Figura del militantismo LGBTQ+ en Francia, la colombiana Giovanna Rincón "se expone" desde hace ya más de 20 años para defender los derechos de las personas trans, de los trabajadores del sexo, de las personas portadoras del VIH. No ha dudado en contar su historia desde el momento en que le diagnostican su seropositividad, su llegada a Italia para prostituirse y luego, su partida hacia Francia en busca de mejores tratamientos médicos, en donde su trabajo llegará a ser reconocido hasta por el Senado.
Pero poco ha contado sobre su infancia difícil con un padre alcohólico y violento, una madre que trabajaba mucho para sacarlos adelante bajo el control de este padre, una precariedad muy grande y un contexto social totalmente hostil a una infancia trans. ¿Por qué retornar ese periodo ahora y por qué en un libro?
"Los relatos y las historias de las personas trans siempre han sido invisibles. No existen prácticamente. Y para mí era la oportunidad de contarlo en primera persona con el apoyo de Stéphanie Malphettes, con quien encontramos una manera de funcionar muy cómplice y, al mismo tiempo, muy íntima", responde.
"Se convirtió en una oportunidad para mí de poder hacer archivo de memoria y poder contar un poco también mi infancia. Retornar a esta infancia, un poco dolorosa, pero que, al mismo tiempo fue muy edificante. Esto también fue un acto terapéutico de reconciliación con esta infancia dolorosa: es contar a las nuevas generaciones todo lo que ha sucedido y también, en cierto modo, dirigirme a las familias, a las instituciones para detallar lo que quiere decir el rechazo, la transfobia y todas las violencias", agrega.
Estrategias de supervivencia desde la niñez
Efectivamente, en las páginas de 'Yo Giovanna' el lector descubre la violencia que tiene que enfrentar desde muy pequeña, cuando el cuerpo de niño con el que nació se convierte en un peso. El encuentro con una falda azul será determinante en su construcción pero "será también el momento del encuentro con la violencia y la discriminación. Es cuando empieza una estrategia de supervivencia. Tengo que empezar a saber cómo caminar, cómo encontrar personas y a quien confiarme. No solamente el encuentro con Giovanna empieza; es, al mismo tiempo, el encuentro con los otros", recuerda.
Los otros son los vecinos, los amigos, los maestros, su familia. Un padre que quiere que Giovanna sea un hombre a cualquier precio, una madre cuyo amor incondicional a veces no alcanza para protegerla de la violencia del padre, un hermano mayor con vergüenza y una sociedad bogotana que empuja a la marginalidad a los que ya son vulnerables: "Lo más difícil en estos procesos es confrontarnos a la indiferencia, a la violencia, al rechazo. Es emanciparme desde la infancia y desde la adolescencia, sobre todo frente a un ser tan amado como ha sido para mí mi madre, que está hoy todavía en vida. Es un proceso extremamente complejo porque los mismos que te rechazan son estos mismos que tú amas y los cuales crees que son fundadores de tu existencia".
No romper los lazos
Para Giovanna Rincón, es ante todo un difícil juego de equilibrios entre "aferrarse a los que amamos" y "emanciparse sin alejarse de ellos". "Y yo pienso que mi historia está marcada desde mi infancia por ese sentimiento de conciencia humana y social, más allá del hecho de ser una persona trans. Entonces, para mí, mi familia significaba dudas, significaba violencia, significaba rechazo, pero, al mismo tiempo, un terreno en donde había un amor de la parte de mi madre, de mis sobrinos", agrega.
El caminar de Giovanna Rincón se encuentra en la intersección de varios caminos espinosos, el de la extrema precariedad, el de la transidentidad y el de la seropositividad. Los dos primeros la obligaron a crecer muy rápido, como la vez que tuvo que fugar para salvar su vida encontrando refugio en un bar cuyo propietario escondía y apoyaba a las infancias LGBT+ expulsadas de su familia. Crecer muy rápido para dejar los estudios de lado y trabajar en el taller familiar o ser patrona de un salón de belleza a los 15 para sostenerse y sostener a los suyos. "Pero pienso que lo más interesante en ese proceso ha sido el luchar contra la fatalidad."
"Ninguna historia trans es individual"
Una lucha contra la fatalidad y por la memoria, porque la historia de la militante también es la de muchas personas trans: "Ninguna historia trans es individual cuando una comunidad entera es víctima de tanta violencia, de tanto rechazo, de tanta indiferencia. Pienso que cada historia es política. A partir del momento en donde una narrativa como la mía sale, es una historia política. No es nostalgia, no es lamentarse de cómo estos procesos han causado daño es más un acto de memoria colectiva ".
Mirar hacia el pasado con esta autobiografía es como una "revancha" para la autora, a la que le predecían tres años de vida cuando una doctora le anunció que era portadora del VIH, pero también un momento para tomar impulso y proyectarse hacia las luchas del 2026.
"La lucha contra el SIDA está atravesando un momento histórico a doble sentido. De una parte, los progresos son enormes. Los avances médicos son espectaculares. El otro lado de la moneda es que los primeros dos financiadores del Fondo Mundial de Lucha contra el Paludismo y contra el SIDA, Estados Unidos y Francia, disminuyeron drásticamente los financiamientos internacionales. Lo que probablemente cause un repunte, sobre todo en países en donde todavía estamos muy afectados por la epidemia de SIDA", alerta.
Y en el caso francés, "la criminalización de los migrantes y del trabajo sexual" preocupa particularmente a la militante, sobre todo al cumplirse diez años de una ley que penaliza a los clientes del trabajo sexual. Lo que marginaliza aún más a la población afectada, exponiéndola a la epidemia o dificultando el seguimiento médico porque las personas tienen que esconderse o moverse constantemente.
Un momento doblemente histórico para la comunidad trans
Para Rincón este momento histórico viene acompañado de una inmensa paradoja en donde la comunidad trans es por fin conocida, pero a la vez, la violencia hacia la comunidad se acentúa. Basta con ver las cifras, unos cinco asesinatos en Francia en el periodo reciente.
Si bien la violencia y la sombra de la Parca han acompañado a Giovanna Rincón, la espiritualidad y un apego sin falla a la alegría le han allanado el camino. También la amistad y la solidaridad de personas que han cruzado su camino como un doctor que sí la recibe, una psicóloga que le ayuda a sobrellevar el diagnóstico, una madre que le renta una casa, una dueña de restaurante que regala comida…
Rincón prefiere no hablar de solidaridad, sino de la larga construcción de una comunidad en el estigma y a veces en el auto-odio. "Por la primera vez, nos han dado una ventana para decir que existimos como personas trans, que estamos transgrediendo, pero es el único modo que tenemos para hacer progresar nuestros derechos y construir una verdadera solidaridad", apunta.
El libro se cierra cuando la militante se va a Italia donde se prostituirá y donde comenzará una nueva etapa que luego la llevará a Francia, donde podrá construir una vida en la luz. Si pudiera mirar hacia atrás y decirle algo a la niña de cinco años con la falda azul le diría que "ella tenía razón, que fue muy interesante todo lo que ella le permitió aprender a Giovanna y que es algo muy interesante saber cómo la narrativa de los niños y las niñas trans es algo muy importante al día de hoy para el futuro de las narrativas de las familias que tendrán hijos trans".
Moi, Giovanna, 'Yo, Giovanna', editorial Grasset.
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Un programa coordinado por Yesica Brumec, realizado por David Brockway, Vanessa Loiseau.
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