Convocar voluntades es reconocer que el bien común es un bien superior y necesita de todos, aunque no necesite de todos de la misma manera. Hay metas que podemos alcanzar solos; hay transformaciones trascendentales que solo ocurren cuando decidimos encontrarnos.

En una época que celebra con frecuencia el logro individual, las grandes obras llevan más de un nombre. Son el resultado de personas que decidieron poner lo que tenían al servicio de algo más grande que ellas mismas.

Esta pausa de lectura busca pensar la colaboración más allá de una mera estrategia para alcanzar resultados y elevarla a una genuina expresión de virtud.

Cuando nos sumamos de corazón a una causa y decidimos colaborar, reconocemos que tenemos algo valioso para aportar y, al mismo tiempo, comprendemos que nuestro aporte no es suficiente por sí solo. Es entonces cuando nos abrimos a otros: abrimos la mirada, el corazón y también la esperanza.

En esa apertura, la virtud comienza a hacerse visible: la humildad, en el reconocimiento del valor y las capacidades de los demás; la generosidad, al compartir sin restricciones las propias; la justicia, no solo al abrir espacios de participación, sino al procurar que cada persona encuentre el espacio y el reconocimiento que le corresponden; la prudencia, para saber cuándo hablar, cuándo escuchar y cuándo ceder; la fortaleza, para permanecer cuando aparecen las diferencias, las críticas y los cuestionamientos; y, por supuesto, la esperanza, para creer que juntos podemos construir algo que todavía no existe, que esa creación puede servir a un propósito común y encaminarnos hacia un sendero compartido de virtud.

Del «yo» al «nosotros»

Convocar voluntades es una expresión poderosa. Acompañada de conceptos como la inteligencia colectiva, fortalece la convicción de una esperanza práctica: aquella que coloca por encima del temor un propósito definido y el norte de alcanzar algo valioso no para beneficio individual, sino como aporte al bien común.

Hablamos entonces de una fórmula transformadora: propósito compartido + sabiduría colectiva + voluntades que se encuentran.

Son expresiones que superan la imposición, trascienden el ego y los deseos de competencia para dar paso a la invitación, la apertura y la convocatoria. En ese proceso reflexivo, la pregunta central deja de ser “¿Qué puedo hacer yo?” y pasa a ser “¿Qué podemos hacer juntos?”, para convertirse finalmente en servicio: “¿Qué podemos hacer juntos que beneficie a otros?”. En ese preciso instante regresamos al centro de nuestra humanidad, allí donde, para que el existir alcance mayor sentido, necesita encontrarse con un existimos.

Una de las mayores riquezas de la colaboración es comprender que no todos tenemos que aportar lo mismo. Cada contribución se transforma cuando las capacidades individuales se complementan. A veces, colaborar significa liderar; otras veces es tan sencillo como permitir hacer, desear el bien, sustituir la mirada de crítica por una de confianza o conectar a dos personas. Cuando el propósito ocupa el centro, abrir una puerta puede ser tan importante como atravesarla.

Aprender a colaborar desde el aula

La colaboración también se aprende. La escuela tiene la posibilidad de enseñar desde temprano que no siempre llegamos más lejos compitiendo por ocupar un espacio, sino aprendiendo a construirlo con otros. Autores como Andy Hargreaves y Michael O’Connor han mostrado el valor del profesionalismo colaborativo: una colaboración sustentada en confianza, conocimiento, responsabilidad y propósito.

Podemos ofrecer a los niños y niñas oportunidades para descubrir que el otro no disminuye sus posibilidades, sino que las amplía; que otra perspectiva puede enriquecer la propia; que compartir una oportunidad no significa perderla, y que cuando ponemos capacidades diferentes al servicio de un propósito compartido, hacemos posible aquello que ninguno habría podido construir por separado.

Una educación para el florecimiento

La sociedad nos coloca frente a una necesidad desafiante: sumar personas ordinarias capaces de hacer cosas extraordinarias cuando ponen lo que tienen al servicio de un propósito compartido, donde el resultado se convierte en cosecha de todos.

Y debemos comenzar a cultivar esta manera de comprender la colaboración desde la escuela. Porque una educación orientada al florecimiento no debería formar únicamente personas capaces de preguntarse hasta dónde pueden llegar. También debería enseñarles a mirar a su alrededor y descubrir a quién pueden ayudar a avanzar, qué pueden construir junto a otros y dónde pueden poner sus capacidades al servicio.

Al final, tal vez una de las mayores expresiones de florecimiento sea precisamente esa: desarrollar aquello que somos y, al mismo tiempo, contribuir a que otros encuentren oportunidades para desarrollar aquello que pueden llegar a ser.

“Una escuela orientada al florecimiento no forma solamente personas capaces de desarrollar su propio potencial; forma personas capaces de reconocer y convocar para potenciar el de los demás”

