Una entrevista de Stéfanie Schuler.

RFI: Esta es la primera conferencia internacional dedicada a la transición lejos de los combustibles fósiles. ¿Cuál es el objetivo político de la cumbre y qué resultados concretos esperan lograr en Santa Marta?

Irene Vélez: Creo que es un momento geopolítico increíble. Estamos abriendo una brecha en una conversación que es urgente, no solamente en un sentido ambiental por la crisis climática que estamos viviendo, sino que justamente en este momento, en medio de la crisis en Medio Oriente,  conlleva una dimensión de la seguridad nacional de cada uno de los países reunidos. Estamos cambiando el rumbo de una historia.

Hemos invitado a los países que ya tienen la certeza de la importancia y la urgencia de eliminar los combustibles fósiles. Hacerlo de una manera ordenada, de una manera justa, pero también de una manera urgente. Con esto hemos también de alguna manera limpiado el escenario de los negacionistas climáticos, los boicots, los lobistas petroleros, para tener una conversación más honesta sobre cuáles son los desafíos, cuáles son las oportunidades y cuáles son las expectativas y limitaciones que tiene cada uno de los países.

Vamos a estar produciendo tres resultados que muestran el alcance increíble que va a tener la conferencia. Por un lado, un reporte: una construcción colectiva, no solamente de los gobiernos que participan, sino también de los diferentes actores sociales como indígenas, afrodescendientes, campesinos, mujeres, niños y adolescentes, ONG, sector privado,  sindicalistas. Una diversidad que queremos reflejar en este reporte final.

El reporte no es una declaración, es un conjunto de debates y escenarios de solución que queremos construir colectivamente en relación a tres temas, que son la matriz energética, la dependencia económica y un nuevo multilateralismo que nos permita abordar estos temas con seriedad y urgencia.

El segundo objetivo que tenemos es el lanzamiento de un panel científico liderado por dos grandes académicos de la mejor talla internacional: Rockström y Nobre, quienes desde la COP 30 vienen hablando de la importancia de que la ciencia informe las decisiones sobre las transiciones justas. Ellos han conformado un panel de expertos que oficialmente van a lanzar durante la conferencia para dar la información científica a los países y regiones que deciden la eliminación de los combustibles fósiles.

El tercer y último resultado tiene que ver con el sentido de proceso. Tenemos plena conciencia de que no vamos a resolver todos los problemas en una primera conferencia. Entonces nos vamos a volver a ver en una segunda conferencia.

RFI: ¿Cree usted que esto será suficiente para impulsar un movimiento creíble, teniendo en cuenta que los principales productores y consumidores no asistirán a la cumbre de Santa Marta?

Irene Vélez: En este momento tenemos alrededor de 50 países con distintos niveles de participación. Hay grandes consumidores y grandes productores que están participando, países como Canadá, Noruega, que son países productores muy importantes, México, que van a estar en esta conferencia y que le dan credibilidad en el sentido en el que incluso esos países productores están listos para asumir un debate que es difícil. Está, por ejemplo, Europa. Ahora, también hay ausentes y eso lo sabíamos desde el principio. No esperábamos que aquellos que son escépticos de una agenda de transiciones justas estuvieran participando aquí. Tampoco queremos tener aquí a quienes se oponen a que esta discusión sea procesada y adelantada en el marco multilateral. Entonces, para nosotros está muy bien. Creo que es una señal muy importante que 50 países estemos hoy en medio de un contexto en que no es fácil ser vocal frente a este tipo de temas.

En el contexto geopolítico actual no es fácil levantar la mano y decir “voy por la eliminación de combustibles fósiles” cuando justamente hay un escenario de escasez y dificultad en la producción y en el transporte de estos commodities. La seguridad energética de los países puede estar comprometida y tal vez por ello mismo, es muy relevante que 50 países estemos levantando la voz e insistiendo en la urgencia de ordenarnos para una eliminación.

RFI: ¿Qué debería incluir la hoja de ruta para acabar con las energías fósiles?

Irene Vélez: Nosotros no vamos a crear una hoja de ruta, nosotros vamos a crear un reporte que tiene algunas sendas de discusión sobre soluciones. El "roadmap" es una gran idea que el presidente Lula de Brasil expuso en la COP 30. Él allí invitó a que la COP se hiciera en torno a dos "roadmaps", uno de biodiversidad y uno de cambio climático. Sin embargo, eso no fue el resultado de la COP 30, lastimosamente. Entonces, respecto a la matriz energética, ahí nos interesa discutir temas de acceso, temas de subsidios y cómo vamos a ir haciendo una transición para superar los subsidios en el campo de la producción y del consumo de combustibles fósiles. Tenemos un segundo que es la dependencia económica, absolutamente crucial para países como Colombia, que dependen todavía de la producción de carbón y petróleo. Y finalmente, un tercer tema es el del multilateralismo y la cooperación internacional para que la justicia climática se materialice.

Creo que cada uno de los países que va a participar puede que ya tenga sus propias rutas subnacionales para, por ejemplo, eliminar el metano, eliminar el uso de carbón en la generación de energía eléctrica, electrificar el transporte. Esas son decisiones de país y nosotros no vamos a enfocarnos en ellas, aunque sabemos y reconocemos que están ahí.

