Para ilustrar a los más jóvenes, sintetizaré algunos hechos públicos avalados por testimonios y fuentes confiables que demuestran la responsabilidad del tirano Rafael Trujillo en el horrendo asesinato de las heroínas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal Reyes, junto al mártir Rufino de la Cruz, el 25 de noviembre de 1960. Un crimen que sacudió a la sociedad dominicana y envalentonó algunos héroes del 30 de mayo en sus planes de ajusticiarlo seis meses después.

Desde que al general Trujillo lo proclamaron presidente de la república en unas elecciones violentas, no libres ni justas, celebradas el 16 de mayo de 1930, fue el responsable de los  asesinatos de centenares de opositores que encubrieron con las víctimas del terrible huracán de San Zenón, que destruyó la capital dominicana el 3 de septiembre de 1930; y los asesinatos  simulados como "accidentes automovilísticos", entre los que sobresalieron el del político y escritor Ramón Marrero Aristy y el acaudalado hacendado Prim Ramírez.

Uno de los libros que mæs profundiza en la persona del tirano se llama Trujillo de Cerca, del doctor Mario Read Vittini, el cual afirma, “su vida fue, de principio a fin, toda una magistral actuación teatral, calculada y desarrollada hasta en sus más mínimos detalles y escenas. (…) Dominó hasta el arte de la cosmética, para aparecer siempre fresco, lozano, activo y saludable. Y tenía que estar en todo lo que se moviera”.

Como profesor investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, me tocó producir el libro Minerva Mirabal, historia de una heroína,  -agotado, pero disponible en redes sociales- donde afirmo que, Minerva desde pequeña, leía varias horas diariamente, y desarrolló una inteligencia y cultura sorprendentes. Y  era muy admirada por la firmeza de sus ideas y la facilidad y  claridad para plantearlas. Su conflicto con el  tirano comenzó el 12 de octubre de 1949, a los 23 años, cuando en una fiesta él intentó conquistarla sentimental y políticamente. Y partir de esa noche, la encarcelaron cuatro veces.

Ella casó con el Dr.  Manolo Tavárez Justo. Y se  graduó con enormes oposiciones del tirano, como doctora en derecho con las máximas calificaciones (Summa Cum Laude),  en la Universidad de Santo Domingo en 1957. En enero de 1959, a días del triunfo de la revolución cubana, lanzó la idea de luchar para tumbar el tirano, y junto a sus cercanos actuo en ese sentido, lo que influyó en la formación del importante Movimiento Revolucionario 14 de Junio un año más tarde.

El tirano era tan violento que ordenó el asesinato del presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, el 24 de junio de 1960. Un hecho por el que sancionaron al país, países representados en la Organización de Estados Americanos.  Por lo  que   Minerva pensaba, que el tirano  no actuaría contra ellas. Y en la víspera de su sacrificio, le dijo a su médico y compadre, doctor Lajara Concepcion. “supimos de buena fuente que nos van a accidentar mañana. Pero, iremos.”

El 2 de noviembre de 1960, el tirano Trujillo, visitó Salcedo y declaró: “Yo solo tengo dos problemas: los curas y las Mirabal. ¡Cuánto daría por resolverlos!”.

La cuarta hermana, doña Dedé Mirabal, sobrevivió porque su esposo, Jaime Fernández, advertido por informantes o calieses del Servicio de Inteligencia Militar -SIM-,  sobre los planes del asesinato, le prohibió viajar con sus hermanas.

Los autores materiales los apresaron y juzgaron en un  juicio transmitido por televisión,  donde confesaron su participación en los hechos y los condenaron a penas de 30 y 20 años de prisión. Declararon que como militares cumplieron órdenes superiores, y actuaron para salvar sus propias sus propias vidas.

En  el libro Trujillo: Historia oculta de un dictador  de Victor Alicinio Peña Rivera, afirma que la orden del tirano la recibió del Ministro de las Fuerzas Armadas Gral Jose René  Román Fernández, y este la transmitió al mayor Candito Torres, Jefe del SIM a nivel nacional, quien se la impartió a él, como jefe del SIM en Cibao con estas palabras: “Tú deberás prepararle una emboscada a las Mirabal en la carretera, matarlas y simular un accidente automovilístico, sin que nadie quede vivo. Ese es el deseo del Jefe”. Y él se la transmitió al cabo de la Policía y miembro del SIM, Ciriaco de la Rosa, quien dirigió al comando de acción.

La versión que pretendía desligar al tirano de este crimen la originó el propio Trujillo, cuando al día siguiente del hecho llamó a Candito Torres, del SIM, y le ordenó que investigara el hecho “antes de que se lo achaquen al gobierno”. Convencido de que hasta sus colaboradores más cercanos aborrecerían este crimen, como le ocurrió al otro día al juez que primero investigó el caso, el Dr. Ambiorix Diaz, y  a su padre don Luciano Diaz.

Cuando trabaja en mi libro, a principios de los ochenta, me reuní con el general Fausto Caamaño, padre del coronel Francis Caamaño y el señor Sacaría de la Cruz, chofer del tirano,  y ambos con cortesía y severidad se negaron hablarme sobre estos hechos.

La moraleja o lección de este relato radica en que los gobiernos dictatoriales o autoritarios, de derecha o de izquierda, deben evitarse por los horrores humanos que causan.

** Este artículo puede ser escuchado en audio en Spotify en el podcast Diario de una Pandemia por William Galván

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

Ver más