Antes que todo, debemos ver el problema de raíz, e irnos, según mi  juicio, a la esencia  de su existencia en la personalidad de los individuos, mismo que-de acuerdo a la vivencia del comportamiento de la gente-, resulta intrínseco a la existencia humana, y a lo que asevero, que viene dentro del paquete de la propia  concepción de la vida.

En efecto, para poder entender la magnitud psíquica del comportamiento egocentrista, es menester precisar la definición que nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española sobre el concepto o patología natural, el cual se sintetiza en estos sinónimos; ególatra, narcisista, egoísta, protagonista, egotista-exagerado de la propia personalidad. Por tanto, definiendo el término, de egocéntrico, primeramente, refiere persona que solamente piensa en sí misma, que únicamente se creen el centro de todo y piensan que los demás y lo de los otros, están en segundo plano.-para el término nos basta hasta aquí.

Ahora veamos lo que a nuestro juicio es una patología psicológica que resulta un sello de fabrica de los individuos, producto de un conjunto de elementos propios de la concepción de la vida y sus diferentes circunstancias que la estructuran; entre la aventura de ser embrión, y de la propia batalla de la sobrevivencia-es decir, cada individuo-es un guerrero de espadachín en manos, desde los espermatozoides. Y a mi juicio, como ente viviente su naturaleza trae un sello de fábrica, ser primero en todo.

Ella-la vida- es el resultado de varios episodios. Visto de otra forma, según mi criterio y mis razonamientos, resulta natural la competencia por la vida que es el producto de una lucha campal entre millones de miscrospicos espermas, luego de la fuga semental salen todos hacia la corona del óvulo maternal. Y desde ese mismo instante se instala en