Tres viajes al Consulado Dominicano en Nueva York, un registro que la declaraba muerta y un número de teléfono que caía directo en una grabadora. Ese era el panorama de María Ivelisse Peña hace apenas días. Hoy, la maestra de matemáticas en Brooklyn, Nueva York, tiene en sus manos la nueva cédula dominicana y atribuye el desenlace, en parte, a la cobertura que Acento le dio a su historia.
"Gracias, Acento, por ser instrumento en esta historia", escribió Peña en una carta pública dirigida a su país natal. "Su disposición para escuchar, orientar y ayudar fue fundamental para que esta historia pudiera finalmente encontrar su camino hacia una solución."
Un error que tardó años en corregirse
Peña reside en Estados Unidos desde diciembre de 2003. Votó en las elecciones de 2016, 2020 y 2024. Aun así, cuando acudió al consulado a renovar su documento de identidad, el sistema de la Junta Central Electoral (JCE) la tenía registrada como fallecida. La corrección del error no vino acompañada de una solución inmediata: la derivaron a un teléfono que nadie atendía.
El reportaje de Acento, publicado el 28 de agosto, encuadró su caso dentro de un problema más amplio. En Nueva York, donde reside la mayor concentración de dominicanos en el exterior, los registros con errores, las citas que tardan meses y las demoras posteriores a la cita son una constante que ya había señalado el vocero de la Fuerza del Pueblo en la JCE, Manuel Crespo.
"La odisea terminó"
Con el documento en mano, Peña escribió una carta que tituló Carta a mi Quisqueya y que circuló en redes sociales. En ella describe su identidad desde tres dimensiones: ciudadana del Reino de Dios, dominicana de nacimiento y adoptada por los Estados Unidos.
"Hoy no solamente celebro una nueva cédula. Celebro mi historia, mis raíces, mi identidad, mi patria", escribió la maestra, que había declarado a Acento su intención de votar en 2028 y, eventualmente, ser candidata.
La "Carta a mi Quisqueya"
Querida República Dominicana:
Hoy vuelvo a mirarte con los ojos de quien nunca dejó de llevarte en el corazón.
Hay momentos en la vida que no se pueden explicar solamente con palabras. Este es uno de ellos.
Después de una larga odisea, de trámites, incertidumbres y circunstancias que parecían no tener final, hoy puedo decir, con una inmensa alegría:
¡Estoy vivita y coleando… y tengo mi nueva Cédula Dominicana!
Y aunque para muchos pueda parecer simplemente un documento de identidad, para mí representa muchísimo más.
Al tenerla en mis manos, siento que sostengo una pequeña parte de mi historia.
Mi nombre.
Mi identidad.
Mi nacimiento.
Mis raíces.
Mi Quisqueya.
Por eso quiero expresar públicamente mi profundo agradecimiento al periódico Acento. Su disposición para escuchar, orientar y ayudar fue fundamental para que esta historia pudiera finalmente encontrar su camino hacia una solución.
A veces Dios utiliza personas para abrir puertas que durante mucho tiempo parecían permanecer cerradas.
Y hoy, con gratitud, puedo decir:
¡La odisea terminó!
Pero esta experiencia también me hizo reflexionar profundamente sobre quién soy.
Mi identidad tiene tres dimensiones que abrazo con orgullo:
PRIMERA: CIUDADANA DEL REINO DE DIOS
Antes que cualquier nacionalidad, mi identidad espiritual está en Dios.
Mi ciudadanía eterna está en los cielos y mi vida encuentra su propósito en Cristo.
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. Filipenses 3:20
SEGUNDA: DOMINICANA DE NACIMIENTO
Nací en República Dominicana.
Y eso no es solamente un dato escrito en un documento.
Es una raíz.
Es la tierra donde comenzó mi historia.
Es la tierra de mis primeros recuerdos.
Es mi cultura.
Es mi pueblo.
Es mi música.
Es mi manera de hablar.
Es la memoria de una infancia.
Es esa conexión inexplicable que solamente entiende quien lleva una patria dentro del corazón.
Soy dominicana de nacimiento, y Quisqueya forma parte inseparable de las raíces de mi vida.
TERCERA: ADOPTADA POR LOS ESTADOS UNIDOS
También abrazo con gratitud a los Estados Unidos, nación que me ha acogido y que se convirtió en parte importante de mi historia.