RFI: ¿Qué necesitan los países para poder avanzar en el abandono de energías fósiles?

Irene Vélez: Cada país tiene un contexto específico. Los países productores tienen desafíos distintos a los países consumidores. Los países que son islas tienen desafíos distintos a los países que son continentales. No hay una receta universal y sería un error en intentar homogeneizarnos y ponernos a hablar todos el mismo lenguaje. Son diferencias geopolíticas, que son históricas. Hay países colonizados como los nuestros, que tienen menos recursos, que además tienen unas dependencias creadas durante siglos.

Puedo hablar de lo que Colombia necesita. Colombia ha decidido, en cabeza del presidente Gustavo Petro, hace tres años, que no va a otorgar nuevos contratos de hidrocarburos. Es necesario comenzar a cerrar la frontera extractiva en el país y asegurar que, como lo ha dicho la ciencia, para 2045 ya hemos comenzado a eliminar esta producción en nuestra matriz productiva.

Necesitamos sustituir la economía extractivista por una economía productiva basada en otras cadenas de valor. Para nosotros es muy importante el turismo, la agricultura, la agroindustria. La industrialización en general, que siempre es más lenta, requiere más recursos. Ahora bien, eso no quiere decir que ya lo tengamos resuelto, porque de todas formas toda la economía fiscal sigue dependiendo de la exportación de carbón y de petróleo. Necesitamos todavía seguir ampliando las nuevas economías para la vida.

Colombia, que toma decisiones muy audaces, tiene que también comenzar a pensar en la medida de un cierre minero y petrolero programado, ordenado, pero que tiene desafíos económicos. Cada país, como decía inicialmente, tiene su propia dinámica en términos de cómo cerrar.

RFI: Sobre la financiación de estas políticas, ¿cómo convencer a los países del Sur Global que actúen sin fondos?

Irene Vélez: El tema de la financiación siempre será un desafío, particularmente para los países del Sur Global. Aquí vamos a seguir promoviendo que discutamos esto abiertamente. Una cosa es el financiamiento para la adaptación, algo que ha tenido un lugar muy relevante en los espacios de la Cooperativa de Crédito Federal de las Naciones Unidas (UNFCU), y otra cosa es el financiamiento para la mitigación.

Mitigar pasa por ir más allá de los combustibles fósiles. Hemos insistido desde el gobierno de Colombia en la necesidad de hacer canjes de deuda externa por acción climática, por transición energética, por derechos sociales, es decir, no solamente por acción climática, sino abrir el espectro de esas posibles transacciones, de forma tal que nosotros podamos liberar espacio fiscal y hacer inversión en transiciones justas, en transiciones productivas.

Este es un debate difícil. Hasta el momento no lo hemos logrado, pero eso no quiere decir que no pueda ser el camino a explorar.Vamos a seguir insistiendo en esa relevancia, porque los países del Sur son los más endeudados y los que tienen menos capacidad para asumir los costos de la transición. No es que no haya soluciones, es que son soluciones que tienen que ser pactadas y habladas abiertamente precisamente en escenarios como estos.

RFI: ¿Cómo contempla a países, como los del continente africano, que buscan usar los ingresos de las energías fósiles para su propio desarrollo?

Irene Vélez: Hay muchos países que han tenido esos debates. De hecho, los países progresistas de América Latina que gobernaron entre la década del 2000 y la década del 2020 cometieron ese error de aferrarse profundamente a sus recursos fósiles para generar unos beneficios sociales que efectivamente se distribuían de manera más amplia en la sociedad, pero que en todo caso generaban en primer lugar un problema grave, que es la dependencia económica.

Miren lo que pasó con Venezuela. Es el claro ejemplo del error que significa depender de un commodity y más aún de un commodity que está en el contexto del mercado de los hidrocarburos globales, que sube y baja, que además tiene bloqueos. Creo que es un error estratégico.

RFI: ¿Cree que la crisis energética causada por la guerra en Oriente Medio pueda incitar a países a unirse a la iniciativa de Santa Marta?

Irene Vélez: Creo que el conflicto en el Medio Oriente ha hecho que esta conferencia adquiera una mayor relevancia en el debate energético y de seguridad global. La Conferencia de Santa Marta va a permitir que muchos de los países que están viviendo el estrés por menor disponibilidad, particularmente de petróleo y de gas proveniente del Medio Oriente, discutan sus preocupaciones de seguridad energética.

Muchos de los gobiernos están en una disyuntiva entre, por un lado, asegurar su soberanía energética a través de una agenda verde o, por otro lado, asegurar su soberanía energética a través de recursos energéticos, incluso si estos son contaminantes. Estamos viendo, por ejemplo, recientemente, al Reino Unido hablando de la posibilidad de volver a extraer y explorar petróleo al norte de su conjunto de islas.

Son preguntas difíciles y creo que Santa Marta da el espacio perfecto para que se pongan sobre la mesa. Yo espero que colectivamente podamos decidir que es el momento para radicalizar una agenda verde en términos de energía y de transición.

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