Los procesos mentales relacionados con la rutina son diferentes a los vinculados a la novedad. Ninguno de los dos es mejor que el otro y resulta necesario utilizar a ambos correctamente.
La rutina nos permite seguridad y eficientiza procesos cerebrales haciéndolos más sencillos. Por otro lado, la novedad nos atrae, activa circuitos cerebrales de recompensa y memoria, lo que contribuye al aprendizaje y a la creatividad, requiriendo mayores esfuerzos.
Creamos hábitos que automatizan nuestros actos, lo que nos permite: ahorrar energía liberando recursos para otros fines, favorece la neuroplasticidad y el buen funcionamiento cerebral al consolidar conexiones neuronales, contribuye al bienestar emocional al facilitarnos la vida y permite que nuestra creatividad se enfoque hacia mejores áreas.
No es lo mismo que pases media hora esforzándote para descubrir dónde dejaste las llaves del auto, que no necesitar pensar en eso por tener un único sitio fijo para guardarla.
Aunque nuestro cerebro representa el 2% del peso corporal total, consume un 20% del total de nuestra energía. Realmente pensar puede agotarnos. Cuando desarrollamos conductas automáticas, nuestra corteza prefrontal no tiene que ocuparse en funciones que podemos delegar en otras áreas cerebrales, como los ganglios basales.
Cuando aprendemos a manejar supone un esfuerzo inicial, pero una vez aprendido y automatizado, se hace de forma rutinaria, por lo que puedes analizar problemas mientras conduces tu auto. Nos autoentrenamos para crear hábitos, lo que mejora nuestra eficacia.
La buena rutina permite una vida más cómoda, relajada, segura y gratificante. En cambio la neurociencia que se enfoca en lo nuevo nos muestra que cuando salimos de nuestra zona de confort podemos mejorar.
La búsqueda de la novedad hace que el cerebro se esfuerce más, pero también conlleva otro sistema de estímulos o recompensas. El descubrir o desarrollar algo nuevo produce fuertes liberaciones de dopamina y satisface nuestros impulsos adaptativos, haciéndonos sentir que mejoramos nuestras capacidades.
El hipocampo es parte de nuestro “cerebro emocional” y tiene que ver con el aprendizaje, la atención y la memoria, por lo que el placer por un descubrimiento o desarrollo de alguna fortaleza, también favorece a la memoria.
Vivir la novedad hace que el tiempo se expanda y nos concentra en el presente. En una existencia rutinaria, la vida parece pasar con mucha rapidez y al mirar atrás nos parece demasiado corto el tiempo vivido. Por otro lado, el exceso de novedad afecta la sensación de seguridad, sobrecarga nuestra corteza prefrontal, nos agota y dificulta consolidar los aprendizajes.
Lo ideal es el equilibrio entre una rutina diseñada con inteligencia y una novedad planificada controlando las emociones.
El mindfulness puede ser de mucha ayuda en el proceso de lograr ese equilibrio conveniente. Nos permite vivir la rutina con mayor conciencia e incluso descubriendo novedades en lo que ya conocemos. Podemos renovar lo que consideramos viejo.
Desarrollar una nueva consciencia del proceso de respirar, podría parecernos algo muy novedoso, permitiendo experiencias nuevas en nuestro propio organismo.
Mantener la rutina con bajo nivel de conciencia puede determinar apatía, fatiga, depresión y burnout.
La novedad sin excesos favorece la neuroplasticidad, memoria y bienestar. Si es excesiva puede agotarnos.
Programa tu día a día, de manera que lo que haces en forma repetitiva lo hagas sin tener que dedicarle mucha atención, este proceso requiere mucho orden y disciplina. Si logras crear hábitos convenientes, a tu conciencia se le facilitará expandir tu nivel de vida en la forma que te interese.
Tal vez nos sintamos cómodos y seguros con lo que hacemos en nuestro presente, especialmente si gozamos de estabilidad económica, pero a nuestros cerebros les resulta muy conveniente que dediquemos tiempo a aprender cosas nuevas.
Está bien que viajes, estudies, tengas experiencias nuevas y hagas cambios en tu vida, pero también que descubras novedades en lo que haces siempre. Si analizas bien, descubrirás que en el camino que tomas a diario, hay miles de elementos interesantes que tienes la costumbre de no ver. Expandir tus vivencias o aprovechamiento de lo que haces, por simple que te parezca, contribuye a una existencia plena.
Observa tu respiración como si la estuvieras empezando a conocer, besa a tu pareja como si fuera el primer beso y revisa tus recuerdos sabiendo que todavía tienen detalles que no has descubierto.
Vive la rutina de forma novedosa y las nuevas experiencias desde un patrón mental preestablecido.
Graybiel, A. M. (2008). Habits, rituals, and the evaluative brain. Annual Review of Neuroscience, 31, 359–387.
https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.29.051605.112851
Lisman, J. E., & Grace, A. A. (2005). The hippocampal-VTA loop: Controlling the entry of information into long-term memory. Neuron, 46(5), 703–713.
https://doi.org/10.1016/j.neuron.2005.05.002
Eagleman, D. M. (2008). Human time perception and its illusions. Current Opinion in Neurobiology, 18(2), 131–136.
https://doi.org/10.1016/j.conb.2008.06.002
Compartir esta nota