En corrillos de pescadores y pescaderos intermediarios, Beata y Alto Velo ganaron fama de sitios con interminables bancos de peces y mariscos de calidad superior con gran demanda en el mercado. Y llegó de todas partes, la avalancha, muchos sin reparar en método de exterminio de la vida marina, como los trasmallos. Ahora la fama se esfuma.
“Ya no es igual, es sacándole sin meter; se le ha sacado demasiado al mar, sin echarle nada, y así todo se acaba”, confirma con dejo desencanto, Ángel Güiro, o José Delio González, quien se ha pasado media vida pescando.
Nativo de Los Patos, municipio Paraíso, Barahona, 89 kilómetros al este, llegó a Pedernales a inicios de los 70 con un objetivo bien definitivo: pescar en la Beata y Alto Velo.
Desde entonces no ha cesado en coger el bote rumbo a la isla, durante tres horas, partiendo ahora desde el muellecito nuevo de Cabo Rojo. La experiencia le dice que ya no es igual.
“Esto ha variado mucho. Antes en el muelle cogías un saco, ahora dos o tres libritas. Antes podías coger la costa con un mechón y llenabas un saco de langosta; ahora… nada. Se ha metido una mancha de buzos y pescadores haitianos que acaban con to… la depredación está acabando”.
Diferente a la Beata, en Alto Velo la producción de peces y mariscos sigue abundante. Y hay razones.
“Los bancos de peces son mejores, porque allá se va por tiempo… En la isla es diferente porque hay vividores (para él, personas que viven allá), pero en Alto Velo, no; no vive nadie, solo aves que ponen sus huevos, como los bubíes, que ponen millones. Pero solo se puede ir cuando la mar diga… Alto Velo tiene los juegos pesaos, la mar siempre ta picá, mi hijo. Por eso tiene más mercancía que la isla. Está prohibido llevar mujeres en toda la costa (Peticabo, Trudillé, Lansasó), porque muchas iban a la costa a buscar su vida…”, ha comentado sonriente Ángel Güiro.
El mar Caribe no siempre favorece al duro oficio. A veces está muy bravo. Entonces, el desafío es mayor y de alto riesgo de naufragio. Cabo Rojo es el punto de partida ideal. Pocos lo hacen desde Pedernales porque se alarga la distancia y la corriente marina no se mueve con el viento a su favor.
“Las horas de viaje dependen del bote y de la carga” -acota- “uno se toma unas tres horas, si va al paso mirando la costa, hablando vaina. Pero si te va directo, te cogerá menos”, afirma.
Hilario Féliz Carrasco (Víctor), 65 años, también es pescador. Suele aprovechar las corrientes de carites y atunes.
Conoce la isla y su dinámica. Como Ángel Güiro, cree que todo ha cambiado para mal. Lo atribuye al cambio climático, a las corrientes marinas ahora adversas y a la depredación. Vive en el pueblo y se monta en la yola de un día para otro.
“Las corrientes han cambiado; los vecinos que tenemos (los haitianos) son depredadores… La producción ha disminuido en un setenta por ciento. Antes, uno cogía quintales de chillos, colirubias, carites, lambí, pero ahora solo unas libritas. Antes había chivos cimarrones, pero también los han acabado… Las personas van de un día para otro, pero no permanecen allá”.
En cuanto a Alto Velo, afirma que van a pescar las mismas personas que en la isla. Van a pescar carites en los meses de noviembre y diciembre, si el mar está en calma.
Como Güiro y Víctor, decenas de pescadores locales y de comunidades de otras provincias dominicanas y de pueblos haitianos hacen el recorrido del sustento, unos con apego a las normas de pesca; otros, con actitud de mar arrasado. Y todos con referencias vagas sobre los hechos históricos registrados; todos, víctimas de los intermediarios, que encarecen los productos al consumidor.
En la isla operan la Armada Dominicana (antes Marina de Guerra) y Medio Ambiente, para la vigilancia. El movimiento de pescadores es continuo y está prohibido llevar mujeres tras denuncias sobre el auge de la prostitución con trabajadoras sexuales haitianas.
HISTORIA DE VIOLACIONES
En su agitar cotidiano, el montón de pescadores que nublan la zona, llaman igual a Beata que a Alto Velo y a Los Frailes (Los Roques), una isla, un islote y un cayo ubicados más hacia el oeste.
