Cada 6 de junio se conmemora el Día Mundial del Paciente Trasplantado, una fecha dedicada a visibilizar la realidad de las personas que han recibido un trasplante y a colocar en la conversación pública los procesos médicos, familiares, institucionales y sociales que acompañan esta etapa. Más que una efeméride sanitaria, la fecha permite mirar el trasplante como una segunda oportunidad de vida, pero también como un indicador de la capacidad de los sistemas de salud para organizar redes de donación, atención especializada, seguimiento clínico y acompañamiento a los pacientes.
En República Dominicana, el tema adquiere relevancia en un momento en que el país muestra avances institucionales, pero conserva desafíos importantes. El portal del Instituto Nacional de Coordinación de Trasplantes (INCORT) reporta 5,794 trasplantes realizados en República Dominicana desde 1972 hasta 2025, una cifra que resume más de cinco décadas de actividad trasplantológica en el país. Sin embargo, detrás de ese acumulado también hay una realidad sensible: cientos de pacientes continúan en espera de un órgano o tejido compatible, mientras el sistema procura fortalecer la cultura de donación y la capacidad de respuesta hospitalaria.
La fecha no solo habla de quienes lograron recibir un trasplante. También remite a los pacientes que permanecen en lista de espera, a las familias que enfrentan procesos prolongados de enfermedad, a los equipos médicos que sostienen programas de alta complejidad y a las instituciones responsables de garantizar que la donación y el trasplante se realicen con criterios de equidad, transparencia, seguridad y ética.
Una conmemoración centrada en los pacientes
El Día Mundial del Paciente Trasplantado se observa cada 6 de junio en distintos países con el objetivo de crear conciencia sobre la situación de las personas que necesitan o han recibido un trasplante. En República Dominicana, el propio Centro Cardio-Neuro Oftalmológico y Trasplante (CECANOT) ha señalado que esta fecha busca fomentar una cultura de donación de órganos y ofrecer una oportunidad de vida a pacientes en espera, muchos de ellos crónicos o terminales.
Aunque la conversación pública suele centrarse en la donación, el paciente trasplantado enfrenta un proceso que no termina con la cirugía. Después del procedimiento llegan etapas igualmente importantes: controles médicos permanentes, uso de medicamentos inmunosupresores, prevención de infecciones, vigilancia del rechazo del órgano, ajustes en el estilo de vida y acompañamiento emocional para adaptarse a una nueva condición de salud.
Por eso, la fecha también permite hablar de calidad de vida, seguimiento clínico y acceso oportuno a tratamientos. Un trasplante puede devolver estabilidad a una persona que vivía limitada por una enfermedad avanzada, pero requiere un sistema capaz de sostener al paciente antes, durante y después del procedimiento.
El trasplante como tratamiento de alta complejidad
A escala mundial, los trasplantes de órganos, tejidos y células representan uno de los mayores avances de la medicina moderna. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que el trasplante de órganos, tejidos y células se ha convertido en una práctica mundial capaz de prolongar la vida y mejorar su calidad, aunque advierte que la disponibilidad de órganos, tejidos y células sigue estando muy por debajo de la demanda.
Los datos más recientes del Registro Mundial de Trasplantes, gestionado por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) de España como centro colaborador de la OMS, indican que en 2024 se realizaron 173,286 trasplantes de órganos en los 91 países que habían facilitado sus datos al registro hasta agosto de 2025, lo que representó un aumento de 2 % respecto al año anterior. De ese total, 110,021 fueron trasplantes de riñón, 42,494 de hígado, 10,286 de corazón, 8,236 de pulmón, 2,075 de páncreas y 174 de intestino.
Ese crecimiento global muestra el avance de la ciencia, la coordinación hospitalaria y los sistemas nacionales de donación. Pero también confirma la brecha entre la necesidad real y la disponibilidad de órganos, especialmente en países donde la cultura de donación, la detección de potenciales donantes y la infraestructura hospitalaria todavía enfrentan limitaciones.
República Dominicana y la Ley 329-98
En República Dominicana, la organización del sistema de donación y trasplantes descansa sobre la Ley 329-98 de Donación y Legado de Órganos y Tejidos para Trasplante, que creó el Consejo Nacional de Trasplantes (CNT) y el Instituto Nacional de Coordinación de Trasplantes (INCORT). De acuerdo con el propio INCORT, el organismo es el órgano de dirección técnica descentralizado del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, encargado de coordinar las comisiones técnicas, la red de coordinadores de trasplantes y la puesta en marcha de las políticas diseñadas por el CNT.
La misión institucional del INCORT es coordinar y facilitar las actividades relacionadas con la donación y el trasplante de órganos, tejidos y células, además de fomentar una cultura de donación en el país conforme a las normas establecidas. Su visión apunta a facilitar, con equidad y calidad, el acceso al trasplante para todos los pacientes que lo requieran a nivel nacional.
Esa estructura legal e institucional es clave porque el trasplante no depende únicamente de la voluntad médica. Requiere protocolos, regulación, listas de espera, criterios de asignación, coordinación entre hospitales, disponibilidad de equipos especializados, laboratorios, transporte, seguimiento clínico y confianza social. Sin esa arquitectura, la donación puede quedar reducida a casos aislados y no convertirse en una política pública sostenida.
