En una carta de despedida que escribió a sus hijos, Caamaño les dice: “Como revolucionario comunista los exhorto a formarse en el ejemplo del Che, héroe americano de cuyo pensamiento revolucionario y actitud práctica y ejemplarizante nos nutrimos las generaciones presentes y aún más las venideras. Debo recordarles, hijos míos, que el hombre nuevo, el hombre del socialismo, el hombre del comunismo es y ha de ser hombre de formación integral, donde solo con la ciencia del marxismo-leninismo podrá alcanzar su pleno desarrollo. Estudiar y formarse políticamente es imprescindible para alcanzar esos objetivos. Su patria chica Santo Domingo los va a necesitar, y no solo a ustedes, el internacionalismo genera una conciencia y una fuerza extraordinaria en el pueblo y lo prepara para el futuro, y este pueblo ayuda y ayudará con su esfuerzo a los pueblos hermanos 

El coronel Francisco Alberto Caamaño se convirtió en Román el guerrillero.

5-Caamaño de militar a guerrillero

La Revolución de abril de 1965 fue el crisol que inició el proceso de transformación política del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien pasó de ser un militar formado con las ideas anticomunistas en el marco de las academias militares del régimen trujillista y de los Estados Unidos, a convertirse en 1963 en un soldado democrático, en 1965 en un patriota antiimperialista y en 1973 en un revolucionario socialista y comunista, que había abrazado con gran convicción el ideal del marxismo-leninismo, así como el guevarismo en las condiciones concretas de América Latina y el Caribe.

Así lo revela el propio Caamaño en una carta enviada a su esposa María Paula Acevedo (Chichita) el 16 de octubre de 1967:

Antes de la Guerra Patria de Abril tenía un modo de ver las cosas y mis sentimientos humanos estaban embotados por el mismo ambiente en que me desarrollé, que si bien aparentaban ´nobleza´ en su periferia, este mismo ambiente estaba podrido en su centro, y puedo decir que solo la honestidad y la rebeldía a las cuestiones ´tradicionales´ eran las principales motivaciones de mis inquietudes. Solo conocía mi país y mi pueblo por los libros de ´Historia´ y por el ´ambiente´ mismo en que me desenvolvía; pero es precisamente la historia, la que se forja con los hechos, la que se vive, la que me tenía reservado mi verdadero destino.[2]

María Paula Acevedo, quien fuera la esposa del coronel Caamaño.

Como se puede visualizar, la Guerra de Abril de 1965 constituyó el punto de partida de la transformación humana y política del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien reconoce que antes de ese acontecimiento su vida era superficial y solo vivía de la apariencia de las cosas, aunque reconoce que la misma estaba asentada en dos valores fundamentales: la honradez y la rebeldía.

Más adelante Caamaño da detalles de todas aquellas cosas que contribuyeron a transformar su vida y su pensamiento:

Cuatro meses y medio de lucha armada hombro con hombro con el pueblo, son experiencias interesantísimas que tienen forzosamente que pesar en la vida de los hombres.

Caamaño mientras ejercía las funciones de Agregado Militar de la Embajada Dominicana en Londres.

Ver a nuestro pueblo peleando con palos y piedras contra mortíferas armas, ver a nuestro pueblo derramando su sangre con heroísmo sin par, conocerlo en toda su grandeza y en toda su desgracia, tienen que transformar la admiración y el respeto en algo más y es esto precisamente lo que transforma los hombres y los hace verdaderos humanos, capaces de diferenciarse de las bestias que pertenecen al mismo reino.

Ahora bien, en la lucha he conocido a nuestro pueblo y me he incorporado a él, también he conocido la causa principal de su desgracia, el mil veces maldito imperialismo yanqui, único responsable de todas las desgracias que sufren no solo el pueblo dominicano sino todos los demás pueblos de América y del mundo que luchan por su libertad tratando de arrancarse la más despiadada explotación impuesta directamente por este, y con la participación de sus lacayos, las oligarquías sin patrias y sin moral.

Mientras antes no tenía más que inquietudes, hoy tengo una filosofía de la vida firme y sólida en base a las experiencias, hoy me siento profundamente humano y decidido a luchar por la humanidad; hoy, al pensar en nuestros hijos, pienso también en los millones de niños no solo de nuestra patria sino en el mundo entero, y viendo el estado de miseria y explotación en que viven tanto seres humanos y conociendo como conozco la verdadera razón de ese estado de cosas, siento más firmeza que nunca en luchar por una humanidad mejor, por la superación del hambre, por su liberación.

