Con la llegada de la diplomática costarricense, exembajadora en El Salvador, Lina Eugenia Ajoy Rojas, a la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) para el período 2026-2030 (la primera mujer en ocupar este puesto en toda la existencia del Sistema y la primera costarricense también), se abre una ventana de oportunidad para estructurar una nueva arquitectura geopolítica de la subregión y la República Dominicana. Casi tres años después de que, el 14 de noviembre de 2023, el nicaragüense Werner Vargas Torres "renunció" repentinamente, se ha tenido que esperar para que este momento sea una realidad y una apertura donde los países miembros del Sistema de la Integración miren a través de sí mismos de cara al futuro, y desde este momento no debería ser pensado individualmente, sino como una formación colectiva de cara a las próximas décadas, al tiempo que vendrá cargado de insospechados acontecimientos.

Desde la firma del Protocolo de Tegucigalpa, que crea el SICA, el 13 de diciembre de 1991, en que se reformó la Carta de la ODECA de 1962, que le daba forma jurídica al nacimiento del Sistema de la Integración Centroamericana como tal, no es la única vez que el SICA ha quedado acéfalo. Ya desde el 30 de junio de 2021 hasta agosto de 2022, cuando fue nombrado "el renunciante", Werner Vargas Torres, sin motivo aparente, hubo un vacío. Desde ese momento hubo 14 intentos de Nicaragua al proponer un candidato que, a juicio de los demás países del Sistema, no cumplía con los requisitos, y la institución se mantuvo siendo manejada por la Dirección Ejecutiva del mismo.

¿Cómo llegamos hasta aquí, hasta el momento en que hubo consenso de los actores, de los jefes de Estado de los países, a la propuesta que lanzó la República Dominicana de mano de su presidente, Luis Abinader, y de su canciller, Roberto Álvarez, y de los consensos que al seno de la organización regional se dieron para que se pudiera decir: "habemus Secretaria General"? Lo primero es que, al interior del SICA, debió haber una propuesta que generara la suficiente empatía y seguimiento de los ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembros y que estos pudiesen también, en su reunión ministerial, ponerse de acuerdo acerca de la posibilidad de salir del hartazgo de casi tres años sin un incumbente en la Secretaría General.

Hubo que hacer sinergia entre todos los países miembros para que pudiese haber consenso de cómo sería la nueva forma de elección y la búsqueda de un candidato o candidata idóneo que abriera las posibilidades a los acuerdos. República Dominicana ha tenido un papel de primer orden en la búsqueda de resolver la crisis en que estaba metido el Sistema, pues todos estos meses de inercia no había el país que le pudiera poner "el cascabel al gato" debido al empantanamiento que causó "la renuncia" del antiguo secretario general. Desde 2023 no había habido una reunión de jefes de Estado de los países miembros del Sistema en la que se buscara consenso para encontrar el sustituto del "renunciante" de nacionalidad nicaragüense. Así se llegó a este momento de consultas en que se fue viendo un camino, y ese fue empezar a reivindicar el nombre de la diplomática costarricense, embajadora Lina Ajoy, quien en sus más de siete años como jefa de misión de su país en El Salvador hizo unas relaciones de primer orden con todos los jefes de misión y los organismos multilaterales acreditados allí, además de un acercamiento protagónico con el Gobierno y los ministros del presidente Nayib Bukele, por ser una persona de consenso, abierta al diálogo y que conoce la región como pocos y sabe de lo que habrá que hacer en la institucionalidad del SICA para que vuelva a ser lo que debe ser, como está planteado en su estatuto fundacional.

En las reuniones que se dieron para la elección de la nueva incumbente se trabajó una modificación del Protocolo de Tegucigalpa, en el cual ya no podría haber un incidente en que, si un país objetaba un candidato, automáticamente su candidatura se caía; se llegó al consenso de que la elección ya debe ser por mayoría absoluta. Una viga se ha caído: es la hegemonía de un país que tenía la sartén por el mango para hacer del Sistema su visión y su sinrazón. Ahora lo que falta es que los ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros, en su reunión de San Salvador de esta semana, refrenden los cambios y que los jefes de Estado de estos países, con su firma, avalen la nueva modificación del Protocolo de Tegucigalpa y, con ello, una nueva era de democracia plena se instalará en el SICA. Luego le tocará a Belice, dentro de su Presidencia Pro Tempore, la que recibirá de la República Dominicana, empezar a disfrutar de la era de estos cambios que sí han dado un giro de 180 grados a un organismo que, por ser vinculante con los Estados miembros, debe ser operativo y consultivo en grado sumo.