Cuando en sus embarcaciones tiradas por motores fuera de borda cargan gasolina, refrigeradores, alimentos, agua, herramientas y vestimenta adecuada para resistir la combinación del sol quemante y la salinidad marina, solo dicen: “Vamo pa la isla”.
La mayoría de los provincianos y visitantes registra conocimientos muy vagos respecto del valor ecológico, cultural e histórico de aquellos lugares.
Pocos conocen a fondo las escenas de violencia en la fortaleza donde eran rutina la tortura psicológica y física y las desapariciones de presos desafectos al régimen llevados desde la capital y comarcas distantes.
Chanchano o Juan Germán Arias Núñez ha cumplido 90 y luce como un guayacán, hasta que le toca acudir a la memoria. Ella le antepone nieblas a su intento de vivir recuerdos sobre su encarcelamiento en la Beata. Está sentado en su mecedora de madera y guano y con el diario matutino Hoy en las manos, en su casa de la Ciudad Universitaria, vecino del Colegio Médico Dominicano.
Él no pensó que alcanzaría las nueve décadas en mayo de 1960 cuando, junto a veintiún condenados en la capital, fue llevado como presidiario a la cárcel que operaba en la isla, 267 kilómetros al suroeste del Distrito Nacional.
No memoriza todos los nombres de sus compañeros de viacrucis. Suelta una leve carcajada con su voz de tenor y, tras un esfuerzo, cita “a este muchacho de Puerto Plata… Juanchi Moliné”. Y a continuación se esfuerza para contar la anécdota del marino de puesto en el destacamento que actuó con disimulo frente a él.
“Estábamos parados todos, así, en atención, y pasó Jesús de la Rosa, que en ese tiempo estaba de puesto allá, en la Marina, y le agradezco que, cuando me vio, volteó la cara para otro lado para simular que no me reconocía, porque era peor que me reconociera… Si me reconocía tenía que darme una pela ahí mismo”,
De la Rosa luego tuvo una participación activa en la guerra patria de 1965 que enfrentó las tropas estadounidenses invasoras tras el derrocamiento del gobierno constitucional presidido por Juan Bosch, siete meses después de instalado. Fue fundador del movimiento renovador de la UASD, profesor de Estadística y vicerrector administrativo y secretario de Deportes.
Entre frase y frase, Chanchano baja la cabeza y hojea el periódico. Rememora.
“Duramos allá en Beata varios meses, cerca de un año. Nos quitaron todas las cosas con las que uno pudiera ahorcarse, como correas, cordones… todo. Nos dejaron descalzos. Había un pocito en el patio y de ahí teníamos que coger el agua para cocinar nosotros mismos. Aquello era muy árido y caluroso… Era bastante difícil”.
El sociólogo e historiador Amaury Pérez, estudioso del movimiento antitrujillista “14 de Junio (1J4)”, cita un conjunto de reos que sufrieron vejaciones en la isla: Juan Moliné, Alfredo Parra Beato, Antonio Canto, José Erickson, José Lora Pijuán, Héctor Belliard, Miguel Alfonseca Sorrento, José Ramírez Conde (Condecito), Joaquín Moya, Benito Kelly, Caonabo Abel…
“Todos murieron posteriormente, algunos fueron guerrilleros, como el caso de Chanchano, y dentro del grupo, algunos murieron en la guerrilla. En su vida algunos fueron ingenieros, artistas… La mayoría murió por causas naturales”, puntualiza el catedrático.
Iván Gatón, profesor, abogado, diplomático y apasionado de los temas de historia y geopolítica, acaba de visitar la Beata. Le ha impresionado, especialmente las ruinass de la fortaleza donde la sangre y la muerte fueron protagonistas durante la tiranía.
“El maestro Alberto Perdomo me confirmó que allí estuvieron presos el actor y escritor Iván Alfonseca, con 18 años de edad; don Tedy Hernández tuvo allá preso a un primo, HidalGd Hernández Vargas, hermano mayor de Homero Hernández. Igual, el doctor Alfredo Parra Beato, miembro del 1J4,”, destaca.
Los matones de Trujillo habían llevado reclusos entre los años 1958 y 1959, con absoluta discreción, sin condena ni orden de juez. Allí, sin embargo, no todos los guardias de puesto se prestaban para las torturas, las pelas, las muertes y las desapariciones.