Yo soy primero que nada revolucionario, después dominicano; luchar por la liberación de nuestro pueblo es mi fundamental misión, y lucharé hasta conseguirlo o caeré en el intento; este creo es el modesto aporte que puedo dar a la consecución de un mundo mejor.[3]

No queda ninguna duda de que la Guerra Patria de Abril de 1965 fue la que transformó totalmente la filosofía de vida y la forma de pensar del coronel Francisco Alberto Caamaño, de una persona que vivía una vida de oropel a otra persona sensible, comprometida con la humanidad, con su pueblo y con toda América en la lucha contra el imperialismo norteamericano y contra las oligarquías criollas.

En una carta fechada el 23 de febrero de 1966, Caamaño le escribe a su amigo, el excanciller constitucionalista, Jottin Cury, en la cual se queja por el incumplimiento por parte del gobierno y los sectores oligárquicos de los acuerdos arribados en el proceso de negociación que puso fin a la Revolución de Abril de 1965, expresa que se siente más unido a la patria y a los hombres y mujeres que defendieron con dignidad los intereses del país, al tiempo que manifestó que estaba confiado en hacer la revolución una vez asumieran el poder. En los siguientes términos Caamaño le escribe a Cury:

Mi estimado amigo:

A lo mejor pensarás que la buena vida en Londres me ha hecho olvidar al célebre canciller de hierro dominicano, pero no es así, al contrario, al estar en estas tierras lejanas me siento más obligado y más unido a la patria y a los hombres que con dignidad defendieron los intereses nacionales; de veras te digo, amigo mío, que cuanto más días pasan, más me duele haber salido de Santo Domingo; no obstante de saber que algunos amigos lo creyeron una necesidad, yo también estaba de acuerdo con esto a pesar de las incumplidas promesas, los no cumplidos compromisos de nuestro Gobierno con respecto a la situación de los grotescos militares que solo luchan por sus propias conveniencias, sin importarles los sufrimientos de los demás.

El abogado Jottin Cury fue el Canciller del Gobierno Constitucional de Caamaño.

Nunca confié que lográsemos un 100% de estos compromisos, como tampoco me imaginé que los mismos criminales de siempre fueran capaces de ametrallar a un pueblo indefenso; no obstante, de todo esto, nosotros sabemos, como revolucionarios que somos, que todos estos muertos que ensangrientan nuestras calles están dando su sangre no por ellos mismos, ni siquiera por nuestra generación; sino por generaciones futuras, quizás por sus hijos y sus nietos; ahora bien, lo importante no estriba en vivir dignamente, sino en saber escoger el momento de morir dignamente. Eso han hecho esos jóvenes estudiantes que aún no han conocido ni la tercera parte de la vida y ya son héroes nacionales. Amigo mío, no quedarán impunes estos hechos después de pensarlo con todo el detenimiento y analizarlo con todo el cuidado. Sigo soñando que desde el poder haremos la revolución, pues no nos podemos engañar de que mientras estén en nuestro país los yanquis invasores no habrá posibilidad de darle a nuestro pueblo lo que tanto se merece: libertad, cambios socioeconómicos y todas esas cosas que son tan necesarias para echar nuestro país hacia adelante.[4]

Estas palabras revelan que Caamaño estaba dispuesto a continuar la lucha por la transformación profunda de la República Dominicana a través de la puesta en marcha de una revolución que le devolviera la libertad al pueblo, que cambiara las estructuras socioeconómicas del país y le permitiera vivir con dignidad.

En carta fechada el 11 de marzo de 1966 remitida al comunicador social Ercilio Veloz Burgos, a quien Peña Gómez llegó a calificar como reformista de la luz, Caamaño le expresa sin ambaje:

El periodista y locutor Ercilio Veloz Burgos, productor del programa El Pueblo Cuestiona.

Ya llegará el día, y bien pronto, en que los animales que se creen hoy fuertes por el apoyo extranjero estarán más débiles que nunca, pues no olvidemos que una revolución no se hace en un día, una semana, un mes ni un año, toma tiempo; pero siempre se lleva a cabo y nuestro pueblo no hay poder humano que lo doblegue y seguirá adelante.[5]

Como se puede observar, en Caamaño estaba clara la idea de llevar a cabo la revolución para transformar las condiciones de vida del pueblo dominicano, pero también era consciente que la revolución no es el resultado de la inmediatez, sino que conlleva tiempo su preparación y su realización efectiva.

Narciso Isa Conde, entonces Secretario General del Partido Comunista Dominicano (PCD).

