Seguramente hay momentos en los que no entiendes por qué te sientes sin energías, con dificultad para tomar decisiones, seguir adelante o experimentar una molesta irritabilidad. Frases como: “no tengo energías”, “no puedo”, “no sé por dónde empezar”, pueden ser avisos.
Todos conocemos innumerables ejemplos de personas que durante años mencionan tener una meta o un sueño que desean realizar. El tiempo pasa, y a veces comprendemos que nunca lo realizarán, finalmente, ellos también lo reconocen resignados.
Lamentablemente, un buen aporte para nuestra felicidad depende de que sintamos que nuestra vida es útil y disfrutemos de nuestros proyectos de vida. Nos permite tomar buenas decisiones en el presente y nos da esperanza para el futuro.
Hay muchas situaciones de conflictos psicológicos, incomodidades, dudas y tensiones relacionales, incluso no identificadas, que drenan las energías, quitan la paz y dificultan en gran medida avanzar.
Cuando vivimos conflictos internos, cuando no estamos alineados con nuestra conciencia, o cuando carecemos de metas claras, nuestro cerebro entra en un estado de inhibición, y eso se manifiesta como fatiga, falta de energía, dificultad para iniciar tareas y pérdida de motivación.
Si un atleta intenta realizar un gran salto, pero justo al momento de hacerlo duda, no estando totalmente convencido de hacer su máximo esfuerzo, difícilmente será un gran salto.
No es que te falte la energía, es que tu cerebro no encuentra justificación para liberarla, interpretando la falta de claridad como amenaza. Eso activa la amígdala, aumenta el cortisol y reduce la actividad de la corteza prefrontal, que es la que nos permite planificar, decidir y actuar.
La neurociencia motivacional ha demostrado que la claridad de propósito activa el sistema SEEKING, responsable de la energía, la iniciativa y la motivación. En cambio, cuando hay conflicto interno, el sistema de inhibición conductual (BIS) se activa, generando duda, fatiga y parálisis.
La teoría de la autodeterminación y la neurociencia motivacional muestran que, para que nuestro cerebro libere energías debe haber un propósito, la acción se produce si se mantiene la coherencia interna, pero la motivación se frena si surge un conflicto entre lo que hacemos y lo que queremos.
Los conflictos internos pueden ser de diversos tipos:
Conflictos de identidad: no sabes quién eres, dudas de ti o no te aceptas.
Conflictos de dirección: no sabes hacia dónde vas, o rechazas esa dirección.
Conflictos de coherencia: cuando lo que hacemos no concuerda con nuestros valores, personalidad o forma de ser.
Cuando vamos a tomar una decisión, nuestra capacidad de reflexión nos permite ensayar mentalmente las diferentes posibilidades o consecuencias que podría tener lo que hagamos. Está muy bien reflexionar, excepto cuando la reflexión excesiva nos impide actuar.
Hay momentos para pensar, pero también momentos para actuar. Nuestro cerebro necesita reflexión, pero también necesita movimiento. El temor al fracaso puede paralizarnos, manteniendo un interminable diálogo pesimista en nuestro interior.
Necesitamos reconocer nuestro derecho a fallar. Tolerando nuestros errores, pero manteniendo el interés por superarlos. La tolerancia con nosotros mismos puede favorecer la libertad de fluir o sencillamente de vivir nuestras vidas.
La ausencia de metas paraliza, porque la mente necesita dirección para liberar energía. Si metas comunes como el dinero, prestigio, éxito o confort nos resultan insuficientes, es preciso identificar cuáles podrían tener el poder de impulsarnos a esforzarnos para avanzar de alguna manera.
El cansancio no siempre significa que necesitas descanso, podría ser la forma en que tu cerebro te dice que lo que te propones no vale la pena. Cuando vas en el camino que realmente prefieres, el cansancio responde mejor al descanso.
Esta secuencia puede bloquearte: conflicto provocando ambivalencia o duda, necesitando mayor esfuerzo para autorregularte, generando fatiga, lo que lleva a desconectarte o evitar, provocándote un estancamiento.
La secuencia sana es esta: desde tus valores personales, sigues metas congruentes, lo que, siendo una motivación autónoma, mantiene un esfuerzo sostenido con sensación de competencia y sentido, produciendo finalmente un auténtico bienestar.
Tener claros tus propósitos permite: mayor energía, mayor bienestar y mejor productividad. Pero no quiere decir que no tendrás cansancio. Los conflictos siempre serán parte de tu vida, estancarte en ellos no es la opción sana.
Mientras ‘ser o no ser’ sea la cuestión, no podrás ser plenamente. Cuando tienes el permiso de ser verdaderamente tú, tienes la libertad de manifestar todo tu potencial.
Cuando nuestros valores, metas y acciones están alineados, la acción puede requerir esfuerzo, pero sentirse significativa. Cuando están en conflicto, una parte de nuestra energía puede quedar atrapada en la lucha entre lo que queremos, lo que creemos que debemos hacer y lo que finalmente hacemos.
Referencias:
Gray, J. A. (1987). La psicología del miedo y la ansiedad. Madrid: Alianza Editorial.
Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). La teoría de la autodeterminación y la facilitación de la motivación intrínseca, el desarrollo social y el bienestar. Revista de Psicología Social, 15(1), 33–54.
Panksepp, J. (1998). Affective neuroscience: The foundations of human and animal emotions. Oxford University Press.
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