
  • El desvío/Pacto incumplido, de Juan Ramón Martínez (2010).
  • La casa del kilómetro 5, de Omar Javier (2012).
  • El hoyo del diablo, de Francis Disla (2012).
  • Cuentos de camino, de Javier Vargas (2018).

Todas de directores distintos que empezaron a tender un puente hasta La bruja (Ronny Sosa, 2021) y Jupía (José Gómez de Vargas, 2022), y de ahí hasta Baño de mujeres (Frank Perozo, 2025), la cual combina el susto con una denuncia social concreta, algo que el género dominicano nunca había tocado de frente.

No obstante, Andrea supuso el arranque para el género en la cinematografía dominicana y el resultado, con sus limitaciones visuales evidentes, se convirtiera en el único punto de referencia del género durante una década y cuya película produjo un éxito de taquilla antes de que existiera la Ley de Cine.

Estrenada el 18 de agosto de 2005, fue concebida por dos hermanos que reunieron a un grupo de autores jóvenes junto a técnicos con experiencia en efectos especiales para contar la historia de esa niña poseída por un espíritu.

Rodada originalmente en formato digital y luego transferida a 35mm para su exhibición al público, fue exhibida en 15 salas teniendo una permanencia de 13 semanas en cartelera.

La misma parte de esas leyendas rurales, prendidas en los campos que toma la historia real de una muchacha residente en Moca que sobrevivió a una posesión sobrenatural que, cuando era una niña, tomó una cruz de una tumba para colocarla en la de su fallecida madre y a partir de ese momento fue molestada por un espíritu.

Para este filme se tomaron varias de estas consideraciones reales para focalizarla en Andrea, esa joven de la ficción que pasa por situaciones similares a las que vivió la persona en la vida real.

Un artículo redactado por la productora, guionista y crítica profesional Inés de los Santos para ADOPRESCI la sigue llamando “el gran único ejemplo de cine de terror dominicano”, pese a sus efectos visuales limitados

Lo que viene después

Lo que viene podría cambiar la conversación por completo.

Francis Disla, el mismo director de El hoyo del diablo, lleva varios años preparándose para Xiguapa, con un nivel de producción exigente que hasta se han dedicado a construir una cueva taína desde cero en los estudios de Aldea. La historia mezcla narcotráfico, militares y una criatura ancestral que despierta cuando profanan su tumba en Los Haitises.

Es, quizás, el proyecto de terror más ambicioso que ha producido el país, y su sola existencia sugiere que la Ley de Cine permite presupuestos que antes eran impensables para el género.

Por otro lado, un segundo proyecto viene gestándose desde 2020 y se trata de What Lurks in the Shadows, de José Gómez de Vargas, sobre un joven que hereda una fortuna; su hermano liquida a su prometida, luego es resucitada por un hechizo lo que la obliga a buscar venganza mientras ambos enfrentan un monstruoso destino familiar sobrenatural.

El filme promete una mirada más expandida para desarrollar el género por un camino menos circunstancial.

En términos generales, las próximas producciones seguirán explorando los temas que permita el propio género, teniendo a Andrea como la piedra que sostiene todo lo demás que, después de veinte años, no es solo la película que abrió el camino, es la única capaz de llenar siete tandas en una sala de estreno retro y arrancar aplausos de gente que ni había nacido cuando se filmó y, además, tener la oportunidad de verla nuevamente en una reprogramación por una semana completa en pantalla grande.

El terror dominicano parece estar dejando de reinventarse desde cero con cada estreno. Lo que todavía falta es que la crítica y la academia le sigan el paso a ese impulso comercial pues el género está empezando a construir memoria propia en la pantalla.

Félix Manuel Lora

Profesor de cine

Periodista, crítico de cine, catedrático e investigador. https://cinemadominicano.com/author/fmlora/

Ver más