En las últimas semanas, con el caso del chofer asesinado por un grupo de motoconchistas en Santiago, los frecuentes abusos policiales, el repunte del feminicidio y las denuncias de abuso infantil, la opinión pública y la mayoría de los dominicanos de buena voluntad, con razón, se sienten indignados por el significativo aumento de la violencia en la sociedad dominicana.

En ese sentido, el martes 14 de abril, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), bajo la organización del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas de la Facultad de Economía y Ciencias Sociales (FCES), con el auspicio del periódico Listín Diario, llevaron a cabo un seminario titulado: "Crimen, seguridad y violencia", donde se debatió sobre las posibles causas y las diversas formas de expresión de la violencia dominicana.

En el evento, se reconoció que la violencia es un problema complejo, es decir multidimensional. Puede estar influenciada por causas psicológicas, sociológicas, culturales, económicas y/o políticas, por eso se expresa en una diversidad de formas: como violencia personal, estructural, institucional y simbólica-cultural.

Por tanto, vamos a proponer que las nuevas formas de violencia que se viven a diario en las calles de las ciudades y se divulgan en los medios de comunicación y las plataformas digitales no se producen en el vacío, no es un "salvajismo" gratuito de la naturaleza humana de los dominicanos, no es por falta de leyes o la revancha de los más pobres y excluidos, sino las consecuencias del malestar social: institucional y moral que experimenta la sociedad dominicana.

Desde esta perspectiva, proponemos seis claves sociológicas para pensar la violencia dominicana: Primera clave: Crecimiento económico sin desarrollo social. El modelo de modernización que experimenta la sociedad dominicana ha privilegiado y priorizado el desarrollo económico, muchas veces, en detrimento de la calidad de las políticas sociales del Estado y del desarrollo social de los dominicanos.

Experimentamos un significativo crecimiento económico pero sin desarrollo institucional en educación, seguridad social, justicia, ni en los servicios públicos. Como consecuencia se ha erosionado la credibilidad, la autoridad y la confianza en el Estado dominicano y se ha incrementado el sentimiento de ira, frustración e indignación de los ciudadanos.

Este fenómeno es muy evidente en los barrios populares dominicanos donde la ausencia de instituciones de educación, de oportunidades laborales, la baja calidad de los servicios públicos y la complicidad de la justicia y la policía han configurado un cuadro de indignación, odio y desesperación en sus moradores que, muchas veces, explotan en actos de violencia contra los otros y contra ellos mismos.

Segunda. Desigualdad y precarización. Se ha construido una sociedad muy desigual, donde el progreso económico y empresarial de unos pocos se ha llevado a cabo a través del incremento de las desigualdades de otros. De manera que la disparidad salarial que predomina en el país produce un efecto de frustración, indignación y resentimientos en la población, incrementando los conflictos, las protestas y la violencia social en las ciudades y barrios populares.

Tercera. Individualización y deterioro institucional. Con el acelerado proceso de modernización neoliberal que experimenta la sociedad dominicana se ha configurado un creciente proceso de individualización que está deteriorando los lazos e instituciones sociales. Por un lado, la élite y la clase media educada han ganado autonomía individual. Mientras los grupos vulnerables sufren de un individualismo por defecto —búscatela como puedas— al carecer de soportes institucionales.

En el país, el mejor ejemplo son los ninis, una población muy significativa de jóvenes dominicanos que provienen de familias deterioradas, ni estudian ni trabajan, produciendo una crisis del proceso de socialización de las normas institucionales, los valores morales, y deben salir todos los días a las calles a luchar por subsistencia.

Cuarta. Caos urbano y servicios públicos deficientes. En la sociedad dominicana, el proceso de modernización ha dado paso también al desarrollo de grandes ciudades y la aparición de barrios populares, estructurando un crecimiento urbano muy desorganizado. Un ejemplo muy ilustrativo son las apariciones repentinas de barrios populares y el caos en el tránsito urbano dominicano: la falta de parqueos públicos y la proliferación de los motoconchistas que han incrementado los riesgos, los accidentes, el estrés y la violencia en el tránsito urbano.

Quinta. Exclusión social y tribalismo territorial. El incremento de las desigualdades de grupos precarizados como pueden ser los inmigrantes, los desempleados y los trabajadores informales como los motoconchistas, los que controlan los parqueos de vehículos, frente a la falta de orden y autoridad del Estado en las ciudades, han configurado un creciente proceso de tribalización del entorno urbano y buscan el control de los espacios y territorios en las grandes ciudades.

En las principales ciudades del país, frente a la falta de confianza en la autoridad de la justicia y la policía, se han reforzado las identidades e intereses grupales, inclusive con la violencia, en busca del control de los espacios, dando lugar a la aparición de bandas y tribus urbanas territoriales que utilizan la violencia.

La creciente erosión de la moral y las instituciones sociales empuja a los grupos excluidos como los ninis a buscar refugio en el tribalismo, a crear bandas juveniles de defensa y control de su territorio, ante un Estado del laissez faire, hágalo usted mismo, que no garantiza seguridad, orden ni justicia social.

Sexta. La espectacularización de la violencia. En este contexto, con el auge de los medios de comunicación convencionales y las nuevas plataformas digitales, los actos de violencia —las imágenes y el lenguaje de odio— se han convertido en un espectáculo de diversión y entretenimiento, manipulando, naturalizando y mercantilizando las peores expresiones de la violencia dominicana.

La búsqueda de audiencias, "likes" y seguidores a través de las redes sociales ha naturalizado y rutinizado las tragedias humanas. Las plataformas digitales con ayuda de la inteligencia artificial (IA) divulgan fotos, videos e imágenes de violencias manipuladas como medios de entretenimiento y comercialización, incrementando el morbo, el escepticismo y la apatía en la población.

Sin lugar a dudas, el auge y las formas de la violencia en el país son el síntoma de una sociedad que ha preferido el progreso tecnológico sin desarrollo humano, el crecimiento económico sin redistribución social de las riquezas, el desarrollo individual sin compromiso social y de un Estado que ha promovido el desarrollo urbano sin planificación territorial.

Sin embargo, esto no significa que debemos ser apáticos a la violencia o entender que es una consecuencia "natural" del proceso de modernización. Tampoco romantizar ni legitimar la violencia como una estrategia de subsistencia de los más pobres, sino comenzar por entender que es un fenómeno complejo que se debe discutir y resolver. De lo contrario, la violencia seguirá creciendo con consecuencias insospechables para todos los dominicanos.

Wilson Castillo

Sociólogo, profesor.

Wilson Castillo es un sociólogo dominicano, investigador y docente universitario, reconocido por sus aportes al estudio de la sociedad dominicana, particularmente en las áreas de teoría social, sociología política, cultural y, su impacto en la juventud dominicana. Es egresado de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución en la que también ha desarrollado una destacada trayectoria como profesor e investigador.

Ver más