Por Yang Mei
Rodeado de montañas que bloquean el aire húmedo, el Taklamakán, con una superficie de poco más de la mitad de Francia, es uno de los desiertos más áridos del planeta, hostil para cualquier tipo de vegetación.
Por ello, la Gran Muralla Verde China, que se extiende a lo largo de unos cuatro millones de km², es uno de los proyectos ecológicos más ambiciosos del mundo. En menos de cincuenta años, ha dado frutos visibles.
Según datos de investigadores estadounidenses y chinos publicados el 19 de enero en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos (PNAS), el desierto de Taklamakán está cada vez más verde. China anunció, en 2024, haber completado la reforestación de todo el perímetro del desierto: 66 mil millones de árboles plantados a lo largo de unos 3000 km.
Aumento de las lluvias y de la cobertura forestal
Según los autores, que se basaron en mediciones de campo e imágenes satelitales, se estableció entonces un círculo virtuoso. Durante la estación húmeda (de julio a septiembre), las precipitaciones aumentaron hasta alcanzar los 16,3 mm/mes. Esto favoreció el crecimiento de la vegetación, lo que hizo que la cobertura forestal nacional pasara del 10 % al 25 % del territorio nacional. En la atmósfera de la región, la concentración de CO₂ disminuyó en aproximadamente tres partes por millón (ppm) durante la temporada húmeda en comparación con los niveles de la temporada seca [413 ppm frente a 416].
Yang Jiani, investigadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (Instituto Tecnológico de California, CalTech), es una de las coautoras de este estudio. “Hemos observado tres tendencias muy claras. En primer lugar, la cobertura vegetal ha aumentado considerablemente en los últimos veinte años; en segundo lugar, la intensidad de la fotosíntesis ha seguido creciendo; y, en tercer lugar, la capacidad del ecosistema para absorber dióxido de carbono también está aumentando. Actualmente, en las zonas de cortavientos establecidas en los límites del desierto, cada hectárea puede absorber en promedio alrededor de 1,7 toneladas de dióxido de carbono al año. Teóricamente, si esta intensidad se extendiera a todo el desierto de Taklamakán, se estima que podría alcanzar unos 58 millones de toneladas de dióxido de carbono al año”.
El profesor Yuk Yung, otro coautor e investigador emérito del Laboratorio de Propulsión a Chorro, declaró con entusiasmo a Live Science: “Hemos descubierto, por primera vez, que la intervención humana puede reforzar eficazmente el secuestro de carbono, incluso en los paisajes áridos más extremos, demostrando así que es posible transformar un desierto en un sumidero de carbono y frenar la desertificación”.
Agotamiento de los recursos acuíferos
Sin embargo, estos resultados esperanzadores sobre el proceso de desertificación que afecta a numerosos países, especialmente en África —donde también existe el proyecto de la Gran Muralla Verde a lo largo de la franja sahelo-sahariana, desde Dakar hasta Yibuti— no convencen a todo el mundo.
Desde el inicio de su implementación, el proyecto de la Gran Muralla Verde ha suscitado controversias. Jiang Gaoming, del Instituto de Botánica de la Academia China de Ciencias, fue uno de los primeros investigadores en manifestar su oposición. Según él, esta reforestación masiva se haría en detrimento de los recursos hídricos para las generaciones futuras. El uso de árboles para combatir la desertificación es mucho menos eficaz que cubrir el suelo con pastos, que requieren menos agua.
Otros investigadores afirman que modificar a la fuerza la vegetación de una región con fines ecológicos no es un enfoque sensato. Al menos, esto “requiere absolutamente un análisis caso por caso”, según la hidróloga francesa Emma Haziza.
Esta experta francesa pide prudencia: “En el momento en que se modifica un entorno extremadamente árido y se empieza a plantar de forma masiva, hay muchísimos factores que determinarán si es una buena o una mala idea. Si, por ejemplo, se tienen acuíferos muy sensibles a las olas de calor y se aumenta el número de días calurosos, plantar árboles que extraigan masivamente toda el agua del acuífero para devolverla a la atmósfera sin duda permitirá que llueva más en un país un poco más lejos, tal vez a 1.000 km unos diez días después, pero a nivel local, vamos a perder un recurso. Estamos ante un sistema complejo que requiere integrar una serie de variables”.
