Dos años después de la conferencia multisede, realizada híbrida en seis países, que fue inaugurada por el viceministro Genaro Rodríguez y contó con la participación del vicepresidente Ejecutivo del Consejo de Cambio Climático, Max Puig, el 8 y 9 de junio, tuvo lugar, en formato virtual, una nueva conferencia “Greater Caribbean Light Source / Latin American International Synchrotron for Technology, Analysis, and Development (GCLS/LAMISTAD)”.

A cinco años del inicio de la iniciativa GCLSI (https://arxiv.org/abs/2109.11979), esta nueva conferencia permite hacer un balance del camino recorrido.

El primer elemento que emerge es que, desde el punto de vista científico, la idea de dotar al Gran Caribe de una fuente de luz de sincrotrón ha recibido un creciente reconocimiento por parte de la comunidad científica internacional.

La conferencia reunió a personalidades de gran relevancia en el mundo de las grandes infraestructuras de fuentes de luz. Entre ellas recuerdo, porque haré referencia explícita a sus contribuciones: Harry Westfahl, director de SIRIUS, una de las fuentes de luz más avanzadas actualmente en operación, única en América Latina; expertos internacionales como Giorgio Margaritondo, presidente del Comité científico del Instituto Italiano de Tecnología; Michele Zema, presidente de LAAAMP, la iniciativa que impulsa el desarrollo de este tipo de instalaciones a nivel mundial; y los promotores de dos proyectos comparables, PULS de Puerto Rico e ILS de Irán, Jorge Colón y Arash Sadeghipanah, respectivamente. Este interés muestra que ya el problema no es más demostrar el reconocimiento científico que nuestro grupo de trabajo ha sabido conquistar.

Las presentaciones han ofrecido un panorama de las razones, no solo científicas, que justifican la creación de tales infraestructuras fuera de los países líderes del desarrollo de la ciencia. Sus potencialidades abarcan campos decisivos para el futuro de nuestras sociedades.

Harry Westfahl subrayó el impacto social de las fuentes de luz sincrotrón. Algunos de los ejemplos que mencionó comprueban que ese impacto va mucho más allá de la ciencia básica:

  • Seguridad alimentaria y control ambiental: herramientas decisivas para enfrentar desafíos cotidianos de nuestras sociedades.
  • Nuevos materiales y biotecnología: desde el desarrollo de compuestos innovadores hasta el estudio de la estructura y la optimización de enzimas que transforman biomasa.
  • Plataforma de innovación: no son solo un gran instrumento de investigación, sino un motor capaz de sostener ecosistemas completos de desarrollo tecnológico.

Un capítulo especial merece el sector farmacéutico. Al desarrollo de la industria farmacéutica brasileña ha contribuido de manera importante la apuesta de hace más de treinta años por la creación del primer sincrotrón en Campinas.

Espectacular el papel estratégico que las fuentes de luz pueden desempeñar en el estudio de proteínas y estructuras moleculares de los virus, especialmente de aquellos agentes patógenos más peligrosos, como los virus de nivel de bioseguridad BSL-4, entre ellos el Machupo, endémico en Bolivia, y Ébola, cuyo nuevo brote en Congo es fuente de mucha preocupación en estos días.

La mención del Ébola lleva de manera natural a recordar el papel de los sincrotrones durante la pandemia de COVID-19. Este tema fue discutido por Margaritondo: ya en enero de 2020, dos investigadores chinos enviaron cristales de proteínas a Diamond, el sincrotrón británico, dando inicio a una colaboración internacional que involucraría a todos los principales sincrotrones del mundo, haciendo posible avanzar rápidamente en la caracterización de las estructuras moleculares fundamentales de las proteínas virales.

Este trabajo combinado y el uso de técnicas computacionales e inteligencia artificial aceleró la caracterización del virus y el desarrollo de las vacunas. Esto no redujo la duración de la pandemia. Fue comparable con la de la gripe española de 1918, algo más que tres años. Pero las consecuencias fueron profundamente diferentes.

En 1918, con una población mundial de aproximadamente 1.800 millones, la gripe española provocó entre 50 y 100 millones de muertes. La pandemia de COVID-19 ocurrió cuando la población mundial era superior a los 8.000 millones. Los decesos registrados fueron 7 millones, aunque probablemente los reales rondan por 20 millones, cantidad de todas formas diez veces menor en porcentaje que para la gripe española.

