Jessica Córdova es co-dueña del restaurante mexicano Cafecito, en Arlington, Virginia, a las afueras de la capital estadounidense. Los pequeños negocios como el de ella generan la mitad de los empleos en Estados Unidos, según el Departamento de Trabajo. Sin embargo, el alza en la inflación derivada de los aranceles está limitando su capacidad de operar el negocio.

“El aumento de los precios, directa e indirectamente, nos pega muchísimo. Nos han estado pegando mucho porque, si bien no estamos importando nosotros de países latinoamericanos, pues toda la compra que hacemos es local. Pero la compra local no significa que realmente se haga aquí. Nos acaba de llegar esta semana dos correos de nuestros principales proveedores diciéndonos que, a partir de ya, hay un nuevo incremento de entre un 6 y un 10% en todos nuestros productos. Obviamente ellos también han venido absorbiendo los sobrecostos; y como ya no pueden seguir absorbiéndolos, entonces nos los están pasando a nosotros. Y eso complicado”.

Jessica ha tenido que reducir las horas de empleo a su personal en el restaurante y hacer otros ajustes para confrontar las presiones económicas.

“Me hace falta comprar equipo y todo, entonces no nos hemos querido meter en préstamos justamente por la incertidumbre. Pero sí, o sea, inevitablemente con nuestros precios vamos a tener que hacer un pequeño ajuste”, explica.

A pesar de que las empresas pequeñas latinas crecen a una tasa anual promedio de un 7,7%, para José Arturo Encarnación, socio de Jessica en Cafecito, los planes de expansión están suspendidos por ahora.

“Quisiéramos abrir una segunda ubicación, un segundo negocio, el próximo año. Pero, de momento, en estos tiempos tan inciertos, tenemos que tener mucho cuidado con nuestros pasos porque un paso en falso nos puede llevar a una quiebra”, subraya.

En Estados Unidos hay cerca de 5 millones de empresas latinas que se concentran en los sectores de la construcción, restaurantes y servicios, sectores muy vulnerables a los cambios económicos.

“No me gustaría ser negativo, pero en los pequeños y medianos negocios en estos momentos somos muy susceptibles a que en cualquier momento pueda haber un cierre total, ya que, de no haber mano de obra disponible, de que los precios sigan aumentando y de que nosotros no podamos ofrecer productos en un rango de precio adecuado, entonces los clientes simplemente no van a venir”.

Todos los negocios sufren por igual. Rebecca y Eva Saint Clair son dueñas de Princess Awesome, una empresa que importa tela de varios países y hace vestidos para mujeres y niñas. “Hay gente que se ha casado con nuestros vestidos. Eso es increíble”, dice Rebecca. Las dos forman parte de la iniciativa Pequeñas Empresas contra los Aranceles, que aboga por eliminar este impuesto a la importación de al menos un 10% a la mayoría de productos que entran a Estados Unidos.

“Estamos pagando mucho más por los mismos productos que seguimos vendiendo prácticamente al mismo precio que antes. Yo me pago menos dinero, y la gasolina ahora cuesta 4,50 dólares. Así que sí, sin duda estábamos mejor hace dos años”, nos explica Rebecca Saint Clair.

Desde la mesa de su cocina, que también es el centro de operaciones, Rebecca dice que, además de ser injusto, es ilegal y por eso impusieron una demanda contra los aranceles del gobierno de Trump. La Corte Suprema de Justicia falló a su favor.

“Creo que la estrategia económica de Trump consiste en dar recortes de impuestos a los multimillonarios y no subir los impuestos a nadie más. Así que se reponen mediante aranceles. No lo sé, pero realmente espero que quien llegue al poder dentro de dos años elimine esos aranceles, porque van a arruinar a las pequeñas empresas. Si el país necesita ingresos, hay otras maneras de obtenerlos, además de imponer aranceles a las pequeñas empresas”, agrega Rebecca Saint Clair.

Para Eva Saint Clair, cofundadora de Princess Awesome, no se puede guardar silencio frente a las decisiones comerciales arbitrarias de Donald Trump.

“Lo que más me ha deprimido en los últimos 18 meses ha sido ver a muchas empresas grandes y pequeñas que se niegan a pronunciarse por temor a las represalias de la administración Trump. Y eso es vergonzoso. Pero, de nuevo, no pueden auditar a todo el mundo. Así que, si todos alzan la voz, ¿a quién van a perseguir? Todo el mundo está furioso con los aranceles. Si tienes un negocio, estás furioso con los aranceles, así que di algo”, sostiene

El contrapeso que se puede hacer a los aranceles desde el Congreso será clave, dice Eva Saint Clair.

“El año pasado dediqué muchísimo tiempo al Congreso y a defender a las pequeñas empresas, y eso es lo que seguiremos haciendo, porque no hay mucho más que podamos hacer. Podemos elegir representantes que voten como queremos. Podemos hacer todo lo posible por gestionar nuestros costos y recursos, pero nuestro lema es que luchamos donde podemos luchar y aquí es donde podemos luchar”, precisa.

Para estas empresarias, además del costo económico de los aranceles, los constantes cambios regulatorios hacen que sea difícil planificar, incurriendo en altos costos logísticos y legales.

“Lo más difícil ha sido el caos que se ha generado en los últimos dos años. No se sabe cuánto va a costar todo ni de qué país procede. Y los precios pueden cambiar de una semana a otra. Eso ha sido lo más complicado de navegar. Así que, pase lo que pase en el futuro, incluso si nos aplican aranceles del 100% a todo, al menos lo sabríamos”, dice Eva Sait Clair.