Ángela Español

Educadora

Ángela Español es maestra de profesión y vocación, especialista en liderazgo, innovación, desarrollo humano y transformación educativa. Apasionada por la educación y por el potencial de las personas para crecer y florecer, su trayectoria profesional le ha permitido conocer y acompañar la escuela desde diversas realidades, trabajando con docentes, directivos, familias, instituciones y comunidades educativas, tanto en República Dominicana como en otros contextos de América Latina. Es licenciada en Educación por la Universidad Católica Santo Domingo y cuenta con formación especializada en Liderazgo y Supervisión Escolar, Tecnología Educativa y Liderazgo Directivo con enfoque latinoamericano, a través de instituciones como la Universidad de Salamanca, IESE, IPADE e IAE. Ha realizado formación en Competencias Directivas en IESE Business School, en Consejos de Dirección en INCAE Business School y es egresada del Programa de Alta Dirección de Barna Management School, desarrollado en alianza con IPADE Business School de México. Cuenta, además, con una especialidad en Educación del Carácter, Valores y Virtudes por la Universidad Francisco de Vitoria, España, formación que ha fortalecido su interés por situar a la persona, su dignidad, su carácter y su florecimiento en el centro de los procesos educativos. Actualmente cursa el Doctorado en Educación de la Universidad Austral, desde donde profundiza su línea de investigación y reflexión alrededor del liderazgo educativo, el carácter y la transformación de las comunidades educativas. Durante ocho años formó parte del proyecto Espacios para Crecer, gestionado por ENTRENA en República Dominicana con fondos del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (USDOL), con impacto directo en República Dominicana y Colombia e incidencia en Paraguay y Ecuador. En el marco de esta iniciativa para la erradicación del trabajo infantil a través de la educación, tuvo bajo su responsabilidad el diseño de programas, productos y líneas de formación dirigidos a transformar positivamente la vida de miles de niños y niñas, así como de sus escuelas, docentes y familias. Posteriormente desarrolló un recorrido de 14 años en el ecosistema de INICIA Educación, etapa profesional que culminó en 2025 y desde la cual contribuyó a la construcción de propuestas educativas innovadoras, sostenibles y de alcance nacional. Fue Directora de Portafolio de Fundación INICIA Educación y fundadora y Directora Ejecutiva del Instituto 512, institución que dirigió hasta julio de 2025. Asimismo, fue miembro del Consejo de Estrategia e Inversión de INICIA Educación y del Consejo del Instituto 512. Durante esta etapa creó, impulsó y gestionó iniciativas de innovación educativa con impacto y tracción nacional. Fue gestora y cofundadora, desde 2014 hasta julio de 2025, de Inteligencia Quisqueya (IQ.EDU.DO), iniciativa que ha apoyado la preparación de cientos de miles de estudiantes dominicanos para las Pruebas Nacionales. Fue creadora y editora de la Revista INFORMA 512, Mujeres por la Educación y la publicación Tips 512, así como fundadora y directora del Congreso 512 durante diez ediciones. Durante la pandemia por COVID-19 participó en la gestión y desarrollo de soluciones integrales para contribuir a la continuidad de la educación a nivel nacional, en apoyo a las políticas de emergencia del Ministerio de Educación de la República Dominicana. Ángela fue, además, creadora e impulsora de la Comunidad Educativa 512, nacida en 2019 y que llegó a congregar a decenas de miles de docentes alrededor de un sentido compartido de aprendizaje, colaboración y compromiso con una educación de calidad para cada niño y niña. Su paso por INICIA Educación, culminado en 2025, consolidó una trayectoria caracterizada por la creación de proyectos, la formación y movilización de comunidades educativas y la convicción de que las transformaciones sostenibles requieren colocar a las personas en el centro. Como parte de su trayectoria de incidencia en el sector, ha sido miembro fundadora y coordinadora de la Coalición Latinoamericana para la Excelencia Docente, representando a Fundación INICIA Educación junto al Diálogo Interamericano y Fundación Varkey. Ha sido docente en programas de formación de liderazgo educativo, entre ellos Leading Education, red latinoamericana para la formación de líderes del sector. Es autora de libros infantiles, artículos pedagógicos y del Decálogo para Maestros Extraordinarios, y participa regularmente como conferencista y articulista en espacios nacionales e internacionales vinculados con educación, liderazgo, valores, virtudes y desarrollo humano. Es miembro de la Junta de Directores del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU), a título personal y por designación presidencial desde 2017, espacio desde el cual ha continuado contribuyendo al fortalecimiento de la formación docente y de la educación pública dominicana. Tras cerrar en 2025 su etapa profesional dentro del ecosistema de INICIA Educación, fundó PULSORIA, fundación que preside y desde la cual canaliza su experiencia, visión y compromiso hacia una nueva etapa centrada en la educación, el carácter, la dignidad humana y el florecimiento de las personas y las comunidades. Desde PULSORIA impulsa iniciativas que articulan formación, reflexión, investigación, comunicación y transformación educativa, entre ellas Maestros Extraordinarios, programa orientado al desarrollo integral y la transformación de docentes; Mujeres Extraordinarias por la Educación, plataforma de reconocimiento, encuentro y movilización de mujeres comprometidas con la educación; Desde el Corazón de la Educación, espacio de conversación y reflexión sobre la dimensión humana del hecho educativo; Escribir para Vivir, iniciativa que utiliza la escritura reflexiva como camino de autoconocimiento, aprendizaje y florecimiento; y la Semana Internacional de Educación del Carácter, plataforma de formación, diálogo y articulación que convoca a distintos actores alrededor de la educación del carácter, los valores, las virtudes y el florecimiento humano. Desde esta nueva etapa, Ángela continúa trabajando como especialista y asesora en procesos de transformación educativa a nivel nacional e internacional, convencida de que educar implica mucho más que transmitir conocimientos: significa contribuir a formar personas capaces de vivir con propósito, desarrollar su carácter, reconocer la dignidad propia y de los demás y poner sus capacidades al servicio del bien común. Su trabajo mantiene como horizonte una convicción que ha atravesado las distintas etapas de su trayectoria: la educación alcanza su sentido más profundo cuando ayuda a cada persona a crecer, encontrar propósito y florecer, al tiempo que contribuye al florecimiento de los demás.

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