"Dios te salve, Sevilla. Llena eres de gracia" Antonio Rodríguez Buzón

A las 12 de la medianoche del jueves pasado hice algo que ya raramente hago a esa hora: volver a salir después de haber regresado de pasarme el día fuera. Pero la excepción histórica se justificaba. Finalizaba el Jueves Santo. Más aún, finalizaba el Jueves Santo en Sevilla. Iniciaba la famosa Madrugá de Sevilla, la madrugada en que salen las procesiones más célebres de la Semana Santa más famosa de España si no del mundo.

Les confieso que me caía del cansancio pero me obligué a salir porque no podía dejar de ver aunque fuera un poco del momento mágico que es la Madrugá. Y lo conseguí. Vi al Cristo de la Hermandad de Montesión en el centro histórico cuando regresaba cargado por decenas de costaleros, las personas que entrenan todo el año para cargar las enormes estructuras con estatuas reproduciendo los momentos de la Pasión de Cristo y las hermosas encarnaciones de la Virgen María de los distintos barrios de la ciudad. Esa misma noche también pude ver el inicio de la procesión de la Macarena, una de las vírgenes más famosas y queridas, que congregó a más de 5000 personas y el Domingo de Resurrección me deleité viendo la Virgen de la Aurora en la popular procesión del Resucitao que cierra la semana.

Pero hay 76 hermandades que salen en procesión durante la Semana Santa así que mi mamá y yo tuvimos que ponernos creativas. Observamos varias desde el apartamento en el que nos estamos quedando, caminando y esperando en diferentes calles y plazas del centro y hasta en el canal de televisión de la región. Y es que la Semana Santa es una celebración importante en toda España y en muchos de nuestros países en América Latina y otras partes del mundo. Pero lo de Sevilla, como ya me habían dicho varias amistades, es un fenómeno aparte. Aquí la Semana Santa no es solo una celebración religiosa. Es una forma de vida que sostiene el tejido social y la identidad de la ciudad. Como socióloga y como la flâneuse o exploradora de ciudades que soy, he visto pocas celebraciones así de bellas y fascinantes.

Las familias y grupos de amistades se visten de gala y se reúnen para ver pasar las procesiones de las hermandades y cofradías en que participan sus familiares y otras procesiones que se han convertido en sus favoritas a través de los años. Generalmente consultan los calendarios impresos de las salidas diarias o los mapas digitales actualizados en tiempo real que vimos a tantos chicos y chicas mirando en sus celulares. Y ese fue uno de los ejemplos más impresionantes de lo trascendental que es la Semana Santa en Sevilla: el hecho de que es prioridad para gente de todas las generaciones. Las y los jóvenes, con su energía característica, caminaban con sus amistades a toda velocidad también vestidos de traje o con elegantes vestidos yendo de una esquina o parque donde pasaba una procesión al punto siguiente.

Muchas personas jóvenes también desfilan como nazarenos, probablemente la figura más conocida de la Semana Santa en España. Las y los nazarenos desfilan con trajes largos de diferentes colores y con los llamados capirotes o sombreros en punta que simbolizan el acercamiento al cielo de las personas haciendo penitencia. Los colores simbolizan diferentes dimensiones de Cristo y de la Virgen como la pureza en el blanco, la sangre de Cristo en el rojo, el luto en el negro, etc. Esta figura también es la más difícil de entender para quienes conocemos la historia terrible de los asesinatos cometidos por el Ku Klux Klan en EE. UU. por el parecido de sus trajes a los encapuchados blancos del KKK pero no hay ninguna conexión. De hecho, las y los nazarenos tienen su origen en la Inquisición durante la Edad Media europea.

Como nos explicaron Felipe y su papá mientras esperaban al lado de nosotras junto con cientos de personas a que saliera la procesión de Montesión, participar en la Semana Santa como nazarenos y en otros roles es una costumbre que pasa de generación en generación. Y esas tradiciones coexisten con la preferencia individual. Felipe, por ejemplo, nos contó que procesiona como nazareno en la procesión en la que su padre desfiló como músico por casi 5 décadas. Pero también es parte de la popular procesión de Los Gitanos, la última que sale en la Madrugá, por la impresión que le causó la primera vez que la vio. Siendo niño se quedó admirado viéndola pasar y se dijo: "en esa es que quiero estar cuando sea grande".

Lo mismo hace José María, el amable doctor que atendió a mi mamá con un temita de salud. Tiene más de 50 años desfilando como nazareno en una de las hermandades en las afueras de Sevilla y más de 40 saliendo en otra de la misma comunidad. A una está ligado por la familia de su padre y a la otra por la de su mamá y ahora sus hijas también procesionan con él en lo que se convierte en una de las celebraciones familiares más significativas del año. Lo mismo vimos en Sevilla con las niñas y niños pequeños que desfilan como monaguillos y luego como nazarenos cuando tienen más edad. Como las procesiones duran muchas horas, es común ver a madres desfilando a su lado apoyándoles y dándoles los dulces y las estampitas que entregan a los demás niños y niñas.