Camilo Pérez Cuevas, cabo telegrafista damero-pedernalense, que en 1952 había sido trasladado desde la base de Las Calderas, Baní, se negó a obedecer las órdenes del comandante Eliseo Christhofer (El Tremendo). Prefería visitar las víctimas, muchos jóvenes, y compartir discretamente su comida. Contó a sus hijos que conoció a muchos, sobre todo a Pagán, un joven de Puerto Plata. Pero le salió caro.
En 1960 Camilo fue chivateado y trasladado de la isla. Estaba vinculado al 1J4. Falleció el 27 de marzo de 1989, a los 71 años. “El Tremendo” luego dirigiría el destacamento de Cabo Rojo.
En los años 50, hasta después del ajusticiamiento del tirano Trujillo (30 de mayo de 1961), en Beata había una hilera de diez casitas cerca de la playa, en madera, techadas de zinc y piso de cemento, donde solo vivían los marinos de puesto, a quienes luego les permitieron llevar sus parejas. Se bebía agua de pozo o de la recolectada en aljibes.
El servicio eléctrico solo funcionaba durante dos o tres horas con una planta de escasa potencia. Había un dispensario médico y dos cuarteles. Los alimentos eran comprados en el pueblo de Pedernales y trasladados en barcos. No había escuelas; los hijos de los guardias debían mudarse al pueblo para estudiar. Ahora solo hay un cuartel.
El 8 de diciembre de 1961, el rotativo El Caribe destacó que el presidente Joaquín Balaguer instruyó para que una comisión del 1J4 visitara las cárceles del país en busca de presidiarios. La delegación llegó al municipio Pedernales y la isla Beata en el patrullero105 de la Marina, conducido por el capitán Rodríguez.
El presidente provisional Héctor García Godoy (septiembre 1965-junio1966) y varios funcionarios de su gabinete visitó la isla Beata en 1966, según contó El Caribe del 20 de abril, en la página 2.
El mandatario dijo que en el lugar hay un destacamento de la Marina de Guerra a cargo todos los servicios. Adelantó que se proyecta la construcción de una escuela, un centro médico y una cooperativa de pesca, y dijo que en la isla habitan miembros de la armada, sus familiares y algunos pescadores.
En 2022, el diputado Elías Wessin Chávez propuso una resolución para construir en isla Beata una cárcel para 10,000 presos condenados a penas mayores de cinco años, iniciativa que tuvo el visto bueno de la Comisión Permanente de Ministerio Público de la Cámara Baja. Pero, tras un rechazo generalizado, la Oficina Técnica de Revisión Legislativa determinó que resultaba inconstitucional.
En aquel trozo de territorio pedernalense, aún quedan las huellas del dolor: la base, pedazos de blocks y la torre de vigilancia erguida. Y en Alto Velo, el viejo faro, que -para los pescadores- solo era para orientar a los barcos que pasaban por la zona.




PATRIMONIOS SUBVALORADOS
Más allá de la rica biodiversidad, la isla Beata existe está situada en una posición geoestratégica privilegiada, aunque subestimada hasta por el mismo Estado dominicano que ni siquiera ha apostado a un aprovechamiento con el turismo cultural, científico, de buceo e histórico.
Visitada por el almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje, a finales de agosto de 1494; en el tercero, 1498, y en el cuarto y último, el 19 de junio de 1502, él designó Madama Beata a la isla y Alta Vela al islote. Los españoles llevaron ganado vacuno para aprovisionar sus expediciones marítimas en “la ruta del nuevo mundo”.
En 1870 el Estado otorgó una concesión de la isla por 50 años al coronel Telésforo Volta para establecer y trabajar salinas con solo pagar al tesoro público un 5% de los beneficios, tarea que mantuvo hasta los años 60, según relata el portal Mi País, Gabriel Marcano.
La isla tiene forma de triángulo y está ubicada siete kilómetros al suroeste del cabo Beata, el punto más al suroeste del territorio dominicano, a 32 millas del pueblo de Pedernales. La superficie es 27 kilómetros cuadrados. Es parte del sistema nacional de áreas protegidas, al ser un componente del Parque Nacional Jaragua.
Allí, varios sitios arqueológicos han sido identificados por los investigadores. Un ejemplo es el sitio Dumet, en la orilla noreste, 600 metros tierra adentro desde la línea de playa. EcuRed especifica que en lugar hubo un asentamiento indígena con una población entre 500 y 800 personas.