Aquí también he vivido, aprendido, trabajado, servido y construido capítulos importantes de mi vida.
Por eso no tengo que escoger entre mis historias.
Las abrazo a todas.
Porque una persona puede tener diferentes capítulos, diferentes experiencias y diferentes lugares de pertenencia, sin olvidar jamás dónde comenzó su historia.
Y la mía comenzó en Quisqueya.
Hoy miro mi nueva Cédula Dominicana y sonrío.
No porque un documento pueda definir todo lo que soy, sino porque representa oficialmente una parte de mí que nunca dejó de existir.
Mis raíces nunca desaparecieron.
Podrán pasar los años.
Podré cruzar fronteras.
Podré vivir en otras tierras.
Podré adquirir nuevas experiencias.
Pero hay una verdad que permanece:
Hay una parte de mí que siempre será dominicana.
Por eso hoy no solamente celebro una nueva cédula.
Celebro mi historia.
Celebro mis raíces.
Celebro mi identidad.
Celebro mi patria.
Y desde dondequiera que me encuentre, puedo decir con profundo orgullo:
¡SOY DOMINICANA!
Dominicana de nacimiento.
Adoptada por los Estados Unidos.
Y ciudadana del Reino de Dios por Su gracia.
Tres dimensiones de una misma vida.
Tres capítulos de una misma historia.
Una mujer, una historia, tres pertenencias y un solo corazón agradecido.
Gracias, Dios, por sostenerme durante la odisea.
Gracias, Acento, por ser instrumento en esta historia.
Y gracias a mi amada República Dominicana por recordarme que las raíces profundas no se arrancan con la distancia.
Hoy levanto mi nueva cédula, miro al cielo y digo:
¡Gracias, Dios!
¡Gracias, Quisqueya!
¡Gracias por mis raíces!
¡Viva la República Dominicana!
¡Quisqueya, tierra de mis raíces, podrás estar lejos de mis ojos algunas veces, pero jamás estarás lejos de mi corazón!
Dominicana de nacimiento.
Adoptada por los Estados Unidos.
Ciudadana del Reino de Dios.
Y hoy, más que nunca, orgullosamente dominicana.
Un final feliz, pero…
La historia de Peña tiene final feliz, pero el problema estructural que la rodeó sigue sin resolverse. De los 8,569,272 ciudadanos aptos para cedularse, solo 3,066,520 —el 35.7%— tienen el nuevo documento. La cédula anterior quedará inhabilitada para cualquier trámite legal a partir de abril de 2027.
La JCE eliminó el 27 de agosto la restricción del mes de cumpleaños, de modo que cualquier ciudadano puede acudir a cedularse sin importar cuándo nació. El Consulado en Nueva York inauguró además dos extensiones, una en el Bronx y otra en East New York, Brooklyn, para reducir los traslados hacia Manhattan. Pero el secretario general de la Fuerza del Pueblo en Nueva York, Odell Suero, ya pidió un incremento urgente en recursos humanos y tecnológicos para las oficinas consulares.
La infraestructura crece. Los casos como el de Peña, sin embargo, advierten que ampliar oficinas no corrige bases de datos que declaran vivos a los muertos y muertos a los vivos.
Requisitos para renovar la nueva cédula
La captura y entrega masiva de la nueva cédula a los ciudadanos comenzó el miércoles 8 de abril, después de Semana Santa, en un principio fue conforme al mes de nacimiento, y se extenderá por un año. Pero, cuatro meses después de esta disposición, se quitan esas restricciones, de mes de cumpleaños y cita, y puede acudirse en cualquier momento. El documento actual solo estará vigente hasta abril de 2027.
¿Cuáles son los requisitos a presentar?
- Documento de identidad anterior
- Documentos que respalden cambios o actualizaciones de datos personales
¿Qué documentos debe presentar para actualizar datos de la cédula?
La JCE establece que, dependiendo del tipo de información a actualizar, se deben presentar los siguientes documentos:
- Donante de órganos: carné emitido por el Instituto Nacional de Coordinación de Trasplantes (Incort).
- Alergias o condiciones médicas: certificado o tarjeta médica que valide la condición.
- Tipo de sangre: carnet de tipificación, licencia de conducir o certificado de laboratorio.
- Ocupación u oficio: copia de título profesional o certificado del registro mercantil.
- Dirección residencial: factura de servicios como energía eléctrica, agua, internet o cable.
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