Giovanni D’Alessandro. En colaboración con el Grupo de Análisis para la Restauración Hídrico-Forestal
La República Dominicana enfrenta una amenaza silenciosa pero devastadora: la degradación progresiva de nuestras cuencas hidrográficas. Una crisis que nace en las montañas y termina afectando cada hogar, cada finca, cada acueducto, cada presa y cada sector productivo del país.
La vemos en la erosión acelerada de los suelos, en los incendios forestales cada vez más frecuentes y destructivos, 873 solo en 2023, máximo histórico, un 57% más que en 2020, en la sedimentación crónica de nuestros embalses y en la creciente vulnerabilidad ante sequías e inundaciones.
Entre 2001 y 2024 se estima la pérdida de aproximadamente 390 km² de bosque primario. A esto se suman miles de hectáreas destruidas por ganadería extensiva de montaña, conuquismo, tumba y quema. El resultado es dramático: menos infiltración, más erosión, más sedimentos en los ríos y una reducción alarmante en la capacidad de nuestras presas.
Lo que está en juego no son solo árboles.
Es la fábrica de agua de la nación.
El agua no comienza en la llave. Comienza en la montaña.
No se trata solo de árboles. Se trata de agua: seguridad hídrica, seguridad alimentaria, generación eléctrica, turismo, industria y, sobre todo, del futuro de las próximas generaciones.
Cada metro cúbico de agua perdido por degradación de cuencas representa mayores costos para la agricultura, la generación eléctrica, el abastecimiento urbano, el turismo y la competitividad nacional. La protección de los bosques y de las fuentes de agua no es solamente una responsabilidad ambiental; es también una inversión estratégica para el desarrollo económico y social del país.
Pero no partimos de cero
La República Dominicana ha demostrado que la recuperación es posible. Plan Sierra, la Reserva Científica Ébano Verde (Fundación Progressio), los esfuerzos del Grupo Jaragua y aliados como The Nature Conservancy en la Sierra de Bahoruco, junto al Ministerio de Medio Ambiente, son pruebas vivas de que con visión y perseverancia se pueden restaurar paisajes y cuencas.
Sin embargo, estos ejemplos también revelan una verdad incómoda: ningún esfuerzo aislado puede resolver un problema de escala nacional.
La recuperación debe comenzar en las cuencas altas, donde nace el agua y donde se originan los procesos de degradación que posteriormente afectan ríos, acuíferos, presas, sistemas de riego y centros urbanos. Proteger las montañas es proteger el abastecimiento de agua de todo el país.
Ha llegado el momento de escalar
Necesitamos transformar estos éxitos en una política de Estado con visión de país: un Plan Nacional de Restauración Hídrico-Forestal que integre reforestación de cuencas, reconversión productiva, aprovechamiento sostenible de sedimentos en embalses y una arborización urbana masiva. Una gran cruzada nacional que restaure la fábrica de agua de la nación, desde la montaña hasta la ciudad.
Que ninguna provincia, ninguna ciudad y ningún municipio quede fuera. Debemos crear una mística nacional donde cada ayuntamiento y cada gobernación asuma como propia la tarea de reverdecer su territorio. Que plantar y cuidar árboles sea un orgullo y una responsabilidad local.
La restauración hídrico-forestal debe convertirse en una causa local. Cada municipio puede identificar sus zonas de recarga, sus riberas degradadas, sus espacios urbanos carentes de árboles y sus áreas prioritarias de restauración. La construcción de una nación más verde comienza en cada comunidad.
Que cada alcalde y cada gobernador pueda decir con convicción:
“En nuestra provincia y en nuestras ciudades estamos plantando la Nación.”
La corresponsabilidad nacional
Esta cruzada no puede ser de un solo sector ni de un solo gobierno. Exige una arquitectura de corresponsabilidad donde cada actor sabe lo que le toca, actúa en su territorio y rinde cuentas por ello:
- El Estado — Ministerio de Medio Ambiente, INDRHI, MEPyD y demás instituciones, con la Ley 368-22 como instrumento articulador — debe liderar, coordinar y fiscalizar la estrategia nacional.
