Diversos elementos nos dificultan relacionarnos con los demás. A todos podría afectarnos, pero algunos no logran detectar su limitación y posibles soluciones. Reconocer que necesitamos a los demás puede contribuir a que podamos disfrutar de una vida más plena.
Tal vez nos limite el pensar que los demás no nos quieren, nos critican, se burlan de nosotros o desean hacernos sufrir. Es hora de que te convenzas de que a los demás tus defectos no les importan tanto como crees. Normalmente no están pensando en ti, ya que están más interesados en sus propias vidas.
En una ocasión tenía dos pares de zapatos exactamente iguales, uno negro y el otro marrón. Al vestirme con prisas y con poca luz, me puse un zapato negro y otro marrón. Me di cuenta justo al llegar a una reunión. Ya no pude devolverme. Entré resignado a que sería la burla de todos. «Nadie» pudo notarlo. Descubrí que a los demás les importan muy poco mis zapatos. La mente imagina miradas que no existen.
Muchas veces nos afecta el pensar lo que los demás dirán de nosotros y la mayoría de las veces no dicen nada.
Quien emplea demasiado tiempo en criticarte o burlarse de ti podría tener más problemas que tú. Podrías pensar: «todos me criticarán», pero notarás que la mayoría prestará muy poco caso a lo que te preocupa. Lo que verdaderamente necesitas es tu autoaceptación, aunque la validación de otros puede facilitar reforzar la propia.
Las personas que se sienten a gusto con sus propias vidas suelen tener poco interés en hacerte sentir mal a ti con la tuya; en cambio, quienes se sienten frustrados a menudo no soportan la felicidad ajena. Quien vive sembrando malestar entre sus amigos suele vivir internamente ese malestar; damos lo que tenemos.
Presentamos un sesgo egocéntrico: creemos que los demás están muy pendientes de lo que hacemos. En algunas personas es tan marcado que limita sus vidas de manera importante. Puede generar: ansiedad social, temor a las críticas, necesidad de aprobación y baja autoestima.
Por otro lado, una opinión, una pequeña ayuda o un simple gesto que hicieras, alguien podría decirte luego que fue de mucha importancia en su vida. Una simple palabra amable podría mejorar una vida.
Es preciso reconocer que algunos tienen una necesidad excesiva de que los demás los miren y harán lo que sea necesario para ser el centro de atención, aunque sea un acto vergonzoso, perjudicial o negativo.
Tu verdadero valor no se evidencia cuando te miran, sino en lo que eres cuando nadie te está mirando.
Las personas que disfrutan humillando a los demás no se motivan a burlarse de quienes se sienten seguros de sí mismos.
Cuando mostramos mucho afán por obtener aprobación, podría dificultarse lograr respeto y consideración, ya que la necesidad de que nos manifiesten aprecio puede resultar irritante para los demás.
Ciertamente eres alguien especial, una maravilla de la naturaleza, con recursos mentales que utilizas de forma muy limitada. Tu cargo, trabajo o función otros podrán hacerlo cuando mueras, pero para algunas personas eres insustituible.
Aunque solemos estar a la espera de que los demás nos aporten algo, cuando das tienes más posibilidades de recibir.
Quien trata de no escuchar su voz interior que le impulsa a superarse, le desagrada reconocer a los que se destacan. Pretender que no vale la pena esforzarse busca sostener una cómoda pasividad. No se nace mediocre; usualmente somos nosotros quienes aceptamos ser mediocres. Todos somos valiosos, pero no todos queremos reconocerlo.
Si recuerdas las críticas o reproches que tus padres hacían de ti durante la niñez, notarás el parecido con la forma como tú te autoevalúas ahora; ese parecido no es coincidencia. Los padres son interiorizados en la adultez; aunque ya no estén a tu lado, podrían seguirte guiando desde tu interior. Saberlo y manejarlo es clave para la inteligencia existencial.
Nos resulta sano cultivar la humildad de creernos poco importantes y conjuntamente desarrollar la gratitud al reconocernos valiosos.
No eres el centro de atención de los demás, pero siempre serás el centro de tu propia vida; reconocerlo te da mucha paz. El mundo no gira a tu alrededor; tu vida, sí.
Recuerda que el violín más valioso que haya existido, mal utilizado, produciría ruidos espantosos. La melodía que hoy produces podría no ser muy agradable, pero si así lo deseas puedes mejorarla.
Los demás no nacieron para aplaudirte ni para criticarte; ellos también tienen sus propias vidas. Si vivieras con alguien que se mantuviera pendiente de tu vida para criticarte, para ti podría ser una vida molesta, pero para él sería una vida vacía.
Da lo mejor de ti, aunque no te vean ni reconozcan, y comprende que no todos son capaces de reconocer un diamante cuando lo ven.
Referencias:
Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. New York, NY: Basic Books.
Gilovich, T., Medvec, V. H., & Savitsky, K. (2000). The spotlight effect in social judgment: An egocentric bias in estimates of the salience of one’s own actions and appearance. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 211–222. https://doi.org/10.1037/0022-3514.78.2.211
Orth, U., & Robins, R. W. (2014). The development of self-esteem. Current Directions in Psychological Science, 23(5), 381–387. https://doi.org/10.1177/0963721414547414
Compartir esta nota