Texto anónimo. Ya se sabe que debía $10,000.00 a los que le persiguieron, que no fue un accidente de tránsito. Un joven explicó cómo le hizo un torniquete para detener la sangre y no pudo lograrlo; de la tristeza cayó al piso llorando; se sabe que agentes policiales no tuvieron a la altura para parar la carnicería. Se entregó a su espiritualidad en sus minutos finales.
Acá reproduzco este texto cuando aún no se creía que fue un accidente de tránsito.
En la República Dominicana no solo murió un hombre…
En la República Dominicana no solo murió un hombre…
murió algo dentro de nosotros.
David, 42 años.
huérfano desde niño.
criado en el trabajo duro en Constanza.
un hombre que no tuvo nada… pero lo poco que logró lo hizo con esfuerzo.
padre de cuatro hijos.
hombre de fe y pastor evangélico.
un trabajador incansable donde muchos no quieren trabajar….recogiendo la basura de TODOS.
El viernes pasado, en Santiago de los Caballeros, tuvo un roce con un motorista
(se sabe que debía RD$10,000.00 a esos hombres que lo perseguían)
minutos después… ya no era un problema de tránsito.
era una cacería.
lo persiguieron como una manada.
no respondió con violencia.
huyó.
Se detuvo frente a un policías:
“¡me quieren matar, ayúdenme!”
Y nadie intervino.
Llegó al palacio de justicia… herido… desangrándose…
cayó en la puerta de la justicia.
Y ahí… frente a todos… se estaba muriendo.
el hospital estaba cerca.
la ayuda estaba cerca.
la vida estaba al alcance de una decisión…un torniquete con su misma correa.
Pero nadie actuó. (si actuó un joven, Nota MDM)
Grabaron.
miraron.
preguntaron.
Como si fuera un maldito espectáculo….buscando “like” lo dejaron ahí.
Sus últimas palabras no fueron de odio…
fueron de súplica:
“Yo no hice nada… Señor Jesús, no me dejes morir…”
Y lo dejamos morir.
No lo mataron solo los motoristas.
Lo mató la indiferencia.
Lo mató la falta de responsabilidad de las autoridades.
Lo mató una sociedad que observa… pero no interviene.
Lo mató la falta de sensibilidad.
Lo mató la tolerancia al caos.
Lo matamos nosotros.
Lo matamos todos.
Y cuidado…
porque esa misma indiferencia que lo mató a él…
es la misma que nos está matando como país.
Hoy fueron sus hijos los que quedaron huérfanos.
Mañana… puede ser cualquiera.
Que descanse eternamente en paz, en los brazos de a quien clamó, nuestro Señor Jesucristo misericordioso, que sus hijos puedan tener paz en un mundo tan violento y cruel.
Compartir esta nota