Razones que llevaron al coronel Caamaño Deñó a reiniciar la lucha armada
econocer a Caamaño no es un acto partidario; es un acto de coherencia con la verdad histórica. Podrán discutirse sus decisiones, pero no puede distorsionarse su papel.
"Creo firmemente que el pueblo dominicano terminará por lograr su felicidad, y el 24 de Abril será siempre un símbolo estimulante hacia la consecución definitiva de ella. Es nuestra obligación, como defensores de la democracia, abonar la siembra generosa que comenzó en esa fecha inmortal. Pero abonarla con entusiasmo creciente, con todo el espíritu, sin vacilaciones, sin descanso".
(Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
Discurso de renuncia. 3 de septiembre del 1965)
Hace tres años, en un diario digital, fue reproducido un artículo publicado en el Listín Diario (24 de febrero de 2023) donde se ofrecen versiones sobre la guerrilla de Caracoles y el fusilamiento del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. En una nota al margen, el comentarista Adriano Gómez Tejada afirma que Caamaño fue un “desertor militar” y, al mismo tiempo, intenta desvincular al presidente Joaquín Balaguer de cualquier responsabilidad en su ejecución.
En primer plano, coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, guía militar de la Guerra de Abril y presidente del Gobierno Constitucionalista, detrás Héctor Aristy, ministro de la Presidencia, y a la izquierda, el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, fundador y líder del Movimiento Militar Constitucionalista.
Esa afirmación —calificar a Caamaño como desertor— no solo es históricamente incorrecta, sino jurídicamente insostenible.
¿Qué es un desertor?
Según el Diccionario de la Real Academia Española, desertor es:
“El militar que abandona su puesto o su deber en el marco de una guerra.”
“Soldado que abandona su ejército sin autorización.”
“Persona que abandona una obligación o causa con la que está comprometido.”
A la luz de estas definiciones, ninguna aplica al coronel Caamaño.
Caamaño no abandonó su puesto en combate.
No se retiró del conflicto dejando a sus compañeros.
No renunció a sus ideales ni cambió de bandera.
Por el contrario, encabezó el Gobierno Constitucionalista en Armas en defensa del orden democrático interrumpido en 1963. Su liderazgo se ejerció en pleno conflicto armado, enfrentando una intervención extranjera y fuerzas internas que desconocieron la constitucionalidad.
El contexto posterior a 1965.
El Acta de Reconciliación del 31 de agosto de 1965 fue resultado de negociaciones impuestas bajo la ocupación militar estadounidense. Ese acuerdo contemplaba:
Amnistía general.
Reintegración de militares constitucionalistas.
Respeto a los derechos humanos.
Elecciones libres.
Retiro de las tropas extranjeras.
Sin embargo, los hechos posteriores evidencian que estos compromisos fueron sistemáticamente vulnerados.
Desde septiembre de 1965 comenzó la persecución contra militares y civiles vinculados al movimiento constitucionalista. Se produjeron asesinatos, desapariciones, torturas y emboscadas. No hubo reintegración efectiva de los oficiales constitucionalistas. La represión política se intensificó tras la llegada al poder del doctor Joaquín Balaguer en 1966.
El propio Acta Institucional establecía:
“El Gobierno Provisional se compromete a respetar y hacer que se respeten los derechos humanos y las libertades públicas.” (Art. 13)
Y también:
“Las elecciones serán libres para que reflejen la voluntad del pueblo dominicano.” (Art. 51)
La práctica histórica posterior fue ampliamente cuestionada por múltiples sectores nacionales.
¿Deserción o coherencia política?
Ante la violación de los acuerdos y la continuidad de la represión, Caamaño decide reiniciar la lucha, organizando la guerrilla de 1973. Esa decisión puede ser debatida desde el punto de vista político o estratégico. Lo que no puede hacerse es redefinirla como “deserción”.
Desertar implica abandonar una causa.
Caamaño hizo exactamente lo contrario: volvió a asumirla.
No desertó del constitucionalismo; se reafirmó en él.
No abandonó su bandera; intentó retomarla por otros medios.
El grado militar.
Además, desde el punto de vista legal, su condición militar no fue anulada. La Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas establecía:
“Los grados militares son dados por vida y no pueden ser retirados sino por sentencia definitiva que imponga pena aflictiva o infamante.” (Art. 74)
No existió sentencia definitiva que le despojara de su rango de coronel. Tampoco dejó de ser Presidente Constitucional de la República en 1965, condición histórica que nadie puede borrar por decreto o interpretación posterior.
La responsabilidad histórica.
Intentar presentar a Caamaño como desertor forma parte de una narrativa que busca despojarlo de legitimidad histórica. Del mismo modo, intentar reducir la responsabilidad de su ejecución a una sola figura militar, desvinculando completamente la estructura política del momento, simplifica un hecho complejo que aún demanda análisis serio y documentación rigurosa.
La historia dominicana no puede escribirse sobre notas marginales ni sobre reinterpretaciones interesadas.
Una omisión simbólica
Frente al Palacio Nacional existe una Galería de Presidentes donde figuran:
Antonio Imbert Barrera (Gobierno de Reconstrucción Nacional, 1965)
Pedro Bartolomé Benoit (Junta Militar, 1965)
Sin embargo, no aparecen:
Dr. Rafael Molina Ureña, Presidente Constitucional en 1965.
Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, Presidente Constitucional en 1965.
Esa omisión no es menor. Es una deuda histórica.
Reconocer a Caamaño no es un acto partidario; es un acto de coherencia con la verdad histórica. Podrán discutirse sus decisiones, pero no puede distorsionarse su papel.
Francisco Alberto Caamaño Deñó no desertó.
Se mantuvo fiel a la causa que juró defender.
Y la historia, tarde o temprano, coloca cada nombre en su lugar.