Los abuelos paternos de mis hijos eran de Higüey y vivían en Higüey por lo que pude conocer y acumular recuerdos de esa ciudad.

Desde La Vega se preparaban peregrinaciones al santuario que era sede de la protectora del pueblo dominicano, La Virgen de la Altagracia. Yo nunca fui, porque eso era muy lejos. 

Escuchaba que tardaban días en ir, creo una exageración, pero luego viviendo aquí en la capital, cuando debíamos ir a esa ciudad había que pensarlo porque el trayecto era largo y agotador y no es que al día de hoy sea cerca, pero la autopista hace que el viaje no sea tan estresante. Al ir en carro privado, recuerdo que tomábamos no la carretera principal, sino carreteras en medio de cañaverales para que el camino fuera más corto.

Llegar a la casa de los abuelos de mis hijos era lo más cercano a estar en la gloria. Lo mejor era cuando coincidíamos todos con los nietos, porque la algarabía era única.

Mi hijo mayor le gustaba balancearse con las cortinas, yo le llamaba la atención y su abuela decía que lo dejara, entonces yo veía para otro lado.

Desde que llegábamos en una mesa bien larga en donde diariamente comíamos ponían una bandeja con diferentes quesos, panes, casabe, embutidos y cuantas cosas se imaginen. Mi cuñada Marcia y yo, cada vez que pasábamos, algo comíamos. Don Luis, su papá y abuelo de mis hijos nos decía “mis hijas, parece que están pasando mucha hambre”, nosotras solo reíamos.

Una de las cosas que más recuerdo era en el mes de diciembre. Doña Matilde hacía un “Niñito Jesús”, desde el día primero hasta el 23, todas las noches la casa se llenaba de niños de la ciudad, iban a rezar, pero sabían que el último día tendrían regalos. 

A propósito de eso, un sacerdote le dijo a mi hijo mayor en uno de esos conciertos en que tocó como solista con la OSN en la basílica, que él recordaba mucho a Doña Matilde, por su edad mi hijo dudó porque hacía mucho que su abuela había fallecido, el sacerdote le dijo que iba al Niñito Jesús cuando niño.

Era muy común ver en la casa desfilando gente del pueblo y de las comunidades cercanas a buscar unas fundas que Doña Matilde les regalaba cada 24 de diciembre, ella decía “Es mi misión”

Una vez Marcia y yo estábamos tan ocupadas preparando y ayudando en “su misión” que nos habíamos olvidado en organizar la cena. Cuando nos dimos cuenta encargamos a una señora que brindaba servicio de catering y pudimos salvar la noche. 

Algo que recuerdo es que las fiestas de la Virgen para todo el país es el 21 de enero, pero para los higüeyanos es el 15 de agosto, día de la Coronación de la Virgen, coincidiendo con la Asunción.

Ese día es una verdadera fiesta, acostumbran a pasearse en los caballos más hermosos que cada persona tenga. Nunca olvidaré mi primera fiesta en que Marcia “toda ella” se paseó en un hermoso caballo de paso fino propiedad de la familia. Llevaba unos pantalones y una chaqueta y en la cabeza un sombrero de vaquero. También había un desfile de los toros que iban a ser ofrecidos a la Virgen.

Cuando estuve en Higüey visité y conocí los bateyes, algo desconocido en el Cibao y pude ver las casitas todas iguales y las familias al frente disfrutando sus días de descanso.

En la casa de Higüey tuve el honor de conocer al Dr. Balaguer y a Don Amable Aristy Castro, pues doña Matilde fue una gran activista reformista y amiga personal de ellos.

En estos días, en unas diligencias con uno de mis hijos en el Central Romana tuve que recordar al Ing. Carlos Morales Troncoso, amigo y muy cercano por motivos de negocios de Doña Matilde, a quien él llamaba “Matildá”.

Por siempre, aún cuando ya no pertenecía a la familia, mis lazos con todos, fue muy estrecho. Al día de hoy los primos de mis hijos son mis sobrinos y ellos mantienen esos lazos tanto con mis hijos como conmigo. En todas las ocasiones especiales estamos presente, sus visitas y llamadas son muy frecuentes y sus hijos son mis nietos.

Hoy doy gracias a Dios por haber entrado a formar parte de esa familia que se constituyeron en una verdadera familia para mí a pesar de dejar de existir los lazos que en un principio me llevaron a conocerles.

EN ESTA NOTA

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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