Mientras la República Dominicana debate sobre transformación digital, inteligencia artificial, competitividad, empleo juvenil y desarrollo territorial, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) se encuentra frente a una pregunta que trasciende cualquier proceso electoral: ¿está preparada la academia más importante del país para liderar los cambios que demanda el siglo XXI?
La interrogante resulta pertinente porque la Rectoría de la UASD nunca ha sido una simple posición administrativa. Históricamente ha representado uno de los espacios de mayor influencia intelectual, política y social de la nación. Desde sus aulas se han formado generaciones de profesionales, servidoras y servidores públicos, cientistas, artistas, dirigentes sociales y líderes políticos.
Desde sus pasillos también se han librado algunas de las luchas más importantes por la democracia, la soberanía y las libertades públicas, como mencionó Asjana durante su discurso de cierre de campaña, la UASD ha sido escenario de gestas imborrables, desde el Movimiento Renovador hasta los grandes debates y conflictos políticos de nuestro país.
Por eso, cada proceso electoral universitario termina siendo, en cierta medida, una conversación sobre el futuro del país.
En ese contexto emerge la candidatura del doctor Jorge Asjana David, una figura que ha logrado articular una de las convergencias académicas más amplias que recuerda la historia reciente de la institución y que propone una visión sustentada en una idea tan sencilla como ambiciosa: hacer de la Primada de América, la primera universidad del país en calidad, prestigio, innovación y compromiso social.
Más allá de las simpatías o preferencias electorales que naturalmente acompañan toda contienda universitaria, vale la pena detenerse a analizar qué explica el fenómeno político y académico que se ha construido alrededor de su candidatura.
La fuerza de la unidad
La UASD ha sido históricamente un espacio de pluralidad. Y eso, aunque constituye una de sus mayores fortalezas democráticas, también ha generado procesos electorales marcados por la fragmentación de liderazgos, corrientes y movimientos.
Quizás por eso el hecho político más relevante de esta campaña no sea la candidatura de Jorge Asjana en sí misma, sino la amplitud de la alianza que logró construir.
Durante su acto de cierre de campaña, Asjana destacó el respaldo de antiguos aspirantes a la Rectoría, exvicerrectores, movimientos académicos, organizaciones estudiantiles y exautoridades universitarias que decidieron confluir en una propuesta común.
En política universitaria, donde las diferencias suelen ser profundas y las aspiraciones legítimamente diversas, alcanzar semejante nivel de articulación no es un dato menor.
Detrás de esa convergencia parece existir una lectura compartida: la necesidad de construir gobernabilidad para impulsar transformaciones institucionales de largo alcance.
Como suele decirse en buen dominicano, una cosa es ganar una elección y otra muy distinta es tener con quién gobernar. La magnitud de los apoyos obtenidos por Asjana sugiere que una parte importante de la comunidad universitaria percibe en su proyecto una oportunidad para superar viejas divisiones y concentrar energías en los desafíos estratégicos de la academia.
Pocas figuras reúnen además las condiciones que él exhibe para encabezar ese proceso. Médico cirujano, docente universitario, investigador y gestor académico, Asjana ha construido una trayectoria caracterizada por el desempeño exitoso de distintas responsabilidades dentro de la institución. Su nombre se asocia con experiencia administrativa, capacidad de gestión y una reputación profesional que ha logrado mantenerse alejada de cuestionamientos significativos.
Y en una época donde la confianza institucional se ha convertido en un activo cada vez más escaso, ese capital no resulta insignificante.
Hacer de la Primada la Primera
Toda campaña exitosa necesita una idea capaz de sintetizar su visión, y en el caso de Jorge Asjana, esa idea se resume en una consigna que atravesó todo su discurso de cierre: “hacer de la Primada la Primera”.
La frase encierra mucho más que un recurso comunicacional. Representa el desafío de transformar el prestigio histórico de la UASD en liderazgo académico contemporáneo. La universidad más antigua de América no puede vivir únicamente de su pasado. Necesita competir en el presente y prepararse para el futuro.
En buen dominicano, la UASD no está para inventar la rueda; está para ponerla a girar más rápido y en la dirección correcta. Es precisamente ahí donde cobran sentido los siete ejes estratégicos que sustentan su propuesta de gestión.
