América Latina está teniendo menos hijos, y eso va a cambiar la escuela para siempre. Un estudio publicado en marzo de 2026 por investigadores de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Oficina Regional de la UNESCO advierte que la acelerada caída de la natalidad en la región reducirá drásticamente la demanda educativa en las próximas décadas, con consecuencias profundas para la matrícula escolar, la infraestructura, el cuerpo docente y el financiamiento del sector.
El trabajo, firmado por Simone Cecchini, Mariana Huepe, Martín Guillermo Scasso y Alejandro Vera, y publicado en la revista Notas de Población de CEPAL, combina proyecciones demográficas con modelos de simulación para estimar qué pasará con los sistemas educativos de la región si las tendencias actuales se mantienen. Las conclusiones son tan reveladoras como urgentes.
Una región que nace menos
Desde mediados de los años noventa, América Latina viene registrando una caída sostenida en el número de nacimientos. Pero en la última década, esa tendencia se aceleró a una velocidad sin precedentes. Entre 2018 y 2023, Argentina lideró la caída con una reducción del 26,4% en el total de nacidos vivos, seguida por Costa Rica (-23%) y Chile (-20,3%).
La tasa global de fecundidad (TGF) de la región pasó de 5,8 hijos por mujer en 1950 a 1,8 en la actualidad, por debajo del nivel de reemplazo de 2,1. Según las proyecciones de Naciones Unidas, para 2050 todos los países de América Latina tendrán una TGF inferior al nivel de reemplazo, y el número total de nacimientos en la región caerá a 7,6 millones anuales, 1,6 millones menos que en 2023.
Las causas son múltiples: urbanización, mayor nivel educativo y participación laboral de las mujeres, dificultades de acceso a la vivienda, presiones económicas asociadas a la crianza y factores culturales. A esto se suma una marcada caída de la fecundidad adolescente.
38 millones de estudiantes menos para 2050
El impacto de esta transformación demográfica sobre los sistemas educativos será progresivo pero contundente. Según el estudio, entre 2020 y 2050 la región perderá 38,3 millones de personas en edad escolar. La caída no será simultánea en todos los niveles: los niveles iniciales, primera infancia y preprimaria, ya están sintiendo el impacto, mientras que la secundaria lo hará con más fuerza recién entre 2030 y 2040.
Los casos de Argentina, Costa Rica y Uruguay, tres países con caídas pronunciadas de la natalidad y datos educativos suficientes para modelar, ilustran la magnitud del fenómeno. Si se mantienen los niveles actuales de cobertura, para 2030 habrá cerca de un 20% menos de estudiantes en las escuelas de esos países. Para 2050, la reducción del sistema educativo en su conjunto se estima entre el 32% en Argentina y el 40% en Uruguay.
Lo más llamativo es que incluso en un escenario de cobertura universal, es decir, si todos los niños y adolescentes en edad escolar efectivamente asistieran a la escuela, la matrícula igualmente caería: entre un 7% y un 19% para 2030, y entre un 24% y un 39% para 2050, dependiendo del país.
¿Y en la República Dominicana?
En el caso de la República Dominicana, el estudio de CEPAL/CELADE ubica al país en una etapa de envejecimiento moderadamente avanzada, con una caída sostenida de la fecundidad en las últimas décadas. La tasa global de fecundidad pasó de 2.85 hijos por mujer en el año 2000 a 1.98 en 2023, y se proyecta que descienda a 1.74 en 2050.
Esta tendencia se refleja también en el número de nacimientos. El documento estima que el país pasará de 203,183 nacimientos en 2023 a 165,941 en 2050, lo que representa una reducción de 37,242 nacimientos, equivalente a una caída de 18.3 %.
A nivel educativo, las proyecciones muestran que la población en edad escolar experimentará un descenso progresivo en todos los niveles, desde la primera infancia hasta la secundaria. Aunque en los primeros años puede observarse un leve aumento por inercia demográfica, la tendencia general es de reducción sostenida hacia 2050, en línea con el comportamiento regional descrito por el estudio.
Una oportunidad que no se aprovechará sola
El estudio plantea que la reducción de la matrícula podría liberar recursos que hoy se destinan a infraestructura, personal docente y gestión escolar, y que esos recursos podrían redirigirse hacia la mejora de la calidad, la equidad y la inclusión educativa. Sin embargo, los autores son claros: esa oportunidad no se aprovechará de manera automática.
El análisis financiero muestra que, incluso si los países reasignan eficientemente los recursos liberados por la caída demográfica, eso no será suficiente para alcanzar niveles de gasto por estudiante comparables a los de los países de la OCDE, ni para universalizar la cobertura en los niveles donde aún hay rezagos, especialmente preprimaria y secundaria. Para eso, será necesario también expandir el gasto público en educación.
En términos concretos: la inversión educativa en la región fue en 2022 de apenas 2,478 dólares por persona en edad escolar, lo que representa el 37,7% de lo que invierten Europa y Asia Central. La brecha es enorme, y el cambio demográfico por sí solo no la cierra.
Los desafíos que el estudio apenas esboza
El documento tiene dos fortalezas indudables. Por un lado, aborda con rigor un tema directamente relevante para las políticas públicas: cómo planificar los sistemas educativos ante una transformación demográfica estructural. Por otro, demuestra con datos que algunos sistemas podrían reducirse sustancialmente incluso si se lograra la cobertura universal, lo que obliga a repensar la lógica de expansión que ha dominado la planificación educativa en la región durante décadas.
Sin embargo, el estudio deja sin desarrollar dos dimensiones críticas.
La primera es la dimensión política e institucional de la reasignación de recursos. Cerrar o fusionar escuelas, redistribuir docentes, renegociar condiciones laborales con sindicatos y gremios, y gestionar la resistencia de comunidades que ven en su escuela un símbolo de identidad local: todo eso implica conflictos reales que los modelos de simulación no capturan. La historia de la región muestra que las reformas educativas que tocan la estructura del sistema enfrentan resistencias formidables, y que la racionalidad técnica rara vez alcanza para superarlas.
La segunda es la desigualdad subnacional. La demanda educativa no caerá de manera uniforme dentro de los países. Las comunidades rurales, indígenas, migrantes y de bajos ingresos tendrán trayectorias muy distintas a las de los centros urbanos. En algunos territorios, la caída de la matrícula puede derivar en el cierre de la única escuela disponible, con efectos devastadores sobre el acceso. En otros, la llegada de población migrante puede sostener o incluso aumentar la demanda. El estudio reconoce esta heterogeneidad, pero no la analiza con la profundidad que merece.
Una agenda de investigación que recién empieza
El trabajo de Cecchini, Huepe, Scasso y Vera abre una agenda de investigación que la región necesita con urgencia. La planificación educativa en América Latina ha operado históricamente bajo el supuesto del crecimiento: más niños, más aulas, más maestros, más presupuesto. El cambio demográfico en curso obliga a pensar en clave distinta: cómo hacer más con menos, cómo redistribuir sin excluir, cómo transformar la contracción en oportunidad.
Para eso, los autores señalan cuatro prioridades: gestionar la caída de la demanda escolar con criterios geográficos y anticipación; planificar la formación docente en función de las necesidades futuras de cada nivel; fortalecer la sostenibilidad financiera del sector y mejorar los sistemas de información para el seguimiento de la dinámica demográfica a nivel nacional y subnacional.
La caída de la natalidad no es una crisis pasajera. Es una transformación estructural que ya está en marcha. La pregunta no es si los sistemas educativos de América Latina van a cambiar, sino si los Estados van a estar a la altura de ese cambio.
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