Muchos dominicanos que tienen el privilegio de pagar y disfrutar las facilidades de un resort premium durante un par de días, desde el chequeo de salida (check-out, dicen) para integrarse al tráfago cotidiano y sobrevivir al insufrible tránsito vehicular de las ciudades, ironizan con la frase: “Ya de vuelta a la realidad”.

La expresión aplica para el final de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe (JJCC), el sábado 8 de agosto de 2026, con un vistoso espectáculo en el Palacio de los Deportes Virgilio Travieso Soto, remozado con fondos del estatal Banco de Reservas. Todo ha sido presentado como brillante. Hasta lo oscuro.

Nuestros atletas son héroes. Y, por si alguien alberga alguna duda, una vez más lo acaban de demostrar sobreponiéndose a hondas precariedades económicas familiares y de acceso a instalaciones apropiadas para los entrenamientos.

Por la parte del Gobierno, muy buena la organización del evento.

Los políticos saben que los pueblos necesitan estos momentitos, como catarsis. Más si están en tensión socioeconómica, como ahora, cuando abruma el encarecimiento de los productos de primera necesidad.

Casi RD$50,000 (unos 850 dólares) es la media de la canasta básica familiar, de acuerdo al Banco Central. Desde febrero de 2026, los salarios mínimos son: RD$29,988 en grandes empresas; unos 27,000 en las medianas; y cerca de 17,000 en las microempresas, ha destacado el Ministerio de Trabajo. La prima del dólar coquetea con los 60 pesos por 1.

A partir de la ceremonia inaugural de los JJCC, el 24 de julio, en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, 5,700 atletas de 37 delegaciones participaron en 40 deportes, 56 disciplinas. Hubo actividades en instalaciones de Punta Cana, provincia La Altagracia; municipio Santo Domingo Este, de Santo Domingo; Salinas, de Peravia, y en Monseñor Nouel.

El Gobierno ha dicho que la inversión total en remozamiento, rescate y construcción de infraestructuras, preparación de atletas, logística y montaje alcanzó los RD$9,000 millones (cerca de 150 millones de dólares). De acuerdo a sus datos, el costo total de la organización rondó los 185 millones de dólares.

En el portal de los juegos destacan que registraron un impacto comunicacional sin precedentes con una proyección digital de “1,039 millones de personas” para un valor equivalente en publicidad (AVE) de US$120.4 millones (plataforma internacional de monitoreo Brand 24 y el comité organizador). El monto de la contratación de tecnología de última generación para la transmisión no ha sido especificado.

Los cinco primeros lugares del medallero fueron ocupados por México (167 oro); Colombia (91), Cuba (51), Venezuela (49) y República Dominicana, con 46 preseas doradas, la mayor cantidad en la historia de los juegos (cien años). En El Salvador 2023 había obtenido 111 (25 doradas)

Si se desea más precisión que justifique los aplausos al éxito, se impone el cálculo del incremento porcentual de 2026 (Santo Domingo) respecto 2023. No es lo mismo una delegación de 300 atletas, hoy, que una de 100, hoy.

México, fundador de las competencias junto a Cuba y Guatemala, en esta ocasión trajo la delegación más grande (646), que participaron en 37 de 40 deportes; mientras, la caribeña San Cristóbal y Nieves (Saint Kitts y Nevis), la más pequeña, solo trajo 11 que participaron en cinco deportes.

A los juegos de El Salvador (2023), RD envió una comitiva de 680 personas, entre ellas 477 atletas 272 hombres, 205 mujeres). Obtuvo 111 medallas (25 de oro). En los más recientes, el número aumentó a 710 (379 hombres y 331 mujeres, 312 oficiales y técnicos, delegación de 1,022), se destaca en el portal de los juegos.

Aun con la resaca de las emociones, la realidad aflora.

Un vistazo a los grandes ganadores de las competencias revela, de entrada, que -salvo excepciones- provienen de comunidades marginadas. Tienen en común la marca indeseable de ser víctimas, junto a sus familias, de la exclusión social y objeto de uso de la propaganda.

Baste ver las historias pesarosas de la campeona olímpica Marileidy Paulino, Liranyi Alonso, Fiordaliza Cofil, Melvin Marcelino (Atletismo), Junior Alcántara (Boxeo), Ana Rosa García (Yudo), Thalía Terrero (Karate), Evelina Minaya (Salto largo femenino), Reinas del Caribe (volibol).

A la misérrima condición socioeconómica de la juventud que practica o quiere incursionar en deportes se suma otra tragedia: las instalaciones deportivas en gran parte del país están en ruinas; los deportistas, sin viviendas dignas, sin escuelas para la formación científica en las disciplinas, ni incentivos que les ayuden a mantenerse, junto a sus familias, como establece el viejo aforismo del latín: Orandum est ut sit mens sana in corpore sano (Mente sana en cuerpo sano).

En Pedernales, por ejemplo, el panorama es sencillamente desastroso, pese a que se trata de un destino de turismo sostenible emergente con la promesa gubernamental de propiciar la participación comunitaria y el desarrollo integral.

Sin embargo, los “pleis” (juvenil, amateur y pequeñas ligas) semejan potreros abandonados hace siglos. Las canchas no solo son escasas, sino que lucen escuálidas. Cada barrio debería tener una. No hay pista para atletismo ni un pabellón para prácticas de Karate, Yudo, tenis, ajedrez, boxeo, lucha olímpica. Mucho menos una piscina para natación ni un campo de fútbol.

La situación es más grave porque se trata de una provincia muy expuesta al crimen internacional, sobre todo al narcotráfico, por su frontera terrestre y marítima muy vulnerable con Anse -a- Pitre (Ansapito), Haití; por la conexión con el Caribe venezolano y colombiano. Una tentación permanente para niños, jóvenes y adultos, sin ningún contrapeso.

Después de los XXV JJCC, con la mar en calma, el momento de la evaluación sumativa (autocrítica y búsqueda de soluciones) debe llegar a las cómodas oficinas de las autoridades nacionales, porque -estemos claros- muchas más medallas de oro se hubiesen quedado en manos de RD si los deportes se practicaran de manera científica, sostenida, desde los pueblos con la niñez en primer plano. Debe ser así si no se quiere vivir en la burbuja.

No hay otra forma de lograr mente sana en cuerpo sano, ni crecimiento competitivo, si no es con la construcción del desarrollo integral de las comunidades.

Valientes son los atletas que rinden el máximo, pese al tormento de las barrigas vacías, viviendo en ranchos con letrinas, agua mala para beber, hacinados, hijos sin acceder a buenas escuelas y a la salud… con sus madres enfermas.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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