El primero coloca el bienestar universitario como prioridad institucional, fortaleciendo servicios de salud, programas de retiro, becas, residencias estudiantiles y políticas de inclusión.
El segundo apuesta por la calidad docente mediante formación continua, innovación pedagógica y una carrera académica basada en el mérito.
A ellos se suman la internacionalización y acreditación, el fortalecimiento institucional, el compromiso Estado-sociedad, la descentralización universitaria y el impulso a la investigación e innovación.
Sin embargo, sería un error interpretar estos siete ejes como una simple lista de promesas de campaña, pues vistos en conjunto, constituyen una propuesta integral para reposicionar a la UASD como una institución capaz de responder a los grandes desafíos contemporáneos.
Hay además un elemento particularmente interesante en la visión planteada por Asjana: la insistencia en colocar a las personas en el centro de la transformación institucional.
Quizás por su formación como cirujano, durante su discurso recurrió a una metáfora médica para describir algunos problemas de gestión. Habló de la burocracia como un “foco de infección” que limita la eficiencia institucional y defendió la necesidad de modernizar procesos para que la universidad funcione con mayor agilidad y transparencia.
La imagen resulta poderosa porque resume uno de los principales retos de la educación superior contemporánea: modernizar sin deshumanizar.
Una universidad para el país
Probablemente el aspecto más trascendente de esta candidatura no radique en los cambios administrativos que propone, sino en la manera en que concibe la relación entre la universidad y la sociedad dominicana.
Durante años se ha debatido sobre la necesidad de fortalecer los vínculos entre la academia, el aparato productivo, las comunidades y las instituciones públicas, y la propuesta de Asjana se inscribe precisamente en esa dirección.
Su visión plantea una UASD conectada con los territorios, vinculada a las MIPYMES, comprometida con las comunidades, articulada con los gobiernos locales y abierta a las demandas de los sectores sociales.
La misión de una universidad pública no termina cuando entrega un título. Su verdadero valor aparece cuando el conocimiento que produce ayuda a comprender problemas y aporta soluciones para mejorar la vida de la gente.
De ahí la importancia que concede a la investigación científica, la innovación tecnológica y la creación de un fondo patrimonial para financiar proyectos de impacto académico y social
En un país que aspira a mejorar su productividad, fortalecer sus instituciones y competir en una economía cada vez más basada en el conocimiento, el papel de la principal y más importante universidad pública adquiere una relevancia estratégica.
Como enseñan los viejos refranes campesinos, no hay cosecha abundante donde no se prepara bien la tierra. Y quizás esa sea la discusión de fondo que subyace detrás de estas elecciones: no se trata únicamente de quién ocupará el despacho de la Rectoría durante los próximos cuatro años.
La verdadera discusión es si la universidad que ayudó a construir buena parte de la historia democrática dominicana está preparada para ayudar a construir también la República Dominicana que viene.
Jorge Asjana ha planteado que llegó la hora de hacer de la Primada la Primera.
Corresponderá a la comunidad uasdiana decidir si esa consigna será recordada como un eslogan de campaña o como el punto de partida de una nueva etapa para la institución académica más influyente de la nación.
Por supuesto, ninguna propuesta de gestión está exenta de desafíos. La verdadera prueba para cualquier rector o rectora comienza después de las elecciones, cuando las expectativas deben convertirse en decisiones concretas y resultados verificables. Como dirían en el campo, el reto ahora no es sembrar entusiasmo, sino cosechar resultados.
El miércoles 17 de junio se espera que la familia uasdiana y la ciudadanía conozca la primera de las premisas: ¿Quién conducirá el futuro reciente de la casa de altos estudios del pueblo dominicano? Y sí, porque a fin de cuentas, es ella una de las principales plataformas de producción de profesionales, esa que ha agenciado movilidad social para miles de familias empobrecidas cuyos hijos han logrado mejorar sus realidades materiales gracias a la la UASD.
Por eso, cuando La Universidad avanza, el país entero encuentra razones para avanzar con ella. Eso parece también esperar Jorge Azjana.
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