En una comunicación del 11 de julio de 1968 de Francisco Alberto Caamaño al Comité Central y al Secretario General del Partido Comunista Dominicano -PCD-, Narciso Isa Conde, el líder de abril de 1965 destaca la importancia de la unidad para combatir mediante la guerra revolucionaria al imperialismo norteamericano y a sus lacayos, en los siguientes términos:

En el caso de esa organización política, he considerado su disposición de prepararse para la lucha contra el imperialismo y, sobre todo, su actitud unitaria tendiente a la consecución de acuerdos para los fines de la guerra y de la revolución. Ciertamente, he considerado un deber insoslayable en estos difíciles momentos por que atraviesa la lucha de nuestro maltratado pero combativo y heroico pueblo, la dedicación de los mayores esfuerzos encaminados a unificar todas las organizaciones revolucionarias, a coordinar nuestras actividades con el objetivo de sentar las bases para el desarrollo de una guerra nacional liberadora y para la formación, a partir de esa guerra, de un frente amplio de lucha antiyanqui donde, básicamente, se tome en cuenta la actividad militante y decidida de luchar contra el enemigo número uno de nuestro pueblo y de toda la humanidad. Pienso que solo consiguiendo esa unidad de nuestro pueblo y de los revolucionarios, con el desarrollo de esa lucha armada, podremos dar al traste con esa dominación de siglos e implantar un gobierno revolucionario que permita iniciar un camino vertical e independiente en el desarrollo de nuestra economía, de nuestra política, de nuestra cultura y de toda nuestra vida social. Ese es el aspecto esencial que nos puede permitir romper las trabas del subdesarrollo a que nos atan los monopolios del imperio y, al mismo tiempo, es la base de la integración de la nueva sociedad libre de toda explotación del hombre por el hombre[6].

Caamaño con barba mientras se entrenaba en Cuba para encabezar una guerrilla con el gobierno dictatorial del Dr. Joaquín Balaguer.

El coronel Caamaño tenía la concepción de que el inicio de la guerra revolucionaria debía partir, fundamentalmente, de la lucha guerrillera en las zonas rurales, que consideraba como el centro y embrión del futuro Ejército de Liberación Nacional; no estaba de acuerdo con darle prioridad a las insurrecciones urbanas, aun se realizaran de forma simultánea en varias ciudades, por cuanto la experiencia de Abril de 1965 le había demostrado que el imperialismo cuenta con el poderío suficiente para aislarlas de las zonas rurales y al mismo tiempo disponer de grandes recursos para impulsar la lucha antiguerrilla.

En carta del mes de septiembre de 1971 enviada por el líder del movimiento político Los Palmeros, Amaury Germán Aristy, da todos los detalles de su vinculación con el proyecto político-militar que desde Cuba estaba desarrollando Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien en lo adelante asumiría el nombre revolucionario de Román:

El líder del movimiento Los Palmeros, Amaury Germán Aristy (Colección Alejandro Paulino Ramos, AGN).

La formación de nuestra organización en 1967 es fruto de la decisión de los compañeros más destacados del grupo Palmeros que militábamos en el 14 de Junio, decisión individual y voluntariamente adoptada de entregarnos a un nuevo movimiento revolucionario bajo la dirección del compañero Román.

Grande fue nuestra impresión cuando, una vez en contacto con el compañero Román, comprobamos no solo que teníamos unidad de propósitos, sino que, además, este tenía una concepción mucho más elaborada y profunda que la nuestra e incluso de mucho mayor alcance y justeza. Fue para nosotros altamente estimulante reconocer que nuestra decisión de colocarnos bajo el mando de Román se justificaba plenamente, no solo por las razones originales, sino por el hecho, nuevo para nosotros, de que este tenía criterios más avanzados y correctos que los propios nuestros; a todo lo anterior, se fue agregando más tarde la confianza de tener como jefe un compañero de mucho más capacidad militar que la nuestra.[7]

A partir de entonces, las relaciones entre Los Palmeros y el proyecto político-militar de Caamaño se solidificaron, a pesar de tener algunas diferencias de percepción en torno al apoyo de la Revolución Cubana al proyecto revolucionario del Coronel de Abril, hasta el punto de que estos se constituirían en su avanzada política cuando se iniciara la guerra revolucionaria en la República Dominicana.

Al producirse, primero la persecución tenaz de Los Palmeros, a quienes el gobierno de Balaguer acusaba de diferentes acciones armadas -entre ellas la sustracción mediante asalto de un monto de 60,000 dólares al The Royal Bank of Canadá- y luego el acorralamiento y muerte de cuatro de sus más destacados dirigentes (Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo, Ulises Cerón y Bienvenido Leal Prandy "La Chuta") en una casa apartada, ubicada en el Kilómetro 14 de la Autopista Las Américas, el 12 de enero de 1972, el proyecto político-militar de Caamaño sufrió un gran revés.

Ramón Emilio Jiménez hijo (Milo) era el Secretario de las Fuerzas Armadas de Balaguer cuando asesinaron a Amaury Germán Aristy y Los Palmeros y a Francisco Alberto Caamaño y varios de sus compañeros de Playa Caracoles.

