Este miércoles 15 de abril, la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) fue el escenario de un encuentro que el propio Leonel Fernández calificó de "cordial, afable y respetuoso". Esas tres palabras, elegidas con cuidado, dicen mucho sobre lo que fue —y sobre lo que no fue— la reunión entre el líder de la Fuerza del Pueblo y la comisión enviada por el presidente Luis Abinader, encabezada por los ministros de la Presidencia, José Ignacio Paliza, y de Industria y Comercio, Eduardo Sanz Lovatón.
Fue, en esencia, un intercambio de lecturas distintas sobre la misma realidad. El Gobierno llegó con optimismo. Leonel, con preguntas, y lo que señaló él mismo: "Otra manera de ver la realidad del país".
Paliza llegó con tres ejes y mucho entusiasmo
La delegación oficial —integrada además por el viceministro de Hacienda y Economía, Alexis Cruz, y el viceministro de Coordinación de la Presidencia, Luis Madera (ambos ex incumbente del fusionado Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo)— presentó un plan articulado en tres pilares: protección social y estabilidad del costo de la vida, dinamización de la economía, y reorganización del gasto público.
Paliza aseguró que los indicadores "nos hacen sentir optimistas": citó exportaciones en su mejor momento —con marzo por encima de los US$1,400 millones—, un turismo en expansión y reservas internacionales sólidas. Insistió en que estas visitas "no buscan confrontación" ni "rentabilidad política", sino unidad nacional.
El problema es que ese mismo discurso de unidad ya lo ensayó Paliza la semana anterior, cuando se reunió con el expresidente Danilo Medina. En aquella ocasión, Medina salió a decir públicamente que el Ejecutivo "no tiene un plan" para enfrentar la crisis.
El encuentro con Leonel siguió el mismo guion: cordialidad en la sala, exposición en el auditorio de Funglode, y una carpeta como símbolo de que el plan parece estar escrito.
Leonel puso el dedo en la llaga económica
Fernández no llegó a aplaudir. Expresó su preocupación por la desaceleración económica que —afirmó— se venía observando desde 2025, cuando la economía creció apenas 2.1% del PIB. No es la primera vez que lo dice: en febrero, al analizar el discurso de rendición de cuentas de Abinader, Fernández señaló que esa cifra evidenciaba "una desconexión entre la narrativa oficial y la realidad cotidiana que vive el pueblo dominicano", y recordó que República Dominicana creció menos que varias naciones de Centroamérica, algo que no ocurría desde hacía más de dos décadas.
Esa preocupación no es exclusiva de la oposición. En marzo, el economista y exministro Isidoro Santana advirtió en Acento señales de posible agotamiento del modelo de crecimiento dominicano, tras 75 años de expansión casi ininterrumpida. Y el propio Banco Central, a principios de abril, recortó su proyección de crecimiento para 2026: de un 4%-4.5% estimado en diciembre, la bajó a un rango de 3.5%-4%.



El Ministerio de Hacienda, por su parte, sitúa el crecimiento en 3.75% para este año, en un ambiente marcado por tensiones geopolíticas y volatilidad energética.
En ese sentido el expresidente Fernández fue enfático en afirmar que los sacrificios que puedan derivarse de la actual coyuntura deben ser asumidos por el Gobierno y comunicados con transparencia a la población.
El encuentro con Danilo Medina
El optimismo oficial choca con los datos
Paliza habló de un "momento oportuno". Pero los números cuentan otra historia. El IMAE creció 3.7% en los primeros dos meses de 2026, un desempeño que analistas atribuyen en parte a un rebote estadístico: cuando el año base fue tan débil como 2025, cualquier expansión modesta luce grande.
Leonel reconoció que le alienta que el Gobierno vea para 2026 un repunte relativo, y citó la minería y el precio del oro como factores que podrían amortiguar impactos externos. Pero eso no es un plan; es una esperanza.
Hace apenas tres semanas, Fernández le exigió al Gobierno "soluciones, no excusas" ante la escalada de los combustibles, recordando que en 2008 el país enfrentó el barril a 147 dólares "y respondió con eficacia". Ese Leonel combativo y el que este miércoles recibió a Paliza con afabilidad son el mismo hombre, con el mismo diagnóstico, pero en un registro diferente.
Yayo le responde a Danilo, y esboza el plan
Un diálogo que llegó tarde y sin agenda clara
Vale la pena recordar la cronología. El 9 de abril, Fernández declaró públicamente que la Fuerza del Pueblo no había recibido ninguna invitación formal para participar en el diálogo convocado por Abinader. Seis días después, la comisión llegó a Funglode. Es decir, el Gobierno tardó semanas en formalizar un acercamiento que presentó como urgente ante la crisis global derivada del conflicto en Medio Oriente.
El encuentro de este miércoles fue el segundo de esta ronda: antes, Paliza se reunió con Danilo Medina. En ambos casos, el resultado fue el mismo: declaraciones de buena voluntad, coincidencia en la necesidad de la estabilidad democrática, y ningún compromiso concreto.
Los temas abordados —protección social, costo de la vida, reorganización del gasto— no fueron desarrollados en profundidad. Nadie firmó nada. Nadie acordó nada. El encuentro "se enmarca en los esfuerzos por fortalecer el diálogo político", dijeron las partes.
Una crisis real
La crisis en Medio Oriente es real. La volatilidad del petróleo, también. Pero el deterioro del poder adquisitivo de los dominicanos —el pollo, el ajo, los huevos— venía de antes, como el propio Leonel señaló en marzo. El Gobierno pasó de monitorear la crisis a impulsar una ley de eficiencia energética, pero esa ley lleva años sin aprobarse en el Congreso.
La pregunta que quedó sin respuesta en Funglode es la misma que se hace el ciudadano de a pie: ¿cuándo y cómo se va a sentir el plan en el bolsillo? Por ahora, lo que hay es un diálogo cordial. Afable. Respetuoso. Y sin fecha de entrega.
Compartir esta nota