El Papa Francisco cuando era acusado de ser comunista, se refugiaba en Mateo 25, he aqui una lectura desde una perspectiva marxista, progresista y de izquierda de ese evengelio.
Hay textos bíblicos que pueden ser domesticados por el poder. Mateo 25 no es uno de ellos.
Cuando Jesús dice: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis”, está colocando al ser humano vulnerable en el centro de la vida moral. Y cuando agrega: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”, rompe con una concepción de la fe encerrada en los templos y la convierte en una cuestión concreta de justicia, solidaridad y responsabilidad frente al sufrimiento humano.
Mateo 25 no habla de estadísticas. Habla de seres humanos.
Habla del hambriento, del sediento, del excluido,del extranjero, del desnudo, del enfermo y del preso. Es decir, habla de aquellos que, en toda sociedad desigual, suelen quedar en los márgenes.
I. EL HAMBRE NO ES UNA FATALIDAD
Desde una perspectiva marxista, la primera pregunta ante el hambre no debería ser solamente: ¿quién tiene hambre?
También debemos preguntar:
¿Por qué tiene hambre? ¿Quién produce la riqueza? ¿Quién se apropia de ella? ¿Qué estructuras sociales producen la pobreza?
El capitalismo contemporáneo,al que el Papa Francisco definió de salvaje, produce una contradicción brutal: mientras una parte de la humanidad acumula fortunas extraordinarias, millones de personas carecen de alimentos, vivienda, educación y servicios básicos.
La pobreza no puede explicarse exclusivamente por decisiones individuales. Existe una dimensión estructural.
Millones de trabajadores producen diariamente riquezas que no controlan. Su fuerza de trabajo genera valor, pero una parte significativa de ese valor es expropiada privadamente.
Aquí aparece una de las grandes contribuciones de Carlos Marx: demostrar que detrás de la apariencia de igualdad del mercado existen relaciones sociales profundamente desiguales.
Por eso Mateo 25 puede ser leído hoy como una pregunta incómoda dirigida a toda sociedad:
¿Cómo puede una sociedad producir tanta riqueza y permitir simultáneamente que seres humanos mueran de hambre?
II. “FUI FORASTERO Y ME RECIBISTEIS”
Esta frase adquiere una enorme actualidad frente al fenómeno migratorio.
Jesús coloca al extranjero dentro del círculo de nuestra responsabilidad moral.
No dice:
“Era extranjero, por lo tanto no era asunto mío.”
Dice:
“Fui forastero, y me recogisteis.”
La migración contemporánea no puede analizarse únicamente desde las fronteras y las leyes migratorias. Hay que mirar las causas que obligan a millones de personas a abandonar sus países: pobreza, guerras, desigualdad, intervenciones militares, crisis económicas, persecuciones, desastres ambientales y ausencia de oportunidades.
El trabajador migrante no deja de ser trabajador porque haya cruzado una frontera.
El ser humano no pierde su dignidad porque carezca de documentos.
Y ningún muro puede convertir el sufrimiento humano en un problema exclusivamente ajeno.
Una izquierda consecuente debe defender simultáneamente el derecho de los pueblos a desarrollarse en sus propios países y los derechos humanos de quienes se ven obligados a migrar.
No se trata de negar la existencia de leyes migratorias. Se trata de afirmar que ninguna ley debe convertirse en una licencia para deshumanizar.
III. EL CAPITALISMO Y LA MERCANTILIZACIÓN DE LA VIDA
El capitalismo tiene una enorme capacidad para convertir necesidades humanas en mercancías.
La vivienda se convierte en negocio.
La salud se convierte en negocio.
La educación se convierte en negocio.
La alimentación se convierte en negocio.
Incluso nuestra información, nuestras relaciones y nuestra atención se convierten en mercancías dentro del capitalismo digital.
Mateo 25 introduce una lógica diferente:
el valor de una persona no depende de su capacidad de compra.
El hambriento no necesita demostrar su rentabilidad para recibir alimento.
El enfermo no necesita demostrar su productividad para recibir atención.
El extranjero no necesita demostrar su utilidad económica para conservar su dignidad.
El preso no deja de ser humano.
Esta es una profunda ruptura con la lógica que pretende medirlo todo mediante el dinero.
IV. “A UNO DE ESTOS MIS HERMANOS MÁS PEQUEÑOS”
Aquí encontramos el corazón político y ético de Mateo 25.
Jesús no dice que encontraremos a Dios exclusivamente en los palacios,en los templos, en las grandes instituciones o entre los poderosos.
Lo sitúa entre “los más pequeños”.
Esta expresión obliga a mirar hacia abajo, hacia quienes viven en las periferias sociales,debajo de los puentes..