Las tropas permanecieron durante toda la madrugada. Los movimientos de vehículos y soldados que se aglomeraban por los alrededores pasaban desapercibidos. El punto de inflexión fue a las 5:00 de la mañana, momento en que los efectivos policiales y del ejército iniciaron el ataque que tomó por sorpresa a Cerón y a La Chuta, quienes cayeron de inmediato.

La batalla del 12 de enero de 1972 y las acciones contra Caamaño son las más desiguales de la Historia Dominicana.

No obstante, Amaury y Virgilio pudieron refugiarse en la cueva que estaba detrás de la casa, quienes combatieron hasta pasadas las 4 de la tarde. Allí se establecieron con armas y fusiles para combatir a más de 2,500 soldados y artillería pesada. Llegaron tanques, carros blindados, helicópteros e incluso aviones con insignias de la bandera estadounidense.

El lugar había sido declarado como «Zona de Guerra» por el secretario de las Fuerzas Armadas, Ramón Emilio Jiménez (Milo); hubo organizaciones religiosas y académicas que propugnaban por un acuerdo que culminara con la batalla para salvar la vida de los dos miembros de Los Palmeros y salvaguardar a los efectivos que los combatían. Pero todo fue en vano, la decisión del presidente Balaguer, de Milo Jiménez y del gobierno norteamericano era la de no dejar vivo a ninguno de los combatientes revolucionarios.

El guerrillero Hamlet Hermann fue uno de los sobrevivientes de la expedición de Playa Caracoles que comandó Caamaño.

Aunque hay muchos otros episodios en sus cartas dirigidas a diferentes compañeros de ideal y a su familia, que dan cuenta de su transformación política y filosófica, queremos mostrar el cambio radical a que llegó Caamaño apenas un mes antes de embarcarse en la expedición de Playa Caracoles, en la correspondencia enviada a sus hijos Alberto, Francisco y Paola de fecha 17 de enero de 1973:

Como revolucionario comunista los exhorto a formarse en el ejemplo del Che, héroe americano de cuyo pensamiento revolucionario y actitud práctica y ejemplarizante nos nutrimos las generaciones presentes y aún más las venideras.

El barco Black Jack en que desembarcaron Caamaño y sus compañeros por Playa Caracoles, Azua.
El Coronel Caamaño (Comandante Román) junto a su esposa e hijos en Cuba.

Debo recordarles, hijos míos, que el hombre nuevo, el hombre del socialismo, el hombre del comunismo es y ha de ser hombre de formación integral, donde solo con la ciencia del marxismo-leninismo podrá alcanzar su pleno desarrollo. Estudiar y formarse políticamente es imprescindible para alcanzar esos objetivos.

Su patria chica Santo Domingo los va a necesitar, y no solo a ustedes, el internacionalismo genera una conciencia y una fuerza extraordinaria en el pueblo y lo prepara para el futuro, y este pueblo ayuda y ayudará con su esfuerzo a los pueblos hermanos en su lucha frente al enemigo común, el imperialismo yanqui.[8]

Qué asombroso y grandioso es ver la transformación total de un hombre que, como Francisco Alberto Caamaño Deñó, fue formado en las filas de las fuerzas armadas trujillistas y anticomunistas -que en ocasiones tuvo que cumplir órdenes superiores de reprimir al pueblo- y que ese mismo pueblo con su bravura de leyenda lo convirtiera en un soldado y en un líder de la patria hasta llegar a abrazar la perspectiva del hombre nuevo del Che Guevara, al tiempo de asumir en todas sus fases y consecuencias el socialismo, el comunismo y el marxismo-leninismo como filosofía política de vida.

[1]Caamaño, Francisco Alberto. Correspondencias 1966 a 1973. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2023, pp. 478-79.

[2] Ibidem,  pp. 145-146.

[3] Ibidem, pp. 146-147.

[4] Ibidem, pp. 17-18.

[5] Ibidem, p. 20.

[6] Ibidem, p. 208.

[7] Ibidem, pp. 377-380.

[8] Ibidem, pp. 478-79.

Juan De la Cruz

Historiador y profesor universitario

Juan de la Cruz. Doctor en Historia Contemporánea y Máster Universitario en Filosofía en el Mundo Global, Universidad del País Vasco, España. Doctorado en Ciencias de la Educación, Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” de Cuba y Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Maestría en Educación Superior, Universidad Iberoamericana (UNIBE). Licenciado en Historia, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Docente de la Escuela de Historia y Antropología de la UASD. Comunicador Social. Premio Anual de Historia 2017 “José Gabriel García”, Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Autor de más de una docena obras de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía. delacruzjuan508@gmail.com

Ver más