El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales ordenó la realización de levantamientos técnicos en el río Masacre para cuantificar el daño provocado por la extracción ilegal de arena que se desarrolla a gran escala desde el lado haitiano del afluente.

La medida fue anunciada por el ministro Armando Paíno Henríquez durante un recorrido por la zona fronteriza de Dajabón, donde también encabezó una jornada de reforestación en las inmediaciones del muro perimetral.

Levantamiento técnico y ruta diplomática

El titular de Medio Ambiente confirmó que equipos especializados en suelos y aguas del ministerio iniciarán trabajos de campo para determinar el impacto real de la extracción sobre el comportamiento hidrológico del río.

Los resultados alimentarán un informe formal que será remitido al canciller Roberto Álvarez, con el propósito de activar los mecanismos diplomáticos disponibles en el marco del derecho internacional.

"Aunque las acciones ocurren fuera de nuestra jurisdicción, las consecuencias las sufrimos nosotros", señaló Paíno Henríquez, al advertir que la alteración del cauce pone en riesgo a poblaciones dominicanas asentadas en la ribera, entre ellas Dajabón y otras comunidades del noroeste.

El funcionario indicó que ya sostuvo conversaciones preliminares con el canciller Álvarez y que el Gobierno dominicano buscará establecer contactos con las autoridades haitianas para procurar mecanismos de cooperación ambiental transfronteriza.

Una práctica histórica que ahora escala en magnitud

Del cubo al camión: la industrialización del saqueo

La extracción de arena en el río Masacre no es un fenómeno nuevo. Durante años, residentes de la zona han reportado la presencia de grupos que recogen arena de manera artesanal mediante cubetas, la acumulan en la ribera y la cargan en camiones con destino a localidades del norte de Haití.

La actividad se concentra especialmente en el sector conocido como La Sal, en las cercanías de Dajabón, donde el río marca la división territorial entre ambos países.

Lo que preocupa ahora a las autoridades dominicanas es la escala. Según Paíno Henríquez, la extracción ya no responde a una dinámica artesanal o de subsistencia, sino que se realiza a gran escala, con implicaciones directas sobre la morfología del cauce y la estabilidad de las márgenes del río en territorio dominicano.

Riesgos ambientales documentados

Especialistas en hidrología han advertido en distintos contextos que la extracción indiscriminada de materiales de los cauces fluviales puede desencadenar erosión regresiva, alteraciones en el nivel freático y mayor exposición a inundaciones en zonas ribereñas.

Estos efectos no respetan fronteras: una intervención agresiva en un punto del cauce puede trasladar sus consecuencias varios kilómetros aguas arriba o aguas abajo.

El río Masacre: recurso estratégico bajo presión

El río Masacre nace en las montañas de Loma de Cabrera, en el paraje conocido como Pico del Gallo, y constituye una de las principales fuentes hídricas del noroeste dominicano.

Su valor no es solo ecológico: el afluente articula la dinámica social, económica y ambiental de toda la franja fronteriza, y su nombre evoca episodios históricos que marcan la memoria colectiva de ambas naciones.

La situación se produce en un momento de especial sensibilidad en las relaciones domínico-haitianas en materia de recursos hídricos compartidos.

En los últimos años, el uso de las aguas del Masacre ha sido objeto de controversias diplomáticas, incluyendo el cierre temporal del canal haitiano que derivaba agua del afluente, una decisión que en su momento generó tensiones bilaterales y movilizó a las autoridades dominicanas.

La Verja Perimetral Inteligente, cuya construcción ha avanzado en los últimos años, ha contribuido —según el propio Paíno Henríquez— a la recuperación de la cobertura forestal en la zona fronteriza.

Sin embargo, el control territorial que ofrece la infraestructura no alcanza a regular lo que ocurre del otro lado de la línea limítrofe.

Lo que sigue: diplomacia ambiental sin garantías

El anuncio del levantamiento técnico es un primer paso, pero su efectividad dependerá de la capacidad del Estado dominicano para traducir los datos científicos en presión diplomática concreta.

Haití atraviesa una crisis institucional profunda que limita la interlocución con sus autoridades ambientales, lo que convierte cualquier mecanismo de cooperación bilateral en un ejercicio de alta complejidad.

Por ahora, las comunidades de Dajabón y la región noroeste esperan respuestas. El río que les da agua, delimita su territorio y define parte de su identidad está siendo vaciado, cubo a cubo y camión a camión, desde el otro lado de la orilla.

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