El caracol gigante o Strombus giga (lambí), langostas, cangrejos, tortugas marinas, iguanas rinoceronte (Cyclura cornuta, paloma coronita (anida en la isla) son parte de los atractivos.
GRAVE CONFLICTO CON EUA
Alto Velo es rico en guano, un potente abono natural producto de la acumulación masiva de excrementos de aves marinas y murciélagos.
Contiene altas concentraciones de nitrógeno, fósforo y potasio, nutrientes esenciales para el crecimiento vegetal, muy codiciados por países grandes durante el siglo XIX para las prácticas de agricultura intensiva.
De ahí vino el hambre por colonizar islas remotas con ese potencial. Y en esas garras cayó Alto Velo en febrero 1860.
La ocupación por parte de varias empresas para extraer guano provocó una disputa diplomática entre Estados Unidos y República Dominicana.
El 19 de octubre del 1860 las empresas fueron emplazadas por el gobierno dominicano a salir en 24 horas. Un contingente de militares dominicanos al mando de Juan Alejandro Acosta llegó en el buque de guerra Mercedes. A falta de un barco para expulsarlos, 12 fueron hechos prisioneros y trasladados a Santo Domingo, mientras eran demolidas las edificaciones de las empresas. En Alto Velo solo queda el faro como testigo.
El empresario guanero W. T. Kendall alegaba que actuaban al amparo de la Ley de Islas Guaneras de Estados (1856) y exigía al Departamento de Estado de su país protección militar y territorial porque -entendía- la isla le pertenecía por ley.
A continuación, hizo lo mismo la empresa Patterson & Murguiondo, de Baltimore. Se basó en que el capitán S. R. Kimball visitó isla el 23 de febrero de 1860 a bordo de la goleta Boston, por lo cual la consideró de su propiedad.
El Departamento de Estado rechazó los reclamos con el argumento de que la isla había sido previamente descubierta por Colón; por tanto, estaba bajo el control de República Dominicana.
El islote deshabitado Alto Velo es un perfecto desconocido para los pedernalenses y el resto del país, pese a su posición estratégica en el territorio dominicano; pese a su guano y a su riqueza biológica. Mide 1,050 metros de ancho y 1,400 metros de largo, con una altura máxima de 152 metros sobre el nivel mar.
Beata y Alto Velo están separadas por un cuerpo de agua llamado canal de Alto Velo. El islote está ubicado más al sur de la isla, a una distancia de siete millas náuticas (12 kilómetros).
EN ESPERA DEL RESCATE
Gatón cree que el Gobierno debería mirar hacia aquel lugar y crear las condiciones para que dominicanos y extranjeros la visiten y conozcan su historia.
“La torre de la fortaleza debería servir como una especie de monumento histórico; se puede rescatar y colocarle una tarja; sería interesante que históricamente se tome en cuenta, arreglar el entorno de las ruinas de la cárcel. Y desde la perspectiva geopolítica, solo hay que ver que Colón estuvo varias veces allí y que la ubicación está en una ruta de las drogas”.
Nicolás Corona, productor agrícola y conservacionista, no titubea en sus enfoques sobre la protección del medioambiente. No se explica la inercia del Ministerio de Turismo.
“Pero pienso que lo primero es eliminar todos esos de casitas que hay en la isla Beata de gente esperando drogas y cosas así… Entonces establecer un solo campamento, y lo otro, hacerlo turísticamente. Igualmente, Alto Velo, que es hermoso”.
Refiere que “la Beata tiene un potencial ecológico y turístico increíble, muy grande. Tiene una palma endémica que es el cacheo y la canelilla, que ahí, gracias a Dios, no la cortan, hay grandes cantidades. Tiene diferentes ecosistemas, desovan las tortugas carey, tinglar, la tortuga verde; hay chivos y puercos, introducidos. La flora y la fauna de allá, la mayoría, es endémica, igual que en Alto Velo, que es un islote de anidamiento de aves nativas y colonizadoras, grandes desoves de gaviotas, bubíes, pelícanos y el gavilán cola de tijera, que se para ahí cuando viene de Suramérica… Hay una especie de ranita exclusiva que cabe en una moneda de cinco centavos, la más pequeña del mundo, solo existe allí”.
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