La identidad sevillana está tan ligada a la Semana Santa y se cultiva desde tan temprano que los diferentes roles de las procesiones se enseñan hasta en las guarderías y a través de los juguetes infantiles. Además, las hermandades y cofradías ofrecen apoyo de diferentes tipos (por ejemplo en salud, alimentación, transporte) a sus integrantes y a familias necesitadas como vimos, por ejemplo, en el folleto informativo de la Hermandad de Montesión. Emilio Durkheim, uno de los fundadores de la sociología, nos diría que estas hermandades reafirman la cohesión social de la sociedad sevillana mientras que la Semana Santa ofrece oportunidades para que sus habitantes vivan lo que él llamaba "efervescencia social". O sea, el sentimiento de cercanía con las personas con quienes compartimos rituales y celebraciones importantes (un concierto, una misa, un juego de pelota) incluso aunque no las conozcamos.

En términos más contemporáneos, la Semana Santa sevillana refleja una combinación interesantísima de lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu denominaba el capital social y el capital cultural. El capital social son las redes de personas que conocemos y los recursos a los que podemos acceder a través de esas personas mientras que el capital cultural es el conjunto de prácticas, conocimientos y objetos que tenemos gracias a la familia, el grupo o la sociedad de la que somos parte. La Semana Santa en Sevilla incluye tanto el capital social de las redes de apoyo mutuo que representan las hermandades como el inmenso y muy diverso capital cultural de las prácticas, los diferentes roles, la creación artística (pintura, escultura, música, artesanía, etc.) de las procesiones y el sinfín de otros elementos que las hermandades preparan durante 12 meses y la gente de la ciudad espera para ver cada año. Un taxista nos comentaba que la gente hasta llora cuando su hermandad no puede salir por el clima o por cualquier otra razón. Yo misma pude ver esa emoción y sentido de pertenencia en las lágrimas y las caras de orgullo de la gente joven de la banda de música de una de las cofradías después de terminar su procesión.

Como destaca el antropólogo sevillano Isidoro Moreno, estudioso de la Semana Santa en Andalucía por más de 5 décadas, "si se contempla únicamente la dimensión religiosa, sobre todo como esta es definida desde las jerarquías eclesiásticas, se entiende solo una parte" de lo que representa esta celebración. De hecho, para Moreno la Semana Santa en esta región española (incluyendo su expresión en Sevilla) es un ejemplo de lo que en antropología llaman un "hecho social total". Es decir, involucra a toda la sociedad de una manera u otra independientemente de las creencias que tenga cada persona. Además, la Semana Santa involucra múltiples dimensiones al mismo tiempo: la económica (por ejemplo, los amplios ingresos que genera como atracción turística), la política (por ejemplo, la importancia que tiene como símbolo para la clase política incluyendo las autoridades) y la identitaria (por ejemplo, su rol crucial como parte de la identidad de la ciudad, de cada barrio y de sus habitantes individuales).

De manera similar, la escritora e influencer española Beatriz Benito hablaba en las redes sociales de que no hay que ser creyente para participar en las cofradías. La Semana Santa, igual que la llegada de la primavera, es para todo el mundo: "mujeres, hombres, ateos, católicos, musulmanes, judíos, ricos, pobres, de izquierdas, de centro y de derechas y de todas las etnias". De hecho, como enfatiza Benito y vi en las procesiones y en la cobertura sobre el tema, la Semana Santa sevillana es cada vez más abierta y plural. De acuerdo con Benito, las personas que ponen en duda la participación de personas ateas, de izquierda o feministas en esta celebración colectiva lo hacen porque se sienten más cómodas "en contextos de pensamiento único, imposición de normas y represalias para los que no son como" ellas. Y esta es una práctica que me recordó las actitudes y medidas autoritarias que se repiten en República Dominicana especialmente en los últimos años al desconocer la diversidad de nuestras celebraciones populares.

Ese afán de negar la diversidad de la Semana Santa sevillana y andaluza que denuncian tanto Benito como Moreno se expresa también en lo que Moreno llama su creciente oficialización y comercialización. Por ejemplo, como me decía mi nueva amiga Alma, la forma en que se cierra la mejor parte del trayecto (la llamada carrera oficial) solo para quienes alquilan sillas y palcos implica que "tienes que pagar para ejercer tu fe". Estas estructuras se quitan el último día, el Domingo de Resurrección, cuando todo el espacio vuelve a ser ocupado de manera abierta y democrática por todas las personas retomando el carácter diverso de esta celebración popular.

Tal y como ocurre en nuestro país con las múltiples maneras de celebrar la Semana Santa, Isidoro Moreno enfatiza que su equivalente andaluz "es un caleidoscopio". No puede ser entendida con una mirada única porque al verla desde diferentes ángulos vemos diferentes imágenes y significados. Gracias otra vez Sevilla por compartir este tesoro con el resto del mundo. Espero volver para seguir conociendo más reflejos de este espléndido caleidoscopio.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

Ver más