El trabajador precarizado.
La familia que no puede pagar el alquiler.
El campesino empobrecido.
El migrante perseguido.
El niño que estudia en una escuela abandonada.
La persona que duerme en la calle.
La anciana que no puede comprar sus medicamentos.
El joven sin oportunidades.
El preso olvidado.
Desde una perspectiva de izquierda y progresista esto plantea una cuestión fundamental:
una sociedad debe ser juzgada por la manera en que trata a quienes tienen menos poder.
No por el tamaño de las fortunas de sus multimillonarios.
No solamente por el crecimiento del PIB.
No por la cantidad de centros comerciales.
No por la cantidad de vehículos de lujo.
La verdadera medida del desarrollo humano debería ser cuánto bienestar, dignidad, educación, salud, vivienda y oportunidades garantiza a las mayorías.
V. LA RIQUEZA SOCIAL Y LA EXPROPIACIÓN PRIVADA
Marx mostró una contradicción fundamental del capitalismo: la producción es cada vez más social, mientras la expropiación de una parte importante de la riqueza permanece concentrada privadamente.
Millones participan en la producción de la riqueza social, pero las decisiones fundamentales sobre esa riqueza permanecen en manos de quienes controlan grandes cantidades de capital.
Mateo 25 introduce otra pregunta:
¿Qué hacemos con aquello que tenemos?
La parábola de los talentos puede ser interpretada, desde una perspectiva progresista de izquierda, como una reflexión sobre la responsabilidad frente a los recursos y capacidades que poseemos.
Pero hay que evitar una interpretación simplista según la cual Jesús estaría diciendo simplemente: “hazte rico”.
El capítulo termina precisamente colocando el problema de la riqueza dentro de una dimensión ética: ¿qué hiciste con ella frente al sufrimiento de los demás?
La pregunta no es solamente cuánto acumulaste.
La pregunta es:
¿Para quién sirvió lo que acumulaste?
VI. LA INDIFERENCIA TAMBIÉN ES UNA FORMA DE INJUSTICIA
Mateo 25 contiene una crítica demoledora a la indiferencia.
No condena únicamente a quienes hacen daño directamente.
También cuestiona a quienes pudieron actuar y decidieron no hacerlo.
Esto tiene una enorme importancia política.
Cuando una sociedad sabe que existen niños pasando hambre y no actúa, existe una responsabilidad colectiva.
Cuando sabe que miles de familias no pueden acceder a una vivienda digna y no actúa, existe una responsabilidad.
Cuando sabe que trabajadores reciben salarios insuficientes mientras aumentan extraordinariamente las ganancias de determinadas empresas y no cuestiona esa realidad, existe una responsabilidad.
Cuando conoce el sufrimiento de los migrantes y responde con odio, criminalización y xenofobia, existe una responsabilidad.
La indiferencia frente a la injusticia nunca es completamente neutral.
VII. MIGRACIÓN, FRONTERAS Y CLASE TRABAJADORA
El debate migratorio suele ser manipulado para enfrentar a trabajadores contra trabajadores.
Se culpa al migrante por la falta de empleo.
Se culpa al extranjero por la precariedad salarial.
Se culpa al pobre por la inseguridad.
Mientras tanto, rara vez se pregunta quién se beneficia de la precarización del trabajo.
Desde una perspectiva marxista y de izquierda es necesario mirar las relaciones de clase.
El trabajador dominicano, haitiano, mexicano, salvadoreño, estadounidense o de cualquier otra nacionalidad puede ser colocado en competencia entre sí, mientras quienes controlan el capital obtienen beneficios de esa competencia.
La respuesta progresista no puede ser enfrentar al pobre contra el pobre.
Debe ser organizar a los trabajadores para defender salarios dignos, derechos laborales, seguridad social y condiciones humanas de trabajo, independientemente de su nacionalidad.
La solidaridad de clase debe derrotar al odio entre trabajadores.
VIII. MATEO 25 FRENTE AL NEOLIBERALISMO
El neoliberalismo proclama que cada individuo debe resolver individualmente sus problemas.
Mateo 25 propone prácticamente lo contrario:
tenemos responsabilidades frente al otro.
Si alguien tiene hambre, tengo una responsabilidad.
Si alguien está enfermo, tengo una responsabilidad.
Si alguien está desnudo, tengo una responsabilidad.
Si alguien está solo y excluido, tengo una responsabilidad.
Esto no significa sustituir las políticas públicas por caridad privada.
Aquí es donde una perspectiva progresista debe ir más lejos.
No basta con alimentar al hambriento.
Hay que preguntarse por qué existe hambre.
No basta con darle una limosna al trabajador desempleado.
