«… Tuvo que admitir lo que lleva años resistiéndose a aceptar: una buena sociedad no se impone desde arriba, se construye confiando en las personas antes que en las normas formales». (C. L. Skach: Cómo ser un ciudadano. Seis lecciones para un mundo nuevo en paz).

Todo análisis ha de tener, como premisas esenciales, el contexto en que tiene lugar y los factores interactuantes, así como actores involucrados, intereses y el aura de las decisiones y acciones en el tiempo. El contexto derivará en la gradualidad de la temporalidad en la historia que, inexorablemente ocurrirá si somos lo suficientemente objetivos en los niveles de matices para determinar la elevación o no de los indicadores en cada momento y realidad.

Ya de manera magistral el científico social Yuval N. Harari en su libro Nexus, nos ilustraba sobre la idea populista de la información: Información… Poder, donde el «populismo considera la información como un arma». Más adelante nos grafica la idea ingenua de la información que se traduce en: Información… Verdad… Sabiduría y Poder. Haciendo una exégesis de sus ponderaciones, decimos que nos encamina a comprender: la idea compleja de la información con el proceso de: Información… Verdad… Sabiduría… Orden y Poder.

Plantear, pues, los hechos para que no sean manipulados con desinformación y posverdad hay que ir a menudo a la historia, empero, no a la historia como los hechos transcurridos a lo largo del tiempo, como alguna vez nos dictaron, sino, como lo aborda Harari: «La historia no es el estudio del pasado, sino el estudio del cambio. La historia nos enseña lo que se mantiene inmutable, lo que cambia y cómo cambian las cosas». Es el signo inevitable de las transformaciones, al tiempo que debemos situarnos en las nuevas realidades: económicas, sociales, institucionales, culturales e, incluso, geográfica, geopolítica y la geoeconómica.

El surgimiento de ayer, los parámetros existenciales de su creación, de cualquier construcción humana, se van validando, no por la historia de su génesis, sino de cómo van asumiendo la contemporaneidad. Incluso puede ser que la pertinencia de su misión, visión y valores sigan jugando un rol protagónico en esa sociedad; vale decir, sus cimientos se encuentran como expectativas no alcanzadas. Aun así, dado el grado de evolución de la sociedad misma, amerita de un nuevo repensar, de nuevos replanteamientos a la luz de la multiplicidad de factores que se anidan en esta sociedad cada vez más compleja; sobre todo en crisis.

Como dicen Zygmunt Bauman y Carlo Bordoni en su libro Estado de crisis: «El concepto de crisis evoca la imagen de un momento de transición desde una condición previa a otra nueva, una transición necesaria para poder crecer, el preludio a un estatus diferente y mejor». Esto significa replantear la validez de nuestra postura, revisar lo que hemos hecho y, más importante, lo que es dable hacer, lo que hay que cambiar y las nuevas formas de abordaje de los distintos actores sociales, políticos y económicos que interactúan y pretenden incidir en el escenario de lo público.

Nuevas realidades nos interpelan con nuevos ojos, allí donde la reflexividad ausculta la realidad, despojando lo más posible de la subjetividad, donde el campo de lo que tenemos que cambiar se avizora desde la perspectiva holística para encontrar todos los espacios necesarios de la vastedad del encuentro de la verdad. Aquí, pues, cobra sentido parafrasear a Albert Einstein: «Si queremos resultados diferentes, no podemos seguir haciendo lo mismo». Es cierto, pero va más allá de la pertinencia del científico. A menudo, sin autocomplacencia, todo lo que hicimos fue correcto e, incluso, es probable que la agenda de la comunidad haya mejorado, sin embargo, la escalera acusa nuevos calados, mejores niveles y mayor rigurosidad técnico-científica. Es lo que hoy denominamos la experiencia retardada con la renovación trascendida.

¿Cómo incidir en la vida pública hoy, frente a un mundo tan complejo, donde la realidad virtual cuasi se impone a la realidad real y las redes sociales golpean la construcción de los espacios necesarios de la confianza? Lo primero que tenemos que asimilar es la visión estratégica desde cualquier ámbito de la vida pública-social que nos encontremos. Las evidencias de nuestros planteamientos deberán bosquejarse mayormente en elementos empíricos, analizados técnicamente, más allá de la construcción de relatos para justificar el populismo de ocasión. Sin datos, sin evidencias. Verbigracia:

  1. El Código Laboral y la problemática de la cesantía. Ni el gobierno ni los sindicalistas han presentado estudios técnicos, con datos, con evidencias factuales, que apunten a la necesidad para el conjunto de la sociedad. Vale decir, qué gana y qué pierde como visión país de cara al futuro de la empleabilidad. El empresariado está amparado en estudios y en dos leyes orgánicas, al tiempo que postulan que los derechos adquiridos no se perderán, poniéndole un tope a la cesantía para los nuevos empleados. La Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo (1-12) en su artículo 31, numeral 2, habla claramente del Seguro de Desempleo y la Ley de Seguridad Social postula la protección social, a través de las pensiones/jubilaciones. ¡La cesantía, como está hoy, forma parte de un populismo nostálgico, una añoranza del pasado que la realidad del mundo ha superado!
  2. El caso de las candidaturas independientes. No debió nunca ser establecida en la Ley 20-23 del Régimen Electoral en los artículos: 156, 157 y 158. Se debió primero modificar la Constitución en su artículo 216, numeral 2, que reza: Partidos políticos: «La organización de partidos, agrupaciones y movimientos políticos es libre, con sujeción a los principios establecidos en esta Constitución. Su conformación y funcionamiento deben sustentarse en el respeto a la democracia interna y a la transparencia, de conformidad con la ley. Sus fines esenciales son: (2): Contribuir, en igualdad de condiciones, a la formación y manifestación de la voluntad ciudadana, respetando el pluralismo político mediante la propuesta de candidaturas a los cargos de elección popular».

Aquello fue un desaguisado del Tribunal Constitucional que la Junta Central Electoral se vio «obligada» a buscar un «bajadero» a la sentencia del Tribunal. No afecta ningún derecho fundamental, pues la Constitución les da derecho a los partidos políticos, del monopolio para acceder al poder. Desde la sociología política, más allá de los estudios comparados sobre las candidaturas independientes, que han sido un fracaso, en nuestra sociedad no tenemos barreras de entrada para la participación política. Tenemos 34 partidos reconocidos oficialmente por el órgano electoral.

No avanzamos cualitativamente si permitimos que desde la antipolítica cimentemos el cuadro del populismo sin rostro y sin sentido. Un joven de 20 años puede elegir, pero no puede ser diputado, ni senador ni presidente de la República. Está normalizado en la Constitución. En Dominicana se define el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Ningún juez puede casar a dos personas del mismo género. Está prohibido en la Constitución. Algo anacrónico y aberrante para dos personas que tienen que irse a otro país. Actualmente, alrededor del 50 % de los países tienen el matrimonio del mismo género. En Estados Unidos el 100 % de los 51 estados consagran la legalidad de dos personas del mismo sexo. En la Unión Europea, de 27 países, 22 tienen consagrado el matrimonio del mismo género. Hoy en día, debemos incidir en múltiples estrategias multicausales (offline + digital, esto conduce al uso de redes sociales: X, TikTok, Facebook, Instagram), tratando de coadyuvar con la narrativa pública. Todo esto sin desconocer el rol de los medios de comunicación tradicional.

Cada día más, sobre todo desde la sociedad civil, se requiere de la construcción de coaliciones para poder trillar diferentes tópicos que acusan a la sociedad, tales como: medio ambiente, desigualdad, pobreza, institucionalidad, calidad de la democracia. De lo que se trata es de cómo en una alianza amplia: academia, iglesias, sector privado, ONG, organismos internacionales, apuntalen hacia objetivos priorizados en el contexto de las necesidades de la sociedad.

De lo que se trata es de cómo alimentamos lo poco que tenemos, evitando lo más posible la fragmentación, entendiendo que nadie es más inteligente que todos juntos y remando todos hacia la misma dirección. El empuje ha de constituirse en un escenario donde el discurso se basamente en una narrativa de framing. Ello conduce hoy a que no basta con tener razón técnico-científica. Se requiere ir más allá, saber vender la historia, el argumento de por qué luchamos y de lo que queremos desde la perspectiva social colectiva. Generalmente, quien gana la narrativa, gana los espacios e incide de manera más denodada en la vida pública, institucional.

En el pasado, nuestra incidencia en la vida pública era más ideológica y menos técnica. Hoy, ha de ser más técnica, narrativa, mejor articulada estratégicamente, más integrada a procesos multicausales. Por ello la necesidad de tener como soporte una especie de think tank en alianza con universidades. Es una nueva praxis ramificada en radares policymakers que conduzca a la radiografía social, económica, institucional desde el contexto, la historia y sus matices, como herramientas para la transformación de las agendas estructurales.

Se requiere, hoy más que nunca, más y mejor democracia. No su retroceso y degradación. Como diría Manuel Castells en su libro Ruptura: «En tiempo de incertidumbre suele citarse a Gramsci, cuando no se sabe qué decir. En particular, su célebre aserto de que el viejo orden ya no existe y el nuevo todavía está por nacer. Lo cual presupone la necesidad de un nuevo orden después de la crisis. Pero no se contempla la hipótesis del caos. Se apuesta por que surja ese nuevo orden de una nueva política que reemplace a la obsoleta democracia liberal que, manifiestamente, se cae a pedazos en todo el mundo, porque deja de existir en el único lugar en que puede perdurar: las mentes de los ciudadanos».

Cándido Mercedes

Sociólogo

Sociologo. Experto en Gerencia. Especialidad en Gestion del Talento Humano; Desarrollo Organizacional y Gerencia Social y Sociología Organizacional. Consultor e Instructor Organizacional. Catedrático universitario.

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