Lista de espera y datos nacionales
Uno de los retos más sensibles del país está en la lista de espera. En agosto de 2025, el director del INCORT, José Juan Castillos Almonte, informó que cerca de 500 pacientes se encontraban a la espera de recibir el trasplante de un órgano en República Dominicana. En ese mismo reporte se indicó que durante el primer semestre de 2025 se habían realizado 37 trasplantes renales, de los cuales 12 fueron de donantes fallecidos y 25 de donantes vivos, además de un trasplante hepático, 148 trasplantes de córneas y nueve trasplantes de médula ósea.
El mismo informe periodístico señala que, en sus 27 años de labor, el INCORT ha gestionado más de 1,600 trasplantes de órganos y más de 3,400 trasplantes de tejidos, siendo los de córnea y riñón los más frecuentes. También recoge que unas 5,000 personas se someten regularmente a procesos de diálisis, un dato que ayuda a dimensionar la importancia del trasplante renal dentro del sistema de salud dominicano.
Estos números muestran avances, pero también revelan una tensión permanente: el país realiza trasplantes, cuenta con una entidad rectora y ha desarrollado capacidades especializadas, pero la demanda sigue siendo alta frente a la disponibilidad de órganos. En ese punto, el Día Mundial del Paciente Trasplantado funciona como una fecha de balance, porque permite observar tanto los logros como las brechas pendientes.
Hospitales públicos y generación de donantes
El fortalecimiento del sistema también depende de la capacidad de los hospitales para identificar potenciales donantes y activar los protocolos correspondientes. En 2025, una publicación de En Salud Digital destacó que 14 hospitales de la Red Pública han sido protagonistas en el fortalecimiento del sistema nacional de donación y trasplante, generando el 63 % de los donantes en 2024 como parte del programa coordinado por el INCORT.
La misma información señala que esos centros forman parte de 35 hospitales generadores de donantes a nivel nacional y que la mayor concentración se registra en la región Metropolitana, con 74 % del total, seguida por la región Cibao Norte. También identifica al Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias Lora como el principal generador histórico de donantes de órganos, con 73 donantes, de los cuales el 57 % fueron captados en los últimos cinco años.
En el componente de trasplante, el Centro Cardio-Neuro Oftalmológico y Trasplantes (CECANOT) figura como el único centro público trasplantador del país, con programas activos de trasplante de órganos con donantes vivos y fallecidos. De acuerdo con En Salud Digital, el centro ha realizado 93 trasplantes, mantiene una lista de espera de 65 pacientes y gestiona un programa de trasplante de córneas que ha beneficiado a cientos de personas.
CECANOT, entre avances y tensiones operativas
El CECANOT ocupa un lugar central en el sistema público de trasplantes, pero durante 2025 también fue escenario de tensiones operativas reportadas por medios especializados. En junio de ese año, Salud News informó sobre una protesta de pacientes y personal por falta de turnos, equipos obsoletos y retrasos en incentivos médicos, una situación que incluyó reclamos de oftalmólogos y denuncias sobre dificultades acumuladas en el servicio.
Meses después, la Secretaría de Salud del partido Fuerza del Pueblo denunció un supuesto estado de “colapso” del centro por mala gestión y crisis financiera, según publicó Portada Dominicana. Esa afirmación debe leerse como una denuncia política atribuida a una organización opositora, no como una conclusión institucional independiente, pero sí refleja que el funcionamiento del centro se ha mantenido dentro del debate público sobre la capacidad del sistema de salud para sostener servicios especializados de alta complejidad.
Como parte de los esfuerzos de fortalecimiento, en enero de 2026 el CECANOT y los Clubes de Leones anunciaron la reactivación del Banco de Córneas de la República Dominicana, con la donación de equipos especializados para el manejo y conservación de tejidos corneales. Durante el acto, el doctor José Joaquín Puello, presidente de la Ciudad Sanitaria Dr. Luis Eduardo Aybar, afirmó que la reactivación representa un avance para el sistema nacional y fortalece la capacidad del Estado para ofrecer servicios de trasplante con calidad y seguridad.
El desafío de la conciencia ciudadana
La pregunta sobre si en República Dominicana existe suficiente conciencia sobre la donación de órganos no tiene una respuesta simple. Por un lado, el país cuenta con una estructura institucional, programas hospitalarios, avances en trasplantes y campañas públicas; por otro, las negativas familiares, el desconocimiento, los temores culturales, la falta de conversación previa y la desconfianza pueden limitar la posibilidad de convertir potenciales donantes en donaciones efectivas.
En los primeros meses de 2026, el sistema dio pasos concretos en esa dirección. En marzo, el INCORT lanzó una campaña informativa para promover el registro de donantes de órganos y tejidos en la cédula de identidad, desarrollada junto al Ministerio de Salud Pública y el Consejo Nacional de Trasplante (CNT). La iniciativa permite que los ciudadanos acudan al INCORT antes de su proceso de cedulación para obtener el carnet de donante y dejar constancia oficial de su decisión en el documento de identidad.
