Mientras otros destinos turísticos competidores implementan indicadores de sustentabilidad y hablan de regeneración, República Dominicana no termina de definir su estrategia de sostenibilidad, a pesar de haberla anunciado en reiteradas ocasiones.

Durante años, el éxito turístico de nuestro país se ha contado en cifras: llegadas récord, ocupación hotelera, expansión de habitaciones, crecimiento sostenido. Sin embargo, nos preguntamos si estamos midiendo realmente el impacto del turismo o simplemente celebrando su crecimiento.

La experiencia internacional demuestra que el verdadero desarrollo turístico no se sostiene solo con más visitantes, sino con mejores herramientas para entender sus efectos. México, por ejemplo, ha avanzado de manera significativa en este camino mediante la implementación de indicadores de sustentabilidad turística, diseñados para evaluar no solo el desempeño económico, sino también el impacto ambiental, social y urbano de la actividad turística.

Allí, instituciones como el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y la Secretaría de Turismo, con el respaldo de la ONU-Turismo, han desarrollado sistemas que permiten monitorear variables como el consumo de agua, la generación de residuos, el empleo local, la satisfacción del turista y la presión sobre los recursos naturales. Más aún, estos indicadores se han aplicado en más de 70 destinos turísticos, generando diagnósticos periódicos que orientan la toma de decisiones.

El 22 de abril de 2024, el Ministerio de Turismo (MITUR) anunció el inicio de la creación de una Estrategia Nacional de Sostenibilidad para el turismo. Para ello agotó una agenda de encuentros con entidades públicas, privadas y la cadena de valor del sector que inciden en el desarrollo de la industria, con el objetivo de escuchar a los representantes de empresas, instituciones estatales y organismos internacionales afines en temas de sostenibilidad. Para esto recibieron el apoyo y asesoría de ONU-Turismo, organismo especializado de las Naciones Unidas, el cual promueve un turismo responsable, sostenible y accesible.

La elaboración de esta estrategia es una iniciativa que cambiaría por completo la forma en que el país gestiona su principal industria. Sin embargo, hasta la fecha, ese plan no ha sido presentado públicamente.

Un equipo técnico de alto nivel profesional ha estado a cargo de la elaboración de esta estrategia, por lo que entendemos que el retraso en la publicación de los resultados no responde a un simple retraso administrativo. Es un vacío estratégico.

En un entorno donde destinos competidores avanzan hacia modelos más sostenibles, no solo por convicción, sino por presión de mercados internacionales cada vez más exigentes, la falta de un marco claro de medición y gestión coloca al país en una posición vulnerable. Hoy más que nunca, los turistas, inversionistas y operadores no solo buscan destinos atractivos, sino destinos responsables.

Es importante entender que no se puede gestionar lo que no se mide. Y que la sostenibilidad ha dejado de ser un discurso para convertirse en un criterio de competitividad.

Mientras tanto, en muchos polos turísticos del país, las señales de alerta son evidentes: presión creciente sobre el agua, expansión urbana desordenada, tensiones sociales en comunidades receptoras y una creciente desconexión entre el crecimiento turístico y el bienestar local.

Sin indicadores claros, estas realidades permanecen fragmentadas, invisibles o subestimadas.

Analizar el caso mexicano nos deja una lección importante: los indicadores no son un fin en sí mismos, sino una herramienta para entender las interrelaciones del sistema turístico. Porque el turismo no opera en compartimentos aislados. El aumento de llegadas impacta el consumo de recursos que afecta a las comunidades; y esa presión, a su vez, repercute en la percepción del destino.

No medir estas conexiones es, en esencia, gestionar a ciegas.

Nuestro país tiene hoy la oportunidad de dar ese salto cualitativo. No basta con crecer; hay que saber cómo se crece, a qué costo y para quién.

El esperado plan estratégico de sostenibilidad del MITUR no debería ser solo un documento técnico, sino una hoja de ruta clara que incorpore indicadores medibles, metas verificables y mecanismos de seguimiento público. Más aún, debe adaptarse a las particularidades de cada destino, desde Punta Cana hasta Samaná, desde Puerto Plata hasta Santo Domingo.

El turismo dominicano ha demostrado una capacidad extraordinaria para crecer. El desafío ahora es demostrar que también puede evolucionar, finalizando y dando a conocer la Estrategia Nacional de Sostenibilidad Turística. Porque la sostenibilidad se construye, se mide y se gestiona.

Magaly Toribio

Mercadóloga y Hotelera

Magaly Toribio, Hotelera y mercadóloga por convicción, politóloga para intentar entender el mundo, amante de las palabras y la buena lectura. Ex- viceministra de turismo, reconocida en múltiples ocasiones por los principales gremios del sector turístico nacional e internacional. Experta en marketing turístico y gestión sostenible de destinos turísticos. Investigadora, académica y consultora privada de empresas, universidades y destinos turísticos. Presidente de la empresa TARGET Consultores de Mercadeo y creadora de la primera empresa del país suplidora de soluciones de movilidad para turistas con discapacidad, Scooters DR.

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