RFI ¿Cuál es la plaza del deporte en la emancipación y el camino hacia la igualdad?
Guila-Clara Kessous: Para mí, el deporte es una herramienta maravillosa de emancipación porque nos enseña algo muy sencillo: a confiar en nuestro cuerpo y en lo que somos capaces de hacer. Y para las mujeres esto es especialmente importante. Durante mucho tiempo, el cuerpo de las mujeres ha estado controlado, juzgado, condicionado por la sociedad, y el deporte permite cambiar esa mirada. Nos ayuda a recuperar nuestro cuerpo como un espacio de libertad, de fuerza y de confianza.
Cuando corres, nadas, luchas o —en mi caso— cuando subes por una cuerda, no estás pidiendo permiso para existir. Estás actuando, avanzando y superando tus propios límites. Descubres que tu cuerpo no es solamente algo que los demás miran, sino algo que tú puedes utilizar para conquistar tu libertad.
También creo muchísimo en la diplomacia deportiva. El deporte tiene algo extraordinario: todo el mundo puede entenderlo, aunque no hablemos el mismo idioma o vengamos de culturas muy diferentes. Puede reunir a personas de países enfrentados y crear un espacio de respeto, de diálogo y de encuentro.
Aquí entra otra idea que me interesa mucho: el emprendimiento diplomático. Para mí, significa crear proyectos que unan la cultura, el deporte, el compromiso social y la diplomacia para generar cambios reales. Creo que hoy la diplomacia no tiene que estar solamente en manos de los políticos o de las instituciones. También podemos hacer diplomacia a través del arte, del deporte y de nuestras propias iniciativas.
Cuando una niña ve a una mujer ganar una competición, subir a una montaña o conseguir algo que parecía imposible, puede pensar: "¿Y por qué yo no?".
¿Logran las mujeres sentirse hoy en igualdad de condiciones que los hombres en el deporte?
Mi experiencia en la UNESCO me ha permitido conocer a mujeres de culturas y realidades muy diferentes. Y hay algo que he aprendido: la igualdad no basta con escribirla en los textos o proclamarla en los discursos. Las mujeres tienen que poder sentirla en su vida cotidiana, y creo que el deporte puede ayudar muchísimo en ese sentido.
Cuando una mujer entra en un espacio deportivo en el que antes no podía estar, ya está haciendo algo muy importante: está ocupando su lugar. Empieza a descubrir de lo que es capaz y gana confianza en sí misma.
Hay además una dimensión que me interesa especialmente: el deporte como terapia. Soy arte terapeuta y siempre he considerado que el cuerpo es un espacio de expresión. Para mí, el deporte también es una forma de arte. Pensemos en la danza, en el movimiento, en la performance. El deporte tiene todo eso: emoción, ritmo, creatividad y expresión corporal.
De hecho, soy directora del World Forum, un foro que celebra todas las formas de arte, y para mí es importante incluir también el deporte en esta visión, porque el cuerpo en movimiento es una forma de expresión artística.
Creo que el deporte puede tener un papel muy importante en la reconstrucción personal, especialmente para mujeres que han vivido situaciones de violencia, traumas o discriminación. Volver a sentir su cuerpo, recuperar su fuerza, poder moverse libremente… Todo eso puede ayudarles a recuperar la confianza y a sentirse dueñas de su propia historia.
Eso sí, el deporte no elimina automáticamente las desigualdades. Una mujer puede ganar una medalla y seguir cobrando menos que un hombre, tener menos visibilidad o menos oportunidades de acceder a puestos de responsabilidad. Por eso, el verdadero reto es conseguir que el deporte transforme también nuestra sociedad.
Cuando una niña ve a una mujer deportista triunfar, puede decirse: "Yo también puedo hacerlo. Yo también tengo derecho a ser fuerte". Y para mí, eso es fundamental. No se trata de que las mujeres sean como los hombres, sino de que puedan ser plenamente ellas mismas, con la misma libertad y las mismas oportunidades.
¿Cómo muestra la película "A Woman on the Rope" esta lucha por la igualdad?
La película Woman on the Rope nació de una experiencia muy personal. Cuando era pequeña, no conseguía subir por una cuerda, y más adelante decidí enfrentarme a ese desafío. Cuando finalmente conseguí llegar arriba, me hice una pregunta: "Si yo he podido superar ese miedo y ese límite, ¿por qué otras mujeres no podrían hacerlo también?".
Así es como la cuerda se convirtió en algo mucho más que un objeto deportivo. Para mí, representa el camino de las mujeres hacia la igualdad. Cada movimiento, cada esfuerzo, cada vez que buscamos un nuevo agarre, representa algo de ese recorrido. Porque la historia de las mujeres también es una historia de obstáculos, de luchas, de avances y, a veces, de retrocesos.
Lo que quería hacer con esta película era mostrar la igualdad de una manera diferente. No quería limitarme a hablar de derechos o de estadísticas, sino mostrarlo a través del cuerpo: que se pudiera ver el esfuerzo, sentir la dificultad, entender lo que significa tener miedo y, aun así, seguir adelante.
Esta idea está muy relacionada con mi trabajo como directora de FeminaVox. Celebramos el 8 de marzo en la UNESCO con motivo del Día Internacional de los Derechos de las Mujeres, y es una ocasión muy especial para reunir a mujeres de diferentes países, darles voz y crear un espacio de diálogo sobre sus derechos, sus experiencias y sus logros.
Para mí, FeminaVox y Woman on the Rope tienen algo en común: los dos proyectos buscan dar visibilidad a las mujeres y demostrar que nuestras voces, nuestras experiencias y nuestras capacidades tienen que ocupar un lugar en la sociedad.
También creo que el cine, el arte y el deporte pueden ser herramientas extraordinarias de diplomacia. Una película puede viajar de un país a otro, llegar a personas de culturas muy diferentes y abrir conversaciones que quizás no habrían tenido lugar de otra manera. Eso es lo que yo llamo emprendimiento diplomático: utilizar la creatividad para construir puentes y hacer avanzar causas que nos afectan a todos.
¿Qué mensaje quiere transmitir con esta película?
Hay algo que me gustaría que el público se llevara después de verla: la asunción nunca es fácil. A veces avanzamos, a veces nos detenemos, a veces tenemos miedo de caer. Pero lo importante es seguir intentándolo.
Quiero que cada mujer que vea esta película pueda pensar: "Yo también puedo subir. Yo también puedo llegar más alto". Porque la igualdad no es una cima reservada a unas pocas mujeres. Es un camino que tenemos que hacer posible para todas.
Y cuando las mujeres se elevan, no son solamente ellas las que avanzan. Es toda la humanidad la que sube con ellas.
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