Uno de los grandes malestares de la cultura actual es el reduccionismo; es decir, la tendencia a simplificar en exceso fenómenos complejos, como si tuvieran una sola causa, y buscarle a problemas difíciles soluciones rápidas y sencillas.

Un ejemplo claro es la tragedia de la discoteca Jet Set, la más catastrófica del país y de las mayores del mundo.

El hecho ocurrió, según las evidencias e informes de especialistas en ingeniería, por una combinación de factores: sobrecarga con equipos pesados —como tinacos y maquinarias—, fallas de diseño y deficiencias estructurales. A esto se sumó la negligencia en el cumplimiento de normas, evidenciada en la falta de supervisión, el desorden institucional y prácticas improvisadas en el proceso de construcción. El resultado, evitable, fue la pérdida de 236 vidas.

Desde la psicología, y apoyándonos en los aportes de Daniel Kahneman, el único psicólogo ganador de un Premio Nobel, en particular sus planteamientos sobre los dos modos o sistemas de pensamiento: el automático y el racional; además de revelar la poderosa regla de creer que lo que uno ve es todo lo que existe. Estos se manifiestan en lo que él llama sesgos cognitivos o errores de juicio, que no son aislados sino mecanismos de la mente humana para ahorrar energía, y se intensifican en situaciones críticas. Tienden a minimizar señales de alerta, a tolerar riesgos innecesarios y a pensar y decidir de manera apresurada, aunque conlleven consecuencias catastróficas.

En esta tragedia, posiblemente influyeron estos sesgos o errores cognitivos.

El optimismo irracional trata de reducir la probabilidad de que ocurran hechos negativos, incluso frente a señales claras de advertencia. En este caso, hubo quejas y alertas de testigos sobre las fallas. Pero sus propietarios posiblemente creían que "no iba a pasar nada".

El exceso de confianza consiste en sobreestimar la experiencia y los conocimientos. Los técnicos a cargo del mantenimiento de la edificación creían que controlaban la situación. Este error es muy frecuente en profesionales y expertos, quienes confían demasiado en su capacidad y no tanto en las condiciones reales, que a menudo dependen del azar.

El sesgo de confirmación induce al individuo a buscar información que confirme lo que él cree y a evitar la que lo contradice. Así se ignoran o minimizan datos opuestos.

Comprender estos mecanismos no exime de responsabilidad, pero permite entender cómo se originan las decisiones humanas en situaciones de riesgo, y ofrecen una oportunidad para corregirlas.

La memoria de esta tragedia no debe quedarse en la indignación pasajera. Las lecciones aprendidas deben traducirse en cambios reales, para que hechos como estos no se repitan.

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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