El Frente Marino en construcción en el litoral de la hermosa playa Pedernales debe ser apoyado por toda la comunidad porque representa la única obra importante contratada y en ejecución desde cero, en el municipio capital de la provincia, aunque su rediseño, en cuanto a humanización del territorio, no supere al autorizado y pagado por la gestión gubernamental pasada. El otro establecía en la franja norte: viviendas, plazas comerciales, salones de belleza, bares, restaurantes y otras facilidades.
La iniciativa para la recreación colectiva no ha contado con el respaldo unánime de la población, debido a causas atribuibles más al mismo Gobierno que a necedades propias de adoptantes tardíos o políticos oportunistas de cuantas propuestas se hagan.
Porque, ¿a quién, si no al Gobierno, se puede atribuir el nivel de desconocimiento comunitario sobre la pertinencia del proyecto, sobre todo, en cuanto a fortalezas como rescate y adecentamiento de la playa y su entorno, creación de áreas recreativas para el disfrute de todos y la activación económica local?
¿A quién, si no al Gobierno, incluyendo autoridades locales, que aún hoy no se han empoderado del todo sobre la pertinencia de la obra?
¿A quién, si no al Gobierno, se debe culpar de la conflictividad evitable con el dueño del pequeño restaurante El Navío, levantado en el perímetro contemplado en el diseño tras el anuncio formal, en 2021, de la construcción por parte del presidente Luis Abinader durante un acto en el área del “maleconcito”? ¿Acaso no fue Medio Ambiente la institución que a posteriori le autorizó a operar en esa área pública?
¿A quién culpar, si no al Gobierno, por la incursión de las constructoras en terrenos privados contiguos sin previa conversación y pago justo?
¿A quién, si no a la alcaldía en manos del partido gobernante, por la inoportuna construcción del letrero Pedernales, tapando el mar, en la misma ruta del paseo marino previamente anunciado? El alcalde de la ocasión adujo que lo colocaría allí, sí o sí, porque era su legado.
En definitiva, ha fallado la comunicación gubernamental o institucional. Ha fallado la conversación con la comunidad. Letal.
Para cualquier proyecto de desarrollo que pretenda lograr sentido de pertenencia en el colectivo, la comunicación debería ser protagonista, imprescindible, transversal, nada autoritaria. Lejana, por tanto, del paradigma dominante en el Gobierno, que es masivo, difusionista, vertical, persuasivo, distante de la gente.
De no ser así, a pesar de las buenas intenciones y las medidas precautorias de los planificadores oficialistas, la obra terminará vulnerable a las permanentes tentaciones de la arrabalización y el abandono.
De acuerdo a la información obtenida en Turismo, varias acciones han sido planificadas para preservar la obra.
Mediante decreto del presidente Abinader se creará un organismo representativo de organizaciones sociales, empresariales, académicas, religiosas para gestionar la obra.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) debe ser integrada porque -cuando otros callaban por no asumir responsabilidades sociales- esta academia estatal mantuvo una actitud proactiva de denuncia y defensa de nuestras playas antes amenazas de explotación de sus manglares y privatización.
Para evitar las malas experiencias con proyectos similares en otras provincias, las casetas no serán donadas ni vendidas a nadie.
La asignación -que debe ser a pequeños negociantes locales- estará supeditada a garantía de calidad de alimentos y bebidas, higiene de baños y demás áreas, orden, control de ruido y de cualquier elemento que altere el diseño y afee el entorno.
Muy bien. Hay que evitar los teteos, los “vaqueros”, las riñas, el aislamiento de la comunidad por parte de dos o tres… el desmadre. Evitar que el frente marino sucumba por falta de autoridad. Y, como obra de ingeniería, la comunidad, vigilar para prevenir un tollo que se lo lleve de paro la primera oleada o la primera lluvia.
Sin embargo, un proyecto de interés público como ese, en el marco de la construcción de un destino de turismo sostenible, no pega con un paradigma comunicacional a la vieja usanza, tan caro con estéril, enajenante, masivo, informacional, excluyente de la participación comunitaria, limitado al envío de notas de prensa, montajes de discursos políticos y loas mediáticas desde la capital.
El Frente Marino quedará incompleto y en alto de riesgo de fracaso, como quedará el destino turístico, por la ausencia de una oficina local de comunicación, tantas veces sugerida, con vida propia y profesionales calificados en planificación de políticas, estrategias y proyectos de comunicación.
Un organismo distante de la manipulación que gestione el relacionamiento con los pueblanos y, entre todos, construyan una cultura de amor al turismo, pero también de pasión por la construcción del bienestar general. Y eso no logra creando una aureola espumosa sobre una comunidad ignorada.
Compartir esta nota