Trabajados los consensos e instalada en sus nuevas responsabilidades en la Secretaría General del SICA, a partir del 11 de agosto de 2026, Lina Ajoy tendría que trabajar inmediatamente para que se vuelvan a cumplir los postulados de seguir convirtiendo a Centroamérica y, por extensión, a República Dominicana en una región de paz, libertad, democracia y desarrollo. Lejos de conflictos de todo tipo, buscar en perspectiva ya no solo la unión económica, sino, como fin ulterior, la unión política, social, cultural y ambiental de estas naciones del istmo y la República Dominicana. Tendrá también que trabajar, en estos tiempos de amenazas a la democracia con el advenimiento de una nueva manera de ver y trabajar la política que asume la ultraderecha y que se está haciendo con los gobiernos de la región a costa de lo que sea y como sea (el ejemplo de Honduras en sus últimas elecciones); seguir asumiendo el respeto a los derechos humanos, buscando la solución pacífica de cualquier controversia; asumir la seguridad regional como un compromiso supremo con los ciudadanos de la región, así como la integración gradual y progresiva en todos los renglones. Aunque ya hay acuerdo en lo aduanero, lo eléctrico y lo fiscal, tendrá que venir también lo referente a la movilidad regional común, donde con un documento único se podrá transitar sin problemas; pero, sobre todo, blindar a la subregión de los peligros de los excesos de grupos delincuenciales del crimen transnacional y el narcotráfico, que no se detienen ante nada por socavar la democracia y sus estamentos más sagrados. Para eso es que hay que reforzar los acuerdos y firmar los nuevos que haya que firmar con el SICA como garante de las instituciones.

Para este 2026 son alrededor de 64,3 millones de almas las que viven en el istmo, sumando a la República Dominicana y Belice, y el SICA, junto con los gobiernos de turno, deberá gestionar que las vidas de esas almas convivan con dignidad en estos espacios de sueños y esperanzas que han sido tan vilipendiados a través de sus historias por todas las acechanzas posibles. Hay que asegurarles a todos estos países los apoyos en educación, seguridad alimentaria, seguridad jurídica, medio ambiente, movilidad y, sobre todo, dignificar sus vidas y sus derechos. Hay un gran reto para quien asuma en el SICA, y es que esta región es una de las de mayor crecimiento demográfico y progreso de las últimas décadas en el mundo, pero también una de las de mayor desigualdad. La CEPAL, como dato preocupante pero a la vez esperanzador, dice que "toda la subregión Caribe hispano, Centroamérica y México" llegará a 250,1 millones en 2059 (tendría yo un siglo; ya de seguro no estaré en el mundo de los vivos). Solo RD + Centroamérica son casi un cuarto de esa población.

Esos son los retos que enfrentará la nueva gestión del SICA que tomará posesión este 11 de agosto venidero, pero, más que asustarse, es un reto que deberá afrontar con gallardía y decisión gerencial, y a la embajadora Lina Ajoy le sobra coraje y preparación para asumir dicho reto.

Recuérdese que para la pandemia del COVID-19 el SICA dio muestra de que, si nos unimos, vencemos. Fue con la forma de gestionar la compra de insumos médicos y de las vacunas de manera colectiva como se pudo hacer frente a ese monstruo que amenazaba a toda la región SICA. Cada ministro y ministerio de Salud hicieron lo propio para que fueran "todos a una, como Fuenteovejuna", y los resultados les dieron la razón. Ese ejemplo es la mejor manera de seguir y de demostrar que unidos saldremos adelante.

Desde el SICA y su estructura que vela por su institucionalidad —reunión de presidentes, máxima autoridad; Consejo de Ministros, que se reúne por áreas; la Secretaría General, que es la guía del Sistema; el Parlacen, que aunque no es vinculante y dos Estados ya no forman parte del mismo cumple su rol; la Corte Centroamericana de Justicia; el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)— van a tener que tener bien claro que es ahora, no mañana, cuando se deben tomar las previsiones en áreas como medio ambiente, sabiendo que se vienen tiempos difíciles en la subregión, producto de fenómenos como El Niño y La Niña, que afectan a gran parte de los países miembros con los llamados corredores secos. Este mismo año 2026 es el peor ejemplo de la calamidad que se avecina, según los expertos climáticos.

También habrá que trabajar desde el SICA en lograr la transformación estructural del istmo, desde el punto de vista de qué es lo que queremos de cara al futuro que vamos a moldear para los ciudadanos respecto de la certeza de qué esperar de los gobiernos. El SICA puede trazar líneas rojas y azules para que, viendo en perspectiva, se puedan lograr los objetivos de país.

Gestionar desde este organismo, y en conjunto con los espacios de consulta cultural, jurídica, política y económica, para que los gobiernos, de una vez y por todas, gestionen políticas públicas que protejan a las mujeres de la violencia social y machista que se encuentra arraigada en la psique de toda esta región.

Hay que redibujar el mapa estratégico de la región respecto de la educación y el acceso a las nuevas tecnologías, ahora que la IA permea todos los espacios de la ciencia y las oportunidades de los países para cruzar el umbral de la próxima década y los próximos eventos transformadores de una generación. El SICA, junto a los gobiernos, debería liderar esta revolución de cambios de paradigmas en la subregión. Y más: que los gobiernos, por ejemplo el salvadoreño, están apostando a lograr que el país sea el centro y hub logístico de Centroamérica, desplazando así a Costa Rica y, en mayor grado, a Panamá.