- Las Fuerzas Armadas deben asumir un rol activo en logística, brigadas de reforestación, control de tala ilegal y vigilancia en zonas remotas.
- Las empresas, incluyendo las mineras en actividad, deben cumplir sus obligaciones legales de restauración forestal (Ley 57-18, Art. 25) y aportar al Fondo Nacional de Corresponsabilidad Hídrica.
- Las Juntas de Regantes deben ser actores centrales en la protección de cuencas, canales y zonas de recarga que sostienen el riego del que viven.
- Todos los ayuntamientos y gobernaciones deben asumir la arborización urbana como prioridad estratégica: ordenanzas verdes, viveros municipales, parques lineales y escuelas arborizadas.
- Las comunidades, universidades, iglesias y sociedad civil deben participar como custodios del territorio y veedores de resultados.
- Los organismos internacionales — Banco Mundial, GCF, AFD, GIZ, BID, FAO, PNUD — deben acompañar con financiamiento y conocimiento. Los fondos existen: el acuerdo REDD+/Banco Mundial (US$25M activos) y el bono verde soberano de 2024 (US$750M) son plataformas ya disponibles.
¿Cómo mediremos el éxito?
No solo por millones de árboles sembrados, sino por resultados concretos y verificables:
- Cuencas recuperadas con cobertura forestal efectiva y caudales estabilizados
- Reducción de sedimentación en presas y embalses estratégicos
- Recuperación de caudales y disponibilidad de agua para consumo, riego y energía
- Ciudades y provincias más verdes, frescas y habitables
- Mayor resiliencia climática y seguridad hídrica nacional
- Supervivencia de árboles verificada a 12, 24 y 36 meses por satélite e inteligencia artificial
El instrumento para monitorear todo esto ya existe: el SNIT de la Ley 368-22 y el SIGEO-RD del Ministerio de Medio Ambiente. La transparencia no es opcional: debe ser la norma.
Todavía estamos a tiempo
Cada año de inacción aumenta el costo que pagarán nuestros hijos. Cada cuenca degradada significa menos agua para mañana. Cada incendio forestal destruye años de esfuerzo.
La pregunta ya no es si debemos actuar. La pregunta es si tendremos la voluntad colectiva para hacerlo con la urgencia y la grandeza que el momento exige.
Porque los bosques protegen el agua.
Las cuencas la regulan.
Los manglares protegen nuestras costas.
Los embalses almacenan el futuro.
Y la nación entera depende de ellos.
La historia juzgará a esta generación no por lo que sabía, sino por lo que hizo cuando todavía había tiempo.
Es hora de pasar de la preocupación a la acción. De los esfuerzos dispersos a una visión compartida. De las buenas intenciones a los compromisos medibles.
¡PLANTEMOS LA NACIÓN!
Créditos
- José D. Jiménez, PH.D., Ingeniería Ambiental y Manejo de Recursos Forestales Tropicales
- Rafael W. Rodríguez Cruzado, Geólogo y Experto en Recursos Hídricos y Resiliencia Costera
- Alexander Holsteinson, Ingeniero Civil, Postgrado en Muelles y Puertos en Japón, en Adm. de la Construcción, Intec, y Especialista en Sistemas Geoespaciales de Trimble GNSS RKT
Fuentes de referencia
– Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales – SIGEO-RD
– Plan Sierra
– Reserva Científica Ébano Verde – Fundación Progressio
– Grupo Jaragua
– The Nature Conservancy – República Dominicana
– Ley 64-00 – Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales
– Ley 57-18 – Ley Sectorial Forestal (Art. 25: reforestación obligatoria para extractores)
– Ley 368-22 – Ley de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos
– Acuerdo REDD+ / FCPF – Banco Mundial (US$25M activos)
– Bono Verde Soberano – Ministerio de Hacienda, junio 2024 (US$750M)
– INDRHI – Datos técnicos sobre sedimentación de presas
– Estrategia Nacional de Desarrollo (END 2030)
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