La incidencia de las vacunas que se realizaron en dos años, se limita a los 16 meses posteriores a su introducción. Aun así, Margaritondo destacó que los modelos epidemiológicos estiman que las muertes fueron entre un 50% y un 70% inferiores a las que se habrían esperado sin vacunación.

El valor de este resultado es enorme. El beneficio económico y social derivado de esta reducción que Margaritondo estimó en 8000 millones de dólares, es del orden del doble del costo total de creación y mantenimiento de todas las fuentes de luz que se han establecido en el mundo.

Pero el impacto no se limita a la salud. Estas infraestructuras generan efectos sobre la industria local, la formación avanzada, la atracción de talento y la creación de nuevas capacidades tecnológicas.

Si consideramos las características de la matriz económica de nuestra región y los problemas de formación, movilidad y retención de talentos, queda claro que este aspecto, sumamente importante en nuestros países, no pertenece, sino marginalmente, al ámbito de la política científica: es una cuestión de política de Estado.

Durante la conferencia no podía faltar el debate sobre la dimensión económica del proyecto y la compatibilidad de la inversión requerida con nuestras economías. Es un debate cuyo convidado de piedra es el costo de oportunidad.

En este contexto, una posibilidad interesante es la de equipos más pequeños y más económicos: se mencionaron el caso de STAR, en la universidad de Calabria, que podría reproducirse en Marruecos, y la experiencia de UCLA recordada por Patrick Krejcik.

Reconocer el mérito de estas propuestas, en función de asegurar una participación equitativa de los países en este gran proyecto regional, no me impide de afirmar con convicción que el problema no es el tamaño de la inversión, así que esto no debería distraernos de nuestra meta

Sadeghipanah fue claro sobre los costos:

  • Inversión inicial: Un sincrotrón de cuarta generación puede construirse con 300 millones de dólares.

Obvio que el cálculo no termina ahí. Sumando el gasto operacional durante su vida útil, el promedio anual se sitúa en 40–50 millones de dólares, costo que puede variar algo dependiendo de las condiciones específicas de cada país, mas que no se puede considerar fuera del alcance de México, cuyo PIB está cerca de los 20.000 millones de dólares, o de una región cuyo PIB total es del orden de 31500 millones y cuyos gastos militares son del orden de 20000 millones.

No se trata solo de cifras, sino de una apuesta estratégica por el futuro científico y tecnológico.

Además, los estudios sobre el impacto de estas instalaciones muestran retornos económicos significativos, estimados en alrededor del 70% con break-even point después de tan solo un tercio de la vida de la estructura. El retorno es tangible: servicios tecnológicos, e intangible: innovación efectiva, desarrollo industrial y territorial, formación de recursos humanos, reducción de la pobreza

Son argumentos fuertes, objetivos y verificables. Sin embargo. todavía falta la decisión política que transforme esta oportunidad en una verdadera prioridad regional.

Este es el punto más profundo de la cuestión. La dificultad no es financiera ni técnica: es una cuestión de visión del desarrollo y del modelo de país y región que se quiere promover para las próximas décadas.

La historia demuestra que ningún país, no engañen los casos de Japón Mejí o de Corea, ha alcanzado una plena autonomía tecnológica limitándose a comprar conocimiento. Las grandes transformaciones industriales han estado siempre acompañadas por la construcción de sistemas científicos sólidos, universidades fuertes e infraestructuras capaces de producir nuevo conocimiento.

La brecha científica entre América Latina y el Caribe, por un lado, y América del Norte, Europa y Asia, por otro, continúa ampliándose. Reducir su estimación solamente a la diferencia del porcentaje de PIB invertido permite ilusionarse que eso dé la dimensión del problema. No es así. El problema es mucho mayor. Cuando la inversión en investigación permanece en un porcentaje reducido de un PIB mucho menor, la distancia absoluta aumenta porque la diferencia entre los PIB está aumentando exponencialmente.

Soberanía científica en el Gran Caribe: cinco años de GCLSI

La región está dividida por diferencias políticas, orientaciones diversas y ciclos electorales que cambian con el tiempo. Pero las grandes infraestructuras científicas tienen una escala temporal diferente: requieren décadas, no mandatos electorales.

Los grandes desafíos del siglo XXI —las pandemias, el cambio climático, la transición energética, la seguridad alimentaria, la inteligencia artificial, los nuevos materiales— no conocen fronteras nacionales. Por ello, la cooperación científica regional no es solamente una opción positiva: es una necesidad estratégica.