Sin embargo, el presidente Trump afirma en sus alocuciones en televisión que los aranceles están trayendo prosperidad e inversión histórica para el país. Y es que ofrece excepciones de aranceles a las empresas extranjeras y países que decidan invertir en montar en suelo americano fábricas de producción de los bienes que importan.

A este propósito el presidente Trump manifestó: “He conseguido una inversión récord de 18 billones de dólares en Estados Unidos, lo que significa empleos, aumentos salariales, crecimiento, apertura de fábricas y una seguridad nacional mucho mayor. Gran parte de este éxito se ha logrado mediante aranceles. Mi palabra favorita: aranceles, que durante muchas décadas otros países han utilizado con éxito contra nosotros, pero ya no. Las empresas saben que, si construyen en Estados Unidos, no hay aranceles y por eso están regresando a Estados Unidos en cifras récord”.

Trump impuso tres rondas de aranceles globales justificadas por el déficit comercial, la seguridad nacional y el abuso laboral de algunos países. Sin embargo, la Corte Suprema invalidó las dos primeras rondas y obligó a devolver 166 mil millones de dólares. Esta disputa legal ha generado mucha confusión entre empresarios. Así lo afirma Kimberly Daniels, fundadora de la consultora mercantil Logistics e intermediaria comercial aprobada por Estados Unidos.

“La intervención del gobierno conduce al corporativismo y a todo tipo de males. Así, tenemos empresas que se han consolidado a lo largo de 30 años y que ahora se ven completamente confundidas y no saben qué hacer en los próximos dos años. Lo que funcionó ayer no funciona hoy y probablemente no funcionará mañana. Así son las cosas ahora, en este nuevo mundo en el que vivimos”, dice Daniels.

Kimberly, que también hace parte de la iniciativa Pequeños Negocios en contra los Aranceles, recomienda asesorarse en medio de tanto cambio regulatorio y evitar importar productos a suelo estadounidense.

“A cualquiera que esté empezando en esto le diría: no lo hagan, simplemente no lo hagan. No es el momento. Es un mal momento. Hoy mismo recibí un correo de una empresa totalmente nueva con sede en China que quiere importar mil contenedores al mes a Estados Unidos. Y mi respuesta es: no lo hagan, simplemente no lo hagan”, dice Kimberly Daniels.

Los constantes cambios en los aranceles y la regulación aduanera hacen difícil mantenerse dentro del marco legal y, según Kimberly, el panorama se hace cada vez más sombrío.

“Sinceramente, en el peor de los casos, y ya lo he dicho un par de veces, nos convertiremos en una especie de Corea del Norte, la Corea del Norte de Norteamérica. La verdad, creo que eso irritará y enfurecerá a tanta gente que simplemente dirán: "¿Sabes qué? Ya no queremos saber nada de su economía. No vamos a perder más el tiempo con ustedes", apunta Kimberly Daniels.

Aranceles, inflación y guerra en Irán, principales dificultades para los republicanos

Sobre las consecuencias que pueda tener esta situación en las elecciones de medio mandato, fuimos a entrevistar a Abel Núñez, quien dirige “Carecen”, una ONG que impulsa los derechos y los emprendimientos de los latinos en Washington. Según él, los aranceles, la inflación y la guerra en Irán, que afecta los precios de la energía, terminarán afectando a los republicanos en las elecciones de medio mandato.

“No, disculpa por la puerta cerrada. Es que ahorita, por el ICE, no la dejamos abierta”, nos dice Núñez al llegar. “No han entrado aquí ni nos han visitado, pero ahora no se sabe. Ahorita hasta a los clientes les decimos que nos llamen si tienen cita para nosotros abrirles la puerta porque, si está cerrado, ellos no pueden entrar. Se tendrían que presentar y decir qué es lo que están haciendo”, dice Núñez.

Abel Núñez resalta el papel de los inmigrantes en la economía de Estados Unidos. “Hay que reconocer que en este país el crecimiento del negocio pequeño es gracias al inmigrante. Ese es el motor de esta economía y este presidente está haciendo todo lo posible para hacerles la vida más difícil a los empresarios. Entonces, yo creo que pasa una de dos: o no salen a votar o cambian su voto. Pero eso no conlleva buenos resultados para los republicanos”, dice.

Las decisiones económicas de Trump le pasarán factura política a los republicanos en las elecciones de medio mandato. Abel afirma que el voto en estas elecciones será en contra de Trump y su partido, y no a favor de los demócratas.

 “En realidad, los demócratas, si es que ganan, y esto es si es que ganan, van a tener una responsabilidad de actuar rápido para mejorar la condición de vida de la gente. Los demócratas tienen que estar claros de que se les ha dado una oportunidad, pero no la han ganado, sino que el pueblo está tan descontento con el otro lado que se las hemos dado”, comenta.

Estados Unidos, durante décadas, impulsó el libre comercio para importar bienes básicos, transformarlos en productos terminados y revenderlos. Hoy se aferra a los aranceles para disminuir un déficit comercial estructural. Estados Unidos importa más de lo que exporta porque consume más de lo que produce. Sin embargo, Trump insiste en las tarifas generalizadas que hacen a sus empresas menos competitivas, devalúan el valor del dólar como moneda de referencia y obligan a sus principales socios a buscar nuevas opciones comerciales en el mundo. Entre tanto, sus votantes, afectados por la inflación, el desempleo y la bancarrota, reclaman en las urnas el cambio y el bienestar que se les prometió hace dos años.

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