El anuncio de una tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán no solo pausó las hostilidades, con lo que abrió un compás de incertidumbre geopolítica, sino que activó lecturas encontradas sobre quién realmente ganó un conflicto que se extendió por más de un mes. Y es en ese tablero movedizo donde la intervención del vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y el expresidente del país, Dmitri Medvédev, introduce una clave interpretativa que va más allá de la retórica triunfalista de las partes.
"El conflicto entre EE.UU. e Irán quedó en pausa. Como era de esperar, ambas partes se declararon victoriosas. ¿Quién ganó entonces? Ante todo, el sentido común, en el que la fe se vio gravemente socavada por las afirmaciones de la Casa Blanca de destruir la civilización iraní en un solo día", escribió en sus redes sociales.
Mientras Donald Trump proclama una “victoria total y completa”, y Teherán habla de una derrota “histórica y aplastante” de Washington y Tel Aviv, la advertencia del dirigente ruso coloca el foco en un terreno menos visible, con lo que desplaza el debate desde la propaganda hacia la lógica estratégica que define el curso real de los acontecimientos.
En ese sentido, Medvédev no se limita a evaluar el resultado inmediato del alto el fuego, sino que advierte que cada movimiento en este conflicto crea una situación cercana al zugzwang, término del ajedrez que describe el momento en que cualquier jugada empeora la posición del jugador obligado a mover. “¿Entonces qué? ¿De nuevo hostilidades? Es posible, pero hay una opción intermedia. Trump no quiere ni puede llevar una guerra durante mucho tiempo, y en el Congreso tampoco lo apoyarán. Por lo tanto, hay que mantener un frágil alto el fuego y fingir que todo está bien. Porque cada movimiento en este tablero crea una situación cercana al zugzwang".
Zugzwang: cuando moverse empeora la posición
Ese concepto, poco habitual en el lenguaje político, resulta revelador, porque sugiere que Estados Unidos podría estar atrapado en una dinámica donde avanzar implica escalar un conflicto que no puede sostener, mientras retroceder significaría reconocer una derrota que su narrativa interna no está en condiciones de admitir. De ahí que cobre sentido la vieja máxima atribuida a Sun Tzu, según la cual al enemigo que huye se le debe tender un “puente de plata”, no como gesto de benevolencia, sino como cálculo estratégico que busca evitar que un adversario acorralado se vuelva más peligroso y opte por una salida desesperada.
En el escenario actual, ese “puente de plata” se manifiesta en la tregua condicionada que permite a Trump presentarse como vencedor ante su base política, con lo que se le ofrece una salida que evita una escalada mayor, aunque al mismo tiempo lo coloca en una posición de fragilidad estructural frente a su adversario. "…el mero hecho de que Trump aceptara discutir el plan de 10 puntos es un éxito para los iraníes. La cuestión es si en Washington estarán de acuerdo con él: allí se habla de compensación por los daños a Irán, de la continuación del programa nuclear y del control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz. Es evidente que no. Eso sería humillante para él [EE.UU.] y significaría una verdadera victoria de la República Islámica de Irán".
Puente de plata: la salida estratégica sin humillación
Más aún, cuando el dirigente ruso advierte que aceptar plenamente esas condiciones sería humillante para Estados Unidos, introduce una contradicción central, ya que rechazar el acuerdo implica prolongar un conflicto inviable, pero aceptarlo significaría reconocer una derrota estratégica de gran alcance. En esa encrucijada, el zugzwang deja de ser una metáfora ajedrecística para convertirse en una descripción precisa del dilema estadounidense, atrapado entre la necesidad de sostener una narrativa de poder y la imposibilidad real de imponer su voluntad sin asumir costos políticos, militares y económicos insostenibles.
Sin embargo, la ecuación se complica aún más cuando Medvédev introduce a un tercer actor, Israel, que no necesariamente comparte ni los tiempos ni los intereses de Washington, con lo que rompe la idea de un conflicto bilateral y advierte sobre la posibilidad de movimientos que desborden cualquier intento de control. "Se trata de un juego de ajedrez en el que no hay dos, sino tres jugadores… Está también Israel, que no juega del lado de EE.UU. No necesita el alto el fuego y no ha cumplido sus objetivos. Y bien puede hacer su jugada: simplemente barrer todas las piezas del tablero. Eso hace la situación extremadamente incierta".
Más que una victoria clara de uno u otro bando, lo que deja esta pausa es la imagen de un tablero inestable donde se ofrece a Trump un “puente de plata” para evitar una caída más estrepitosa, mientras el zugzwang se cierne como advertencia de que, en determinadas coyunturas históricas, el poder también puede quedar sin movimientos favorables. Este cuadro revela no solo los límites del poder estadounidense, sino la emergencia de un escenario multipolar en el que actores como Irán logran resistir y negociar en condiciones menos asimétricas, con lo que se debilita la lógica de imposición unilateral.
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