Optimizar una geometría estratégica en donde cada uno de los Estados, en coordinación con el SICA, deberá cooperar con el otro respecto a trazar políticas migratorias que proporcionen esperanza y certezas de un futuro mejor para los que menos tienen, para que no emprendan esas travesías de muerte.

Hoy más que nunca, con la llegada de una nueva visión al Sistema de la Integración, la Secretaría General debería trabajar en la creación de un bloque dentro de su composición capaz de poder frenar las embestidas de los grupos económicos, gobiernos foráneos y lobbies que ven en la región un posible botín, como en la época del pirata Walker.

Es el momento, con la llegada de esta nueva autoridad, de que, junto con los tanques de pensamiento serios y honestos, los que no están arrimados a intereses oscuros en la región, se empiece a remodelar la arquitectura de la geopolítica de la región centroamericana. Se avecinan tiempos muy turbulentos si no se toman las previsiones necesarias para frenar a los ultras, sean de derecha o de izquierda, que están aquí esperando para empezar su trabajo de minar las instituciones, y el SICA ayudaría con esa tarea de educación política y saneamiento de la democracia.

Hay que replantearse el papel de los socios estratégicos que por años han estado pendientes del desarrollo del Sistema gestionando y ayudando a su institucionalidad, pero hoy la nueva geopolítica de la región y mundial exige que se examinen las alianzas a la luz de los nuevos tiempos. Habrá que ver cómo se inserta China en esta ecuación, la Unión Europea y cómo podría aportar más Taiwán, si es que tiene alguno, a la luz de todo lo que ha cambiado en este espacio-tiempo en que vivimos. Toda una nueva nomenclatura política está cambiando en el mundo; no hay más que mirar lo que está pasando en Asia y el Golfo con la redefinición de los actores y su papel respecto al momento actual.

Como se ve, una nueva espiritualidad se va a instalar en el corazón del SICA, una espiritualidad que tiene nombre de mujer, mujer que llamo Lina, y con ella se redibujará la arquitectura de un Sistema que hoy está a punto de reempezar una nueva historia, también con nombre de mujer. Los Estados están listos para ver los cambios, pero no todos, porque en esa nueva espiritualidad que empezará en agosto no habrá reversa: el tiempo no espera a nadie, se va desde el nunca. El SICA debe readaptar su corpus a los tiempos de una posición estratégica en que las nuevas acechanzas de una política disfrazada de avance, como lo es la de la nueva derecha, carcomen la simiente de los Estados-nación en pos de permear las tradiciones democráticas.

Se ha roto el nudo gordiano que tenía secuestrada una institución creada para que los Estados de Centroamérica y la República Dominicana tuvieran el espacio necesario para que las políticas públicas estuvieran en relación con los sueños de los ciudadanos, no para beneficio de unos pocos.

Con la elección, sabia elección, de la embajadora Lina Ajoy empieza a renacer, o mejor, empezará desde agosto a renacer la institucionalidad del Sistema de la Integración Centroamericana, ahora que vientos huracanados soplan por el istmo y amenazan con arrancar de cuajo el árbol de la democracia que los padres fundadores sembraron a sangre y fuego.

Dionisio De Jesús

Diplomático, poeta

Dionisio de Jesús. Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Estudió educación, mención filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Realizó estudios de Postgrado en Mercadeo en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), donde impartió docencia; obtuvo Maestría en Mercadeo, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, (PUCMM), donde también fue docente y terminó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en España, Young & Rubicam, Madrid, España, homologada por la Universidad Complutense. Diplomado en Diplomacia Cultural, auspiciado por la Cancillería de Costa Rica, la Cancillería de El Salvador y la Embajada de la República Dominicana en Costa Rica. Cursó una Especialización en Negociación y Diplomacia Climática, Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular, INESDYC, Cancillería de la República Dominicana. Taller-Diplomado: “Conociendo la Institucionalidad del SICA”, impartido por el Instituto Centroamericano de Administración Pública-ICAP, la Embajada Dominicana en Costa Rica. Diplomado y Especialización sobre el Sistema de la Integración Centroamericana, Niveles I y II, auspiciado por la Cancillería de El Salvador, Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, Vicepresidencia de El Salvador y la Fundación Alemana, Hanns Seidel Stiftung., pendiente presentación trabajo final para optar por el grado de Maestría. Ha publicado 12 libros de poemas; sus textos han sido antologados en más de 15 antologías en República Dominicana y el extranjero. Laboró como Director Creativo en las más grandes y prestigiosas agencias de publicidad de su país, entre los años de 1987-2004. Ha sido profesor de marketing, publicidad y comunicación en universidades de República Dominicana y El Salvador. Ha sido consultor de campañas políticas en su país, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, entre los años 2000-2025. Produce desde El Salvador, el Podcast:” Bitácora Centroamericana y Caribeña”, cada lunes a las 7:00 PM, hora de El Salvador, trasmitido por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV.

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