El futuro de la ciencia, de la tecnología, de la salud y de la seguridad alimentaria no pertenece a un solo gobierno. Es un futuro común para todos los países de América Central y el Caribe que no pueden seguir siendo las cenicientas de la inversión en C y T.

La región necesita asumir este compromiso, necesita que algún estadista de algún país tome la bandera de este proceso de revolución copernicana sobre el rol de la ciencia y su financiación. Las estructuras regionales políticas y financieras para tomar e implementar tales decisiones existen, ojalá la agenden.

Es en esta visión de largo plazo y alcance holístico, insisto no meramente científico, que debe entenderse la propuesta GCLSI: no se trata solo de construir un sincrotrón, sino de promover una plataforma para crear capital humano, integración regional, innovación industrial y soberanía científica.

El Gran Caribe no está solo en esa empresa. La gran participación africana en la conferencia el interés de países claves del BRICS, Brasil, China con su sincrotrón de última generación, Sudáfrica, líder del proyecto africano que, desde algunos años, ha registrado compromisos gubernamentales, y es respaldado por la Academia Africana de Ciencias, muestran que somos parte de un movimiento mundial.

UNESCO nos ha reconocido como uno de los proyectos bandera de la década de la ciencia para el desarrollo sostenible y, algo no muy conocido, hace dos años, nuestro proyecto fue mencionado por la TV rusa en español como uno de los tres susceptibles de cambiar el paradigma de la ciencia en América Latina (https://actualidad.rt.com/video/508984-diferencias-gastos-ciencia-paises-latinoamerica).

En la Conferencia se destacó la presencia portorriqueña: recordamos muchas presentaciones de jóvenes investigadores que están haciendo una experiencia magnifica en CHESS, el sincrotrón de Cornell, y sobre todo la presentación por Jorge Colón del proyecto PULS. Este proyecto no es alternativo al GCLS. Los dos pueden generar una sinergia de impacto regional, que debe ser fomentada.

Dejemos de preguntarnos si el Gran Caribe puede permitirse una gran infraestructura científica. Si de veras no pudiera, temamos el juicio del presidente Sarmiento de Argentina, quien, hace ciento cincuenta años, advirtió que de no participar en el desarrollo de las ciencias una nación pone en duda su derecho a considerarse civilizada.

La única pregunta que necesita respuesta es si el Gran Caribe puede permitirse no construirla.

Galileo Violini

Físico

Galileo Violini Maestría en Física de la Universidad de Roma (hoy Universidad La Sapienza). Ex profesor de Métodos Matemáticos de la Física en las Universidades de Roma y Calabria y en la Universidad de los Andes, Bogotá. Cofundador y Director emérito del Centro Internacional de Física de Bogotá. Premio John Wheatley y Premio Joseph A. Burton Forum Award de la American Physical Society (APS), Premio Spirit of Abdus Salam del Centro Internacional de Física Teórica "Abdus Salam". Reconocimiento Salvadoreño Destacado del Gobierno de El Salvador. Miembro Honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Miembro de la Academia Mundial de Arte y Ciencia. Fellow de la Sociedad Americana de Física. Miembro de la Carrera del Investigador Dominicano. Ex Director de un programa de la Unión Europea para la Facultad de Ciencias de la Universidad de El Salvador. Ex Representante de la UNESCO en la República Islámica de Irán y Director de la Oficina de Teherán. Doctor Honoris Causa de la Universidad Ricardo Palma de Lima, Consultor de los Gobiernos de Guatemala y República Dominicana, de la UNESCO, CSUCA, ICTP y otros organismos nacionales e internacionales. Autor de unas 400 publicaciones, en Política Científica, Física, Enseñanza de las Ciencias, Epidemiología, Historia de la Ciencia. Copresidente del Comité Ejecutivo de la Iniciativa Lamistad (Fuente de Luz del Gran Caribe) para establecer un segundo Sincrotrón Latinoamericano en la región. Ha promovido la participación de Irán en el CERN, los doctorados regionales del CSUCA en Física y Matemáticas, la cooperación interregional entre América Latina y África, y, como miembro del Foro de Física Internacional Physics del APS, la colaboración entre el APS y América Latina. Ha organizado más de doscientos eventos científicos, en su mayoría en el CIF.

Ver más