“Primero la gente: hacia la calidad de vida de las personas”. Así se titula un valioso trabajo publicado recientemente. Su autor plantea reformular el modelo de gestión pública de la República Dominicana.

Para quien ha vivido más de cuatro décadas o para quien acostumbra a gestionar sus inquietudes hurgando, la expresión “Primero la gente” le debe resonar. Lo más seguro es que llegue el recuerdo de los esfuerzos de José Francisco Peña Gómez por alcanzar la Presidencia de la República.

El equivalente de esta frase en el idioma de Shakespeare lo podemos encontrar como lema de la campaña del Partido Demócrata de Estados Unidos en 1992: “Putting People First”. La dupla Bill Clinton / Al Gore también la usó como título de su libro/programa “Putting People First: How We Can All Change America” y de materiales de campaña como “Putting People First For a Change”. Incluso, la expresión fue ampliada para poner título al programa económico de campaña: “Putting People First: A National Economic Strategy for America”.

Desde ese tiempo, la expresión, con similitudes, énfasis y hasta sintaxis particulares, se ha reutilizado o adaptado en campañas progresistas o laboristas. En su idioma original destacan: Australia 2016, Santa Lucía 2021, Sudáfrica 2021 y Guyana 2025.

En lengua cervantina, la encontramos antes de que finalizara el pasado siglo, con Peña Gómez, como lema de campaña. Y más recientemente tenemos partidos políticos con ese nombre en Bolivia (2018), Perú (2022) y República Dominicana (2023).

Pero la expresión “Primero la gente” a la que me refiero va mucho más allá del simple enunciado. El economista Miguel Ceara Hatton le da nuevo contexto a la luz del crecimiento logrado por la República Dominicana en las últimas décadas.

En su publicación, Ceara Hatton destaca la resiliencia y la capacidad de República Dominicana para insertarse en una economía mundial cada vez más exigente. Este trabajo parte de una pregunta tan importante como urgente: ¿cuál debería ser la propuesta de políticas públicas para un país pequeño en un mundo donde se debilita el derecho internacional?

Algo queda bien claro al leer el documento: crecer no basta. Esta es, quizás, la conclusión más incómoda y necesaria que se desprende del referido trabajo: el país ha avanzado, pero todavía no ha logrado convertir de manera suficiente ese crecimiento en bienestar cotidiano, equidad territorial, servicios de calidad y oportunidades reales para todos.

Como otros estudiosos del tema, Ceara Hatton muestra luces de la realidad dominicana. Nos recuerda que la participación dominicana en la economía mundial casi se duplicó entre 1990 y 2024, y el país aparece como la séptima economía de América Latina y el Caribe. Pero también advierte que el éxito económico no elimina la urgencia de cerrar brechas de desigualdad y pobreza, ni la necesidad de diversificar mercados y aumentar la cadena de valor.

Ahí está el punto. Hemos confundido demasiadas veces crecimiento con desarrollo. Recordemos que el PIB puede subir, las inversiones pueden llegar, las torres pueden multiplicarse y el consumo puede expandirse, pero si la gente sigue enfrentando precariedad en salud, educación, vivienda, seguridad, transporte, empleo e ingreso, entonces la promesa del desarrollo queda incompleta.

Por eso resulta tan valiosa la propuesta de asumir un modelo de políticas públicas centrado en la calidad de vida. “Primero la gente” no debería ser una consigna más. Debe convertirse en regla de decisión. Cada obra, reforma, alianza, presupuesto o programa tendría que pasar por preguntas simples y exigentes: ¿cómo mejora esto la vida cotidiana de la gente?, ¿a quién beneficia primero?, ¿reduce desigualdades?, ¿amplía capacidades?, ¿fortalece el territorio?

Si respondemos bien, las políticas públicas tendrán un norte claro: diversificar la economía, fortalecer instituciones, ordenar el territorio, proteger el ambiente, elevar la productividad, mejorar salarios, ampliar capacidades y colocar a los más vulnerables en el centro.

República Dominicana necesita planes nacionales, sí, pero también territorios capaces de mirarse, dialogar, priorizar y sostener acuerdos más allá del ciclo electoral. El desarrollo no llega por decreto. Se organiza, se comunica, se pacta y se cuida. Ojalá pasemos del dicho al hecho, mejorando la vida de las personas. Así adquiere sentido de realidad cada vez que suene, en inglés o en español: Primero la gente.

Néstor Estévez

Comunicador

Agrega valor desde la comunicación como maestro de ceremonias, consultor, voz orientadora en diversos formatos, capacitando en habilidades comunicacionales y como animador sociocultural. Cuenta con dos licenciaturas (Comunicación y Educación), dos maestrías (Diplomacia y Derecho Internacional, y Dirección y Gestión Pública Local, con énfasis en Proyectos de Desarrollo Local), así como con formación en otras áreas del saber.

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