También en marzo, el INCORT y Radio Televisión Dominicana (RTVD) estrenaron Vida después de la vida, una serie televisiva que visibiliza historias reales de pacientes en espera de un trasplante de órganos y tejidos en el país. La producción consta de seis episodios grabados en centros hospitalarios de referencia y fue concebida como una herramienta de información pública sobre donación y trasplantes.
En abril de 2026, el INCORT, junto al Ministerio de Salud, el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), el Círculo de Periodistas de la Salud (CIPESA) y la OPS/OMS, realizó el simposio nacional “Comunicar para Donar Vida”, un encuentro orientado a fortalecer la comunicación responsable sobre donación de órganos y promover una estrategia multisectorial basada en la ética, la confianza y la información.
Pacientes trasplantados: entre esperanza y seguimiento permanente
Para quienes reciben un trasplante, la cirugía representa un punto de inflexión, pero no necesariamente el final del proceso. La vida después del trasplante implica un seguimiento médico continuo y una disciplina estricta para preservar el órgano o tejido recibido. El paciente debe cumplir controles, tomar medicamentos, mantener hábitos saludables y estar atento a signos de complicación.
Ese aspecto suele quedar fuera del debate público. Se habla mucho del trasplante como “segunda oportunidad”, pero menos de los desafíos cotidianos que enfrenta una persona trasplantada: acceso a medicamentos, consultas especializadas, estabilidad emocional, reinserción laboral o educativa, acompañamiento familiar y prevención de riesgos.
El Día Mundial del Paciente Trasplantado permite colocar esa realidad en primer plano. El paciente no solo es receptor de una intervención médica, sino una persona que debe reorganizar su vida alrededor de una nueva condición de salud. Por eso, la fecha también debe servir para hablar de derechos, continuidad de atención y calidad de vida.
Un tema de salud pública, no solo de solidaridad
La donación y el trasplante suelen abordarse desde la solidaridad, pero también deben entenderse como un asunto de salud pública. Un sistema de trasplantes eficiente puede reducir años de enfermedad, mejorar la calidad de vida de pacientes crónicos, disminuir complicaciones asociadas a tratamientos prolongados y optimizar recursos sanitarios cuando se organiza con criterios técnicos y transparentes.
En el caso del trasplante renal, por ejemplo, la existencia de miles de pacientes en diálisis muestra la presión que las enfermedades renales ejercen sobre el sistema sanitario. Aunque no todos los pacientes en diálisis califican para un trasplante, la disponibilidad de órganos puede cambiar de manera significativa el pronóstico de quienes sí son candidatos.
La discusión, por tanto, no debe limitarse a si la ciudadanía dona o no dona. También debe incluir la capacidad del Estado para informar, regular, coordinar, garantizar acceso equitativo, fortalecer hospitales, formar personal especializado y acompañar a las familias en momentos críticos.
La agenda pendiente en República Dominicana
República Dominicana ha avanzado en la construcción de un sistema nacional de donación y trasplantes, pero la agenda pendiente sigue siendo amplia. Entre los principales retos figuran ampliar la educación ciudadana, fortalecer la detección de potenciales donantes, reducir las negativas familiares, mejorar la disponibilidad de datos públicos, ampliar la capacidad hospitalaria, garantizar seguimiento a pacientes trasplantados y asegurar que la lista de espera funcione con criterios claros, transparentes y confiables.
También resulta clave que la conversación sobre donación no aparezca solo en fechas conmemorativas. La cultura de donación se construye con información continua, campañas educativas, participación de comunidades, formación del personal de salud y confianza en las instituciones. Cuando una familia enfrenta una decisión de donación en medio del dolor, la información previa puede marcar una diferencia importante.
El Día Mundial del Paciente Trasplantado, por tanto, no debe verse únicamente como una efeméride sanitaria. Es una oportunidad para mirar el sistema completo: los pacientes que esperan, los que ya fueron trasplantados, las familias donantes, los equipos médicos, las instituciones reguladoras y las barreras culturales que todavía dificultan una mayor disponibilidad de órganos y tejidos.
Una fecha para medir conciencia y confianza
La conmemoración de este 6 de junio llega en un momento en que el país cuenta con más experiencia, más institucionalidad y más datos sobre trasplantes, pero también con preguntas abiertas sobre la cultura de donación. La cifra de pacientes en espera, el peso de las enfermedades crónicas, la concentración de donantes en determinados centros y la necesidad de ampliar la educación pública muestran que el tema sigue siendo estratégico para el sistema de salud.
Hablar del paciente trasplantado es hablar de ciencia, pero también de confianza. Es hablar de hospitales, pero también de familias. Es hablar de vida después de la enfermedad, pero también de los obstáculos que permanecen antes y después de una cirugía de alta complejidad.
La pregunta de fondo para República Dominicana no es únicamente cuántos trasplantes se han realizado, sino qué tan preparada está la sociedad para comprender, acompañar y sostener un sistema de donación y trasplantes más amplio, transparente y humano. En esa conversación, la conciencia ciudadana sigue siendo una pieza central.
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