Hay que preguntarse por qué una sociedad no garantiza trabajo digno.
No basta con ayudar al migrante.
Hay que preguntarse por qué millones de seres humanos se ven obligados a abandonar sus hogares.
La solidaridad debe transformarse en organización y la compasión debe convertirse en justicia.
IX. DEL CARIDAD AL CAMBIO SOCIAL
Existe una diferencia entre caridad y justicia social.
La caridad puede aliviar temporalmente una necesidad.
La justicia busca eliminar las condiciones materiales que producen esa necesidad.
Dar comida a una persona hambrienta es un acto humano.
Construir una sociedad donde nadie tenga que pasar hambre es un proyecto político.
Visitar a un enfermo es un acto de solidaridad.
Construir un sistema de salud accesible para todos es justicia social.
Ayudar a un migrante es un acto de humanidad.
Construir sociedades donde nadie tenga que emigrar por hambre, guerra o desesperación es una aspiración mucho más profunda.
Mateo 25 puede leerse, entonces, no solamente como una invitación a ser buenos individuos, sino como un llamado a construir relaciones sociales basadas en la dignidad humana y no exclusivamente en la acumulación de capital.
X. ¿QUÉ SIGNIFICA MATEO 25 PARA LA IZQUIERDA DEL SIGLO XXI?
Significa recuperar una política que coloque al ser humano por encima del dinero.
Significa combatir la pobreza no solamente con asistencia, sino con empleo digno, salarios justos, vivienda, educación y salud.
Significa defender a los migrantes frente a la xenofobia y, simultáneamente, luchar contra las causas económicas, políticas y sociales que generan migraciones forzadas.
Significa defender los servicios públicos frente a su privatización.
Significa cuestionar la concentración obscena de la riqueza.
Significa defender el derecho de los trabajadores a organizarse.
Significa enfrentar el racismo, la discriminación y toda forma de exclusión.
Y significa comprender que la solidaridad no puede limitarse a sentimientos individuales: necesita organización colectiva y transformación.
XI. LA POLÍTICA COMO SERVICIO A LOS “MÁS PEQUEÑOS”
Mateo 25 termina planteando una concepción radical de la responsabilidad humana.
El criterio no es cuánto poder acumulaste.
Es qué hiciste con ese poder.
No es cuánto dinero acumulaste.
Es qué hiciste con ese dinero.
No es cuántos privilegios disfrutaste.
Es qué hiciste frente a quienes fueron excluidos.
Por eso Mateo 25 debería ser leído en los barrios populares, en las organizaciones comunitarias, en los sindicatos, en las universidades y también en los partidos políticos.
Porque contiene una pregunta que sigue interpelándonos dos milenios después:
¿De qué lado estamos?
Del lado de quienes tienen hambre o del lado de quienes se benefician del hambre.
Del lado del migrante perseguido o del lado de quienes convierten al extranjero en enemigo.
Del lado del trabajador explotado o del lado de quienes viven de su explotación.
Del lado de quienes sufren la desigualdad o del lado de quienes consideran esa desigualdad inevitable.
CONCLUSIÓN: “A MÍ ME LO HICISTEIS”
Mateo 25 no permite una fe indiferente.
Jesús coloca al hambriento frente a nosotros.
Al migrante frente a nosotros.
Al enfermo frente a nosotros.
Al preso frente a nosotros.
Al pobre frente a nosotros.
Y nos dice que en ellos debemos reconocer al ser humano.
Para una izquierda democrática, progresista y transformadora, esta enseñanza puede convertirse en un poderoso principio ético:
ninguna sociedad puede llamarse justa mientras una minoría acumula riquezas extraordinarias y millones carecen de lo indispensable para vivir con dignidad.
La lucha contra la pobreza no es solamente una tarea económica.
Es una lucha por la dignidad.
La lucha contra la desigualdad no es solamente una disputa política.
Es una lucha por la justicia.
La defensa del migrante no es solamente una cuestión fronteriza.
Es una defensa de la humanidad.
Y la lucha contra la explotación no es solamente una reivindicación sindical.
Es la búsqueda de una sociedad donde quienes producen la riqueza tengan también derecho a decidir sobre ella.
Mateo 25 nos recuerda algo que ninguna ideología del mercado puede borrar:
detrás de cada estadística hay una persona.Detrás de cada migrante hay una historia.Detrás de cada trabajador hay una vida.Detrás de cada pobre hay una dignidad.
Y quizás la pregunta más revolucionaria de Mateo 25 siga siendo la más sencilla:
¿Qué hiciste por los más pequeños?
Porque, según Jesús, lo que hicimos por ellos también lo hicimos por él.
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