Ante la dura política migratoria impuesta por el presidente Donald Trump desde enero de 2025, grupos religiosos comprometidos con los líderes del Partido Demócrata fuera del poder lanzaron una nueva narrativa estratégica.
La nueva tarea de los demócratas religiosos es preguntar en las redes sociales cuál sería la reacción del hijo de Dios a la política migratoria que aplica Trump.
Si Jesucristo pudiera opinar al respecto, estoy seguro de que, acongojado, diría que estaría totalmente avergonzado e indignado. No por lo que está sucediendo ahora en la administración republicana, sino por lo que sucedió en la administración del expresidente Joe Biden.
Avergonzado al ver con impotencia cómo en el gobierno de Biden se permitieron procedimientos médicos irreversibles en niños con sus cambios de sexo, y enseñanzas sexuales en las escuelas infantiles a partir de los 6 años inapropiadas para sus edades.
Igualmente, entristecido por la permisividad de abortos en estado avanzado del embarazo que provocaron la muerte de muchas jóvenes madres.
Jesús hubiera manifestado su indignación por la política de doble moral que llevan a cabo los demócratas en defensa de los emigrantes indocumentados. Mientras se comprueba que en las administraciones de los expresidentes Barack Obama, Bill Clinton y Joe Biden hubo más deportaciones que en otros gobiernos.
En esas administraciones hubo más niños reportados como desaparecidos, cientos enjaulados bajo la vigilancia del departamento de inmigración tras separarlos de sus padres que habían sido deportados.
Todos los santos en el reino de los cielos saben que los centros de detención de migrantes estuvieron marcados por fallas documentadas en la atención médica, contribuyendo a muertes prevenibles, todo bajo la administración de Barack Obama.
Resulta extraño para los ojos de Dios que, durante la administración del expresidente demócrata, 67 personas murieran bajo custodia de ICE y no hubo protestas ni disturbios como esta sucediendo hoy en día por la muerte recientemente del enfermero Alex Pretti en Mineápolis.
Por otro lado, es casi seguro que alguna condena desde el reino de los cielos pudo haberles aplicado a los demócratas por abrazar como si fuera suya la agenda Woke y la globalista 2030 de los lideres europeos que tanto daño ha causado a los países que tenían bajo su control político y económico.
Es casi seguro que también hubiese criticado duramente la política sin frontera que permitieron la entrada no solo personas humildes y honesta en busca de mejor vida dentro de los EE.UU, sino el ingreso de millares de delincuentes de todo tipo que alteraron la paz y la tranquilidad en los Estados donde se asentaron.
¿Qué diría Jesús si pudiera hablar sobre la política migratoria, salud, economía y control geopolítico que está aplicando el presidente Donald Trump?
Sencillamente, comentaría que, aun siendo menos carismático que Obama, Clinton y Biden, va por el camino correcto acorde a los intereses de los EE.UU y no de los intereses de lideres de gobiernos extranjeros.
Aún faltan tres años por recorrer y muchas cosas le pueden salir bien y otras mal al mandatario estadounidense.
Los lideres demócratas globalistas que controlan al partido no cesarán en hacer fracasar a la administración de Trump por las medidas internas e internacionales que está tomando.
Lo intentarán con todas las artimañas legales e ilegales que otorga la política porque Trump no deja de golpearlos en todos los ámbitos.
Por el momento, el mandatario republicano continúa el segundo año de su segundo mandato navegando los mares capitaneando su nave con las velas desplegadas, utilizando los vientos huracanados de la oposición que lo impulsan a llegar a puerto seguro como lo ha planeado.
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