Repercusiones en el ciclo atmosférico
Además de los riesgos potenciales de agotamiento, el pasado octubre, un estudio de expertos chinos y europeos publicado en Earth’s Future destacó que los cambios en la cobertura del suelo redistribuyen los recursos hídricos de China… a través del ciclo atmosférico.
Entre 2001 y 2020, observaron así un aumento de las precipitaciones en la meseta tibetana. Por el contrario, este volumen disminuyó en el este y, sobre todo, en el noroeste de China. El artículo subrayaba la importancia crucial de comprender estos impactos para planificar una gestión sostenible de los recursos hídricos y terrestres en China.
Al ser preguntada sobre este punto, Yang Jiani aclara que el estudio “no evaluó directamente las variaciones de las aguas subterráneas, ni cuantificó los impactos específicos sobre el ciclo regional del agua. Por lo tanto, este artículo no nos permite confirmar la existencia de un riesgo de sobreexplotación de los recursos hídricos en el futuro”.
Un modelo único
¿Qué hay de su capacidad para capturar carbono? “Un cinturón verde tan extenso, que se extiende a lo largo de miles de kilómetros, sin duda modificará el sumidero de carbono, pero ¿por cuánto tiempo?”, se pregunta finalmente Emma Haziza. Los sumideros de carbono dependen del ciclo del agua, y este último está directamente relacionado con el ciclo del carbono. Así, mientras el suelo esté completamente húmedo, puede constituir un sumidero de carbono; una vez seco, esta función desaparece”.
El cambio natural de la cobertura del suelo pudo haber existido en el pasado. El desierto del Sáhara, por ejemplo, era un territorio bien regado, pero el cambio en la dirección de los vientos dominantes lo transformó poco a poco en un desierto. Pero cuando este cambio lo lleva a cabo el ser humano, sería conveniente realizar estudios más amplios y utilizar herramientas modernas, como la hidrología espacial, para analizar si reverdecer el desierto es un camino a seguir.
Li Zhaoxin, investigador principal del CNRS en Francia, también confirma a RFI que la modificación de la circulación atmosférica regional y del ciclo del agua podría generar resultados inesperados. Este campo de investigación, aún reciente y prometedor, ha dado lugar a resultados a veces incoherentes, e incluso contradictorios.
Yang Jiani admite que el modelo no es necesariamente replicable en otros lugares: “El caso del desierto de Taklamakán es relativamente poco común a escala mundial por varias razones. En primer lugar, representa décadas de inversión continua por parte de un solo país. En segundo lugar, se basa en la selección de especies adaptadas localmente, respaldada por un seguimiento científico, e integra la ingeniería y la ecología. No se trata de un modelo fácilmente reproducible. De hecho, cada país cuenta con recursos hídricos, capacidades de autodepuración y sistemas de gestión diferentes. El caso del desierto de Taklamakán constituye más una demostración de viabilidad que una solución universal. Cada país debe adaptarse a su situación específica”.
El beneficio de las inversiones sostenibles
China posee actualmente la mayor superficie boscosa del mundo. Desde la década de 1980, su superficie forestal ha aumentado en unos 41,5 millones de hectáreas, de las cuales más del 70 % se debe a la reforestación artificial. Según una evaluación de la Universidad de Pekín, la vegetación china ha experimentado un reverdecimiento continuo entre 2001 y 2023, a un ritmo tres veces superior al promedio mundial.
“Grandes instituciones como las Naciones Unidas y el Banco Mundial podrían tener que invertir continuamente en estos proyectos para replicar esta experiencia”, añade Yang Jiani. “Nuestro artículo destaca principalmente que, con una gestión científica e inversiones a largo plazo, incluso las zonas desérticas más remotas y áridas pueden convertirse en sumideros de carbono funcionales. Sin embargo, en el futuro habrá que encontrar un equilibrio entre las ganancias de carbono y la seguridad de los recursos hídricos”.
A pesar de estas limitaciones, el modelo chino se exporta bien, ya que la Gran Muralla Verde de África se inspira en él. Iniciada en 2005 por la Unión Africana, tiene como objetivo atravesar todo el continente a lo largo de 7.800 km con un corredor de 15 km.
Sin embargo, este proyecto panafricano tiene un éxito moderado, o incluso se ha estancado, por razones políticas y financieras. Esto no impide que China siga promoviendo para África la experiencia llevada a cabo en el Taklamakán.
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