Veo en el mundo, el reflejo del hombre y con un poco de suerte, también el mío". -Georg Wilhelm Friedrich Hegel-.

El Artículo 20, inciso 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del cual somos signatarios, refiere de manera específica a los asuntos del comportamiento ciudadano en lo referente al trato digno que deben recibir las personas, sin importar su lugar de nacimiento. A esto le agregamos la posición que ocupan en la escala social derivada de su relación con el aparato productivo, lo cultural y las necesidades históricas nacidas de la desatención de los llamados a protegerlos.

Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley” ordena el numeral. Previendo y reconociendo la inclinación humana a transgredir derechos a terceros, cuando la gracia divina los coloca en situación de vulnerabilidad. Salvaguardando, al menos en la forma, la condición inherente del ser-humano por encima de ideologías, motivos étnicos o cualesquiera otros matices que propicien discriminación.

Los que nacimos en condiciones humanas de pobreza y desigualdad, que a puro pulmón hemos logrado romper la barrera del inmovilismo social, sabemos de qué es capaz un hombre con el fin de garantizar al menos el sustento a sus hijos. Lo saben también los que a mitad de la década de los setenta y finales de los noventa arriesgaron sus vidas en alta mar y atravesaron con una bolsa plástica cargada de sueños, las aguas beligerantes del Canal de la Mona.

Corrieron el riesgo, a sabiendas de los múltiples peligros del espeso mar, la inmensa sed, el sofocante calor, el frío desolador y la desesperación de no saber a ciencia cierta el destino final. Todo ello, amparados en la roca donde edificaron la ilusión de volver y ayudar a los suyos a tener una vida digna, donde no faltara pan, medicina y educación. Su “visa para un sueño”. Esa es la misión del migrante, marginado y humillado por su condición de exiliado laboral, por razones antropológicas o por simple racismo.

No muy lejos del tictac del reloj, a tan solo unos meses, un concepto del gueto trascendió a periódicos, programas radiales y televisivos, opiniones habladas y escritas, y como si fuera poco, constituyó una herramienta de campaña de los candidatos de todos los partidos: “La vuelta por México”. Ese es un reflejo social sobre el comportamiento humano, cuya tendencia genética a surcar aguas, cielos, bosques y desiertos, con el fin sagrado de sobrevivir y sobreponerse a las inclemencias de un entorno donde la mercancía marca la pauta y lo humano carece de sentido.

Los que se fueron por -La Vuelta- detrás de un sueño colgado en leyendas urbanas tienen en común con los de Friusa, anhelos, deseos de superación, familias por las que luchar, una vida que prolongar, un hogar por restaurar, comida que comprar y un lugar donde trabajar. “Lo mismo que tú” diría Leonardo Fabio. Podremos. por racista que seamos, creernos superiores a ellos porque la vida los puso en desventajas frente a nosotros, como a nosotros frente a Europa o Estados Unidos, pero nos unen la misma isla, el mismo verdugo y el espejo de la pobreza que nos invita a dejar la patria por la misión de vivir.

Joan Leyba Mejía

Periodista

Periodista, Abogado y político. Miembro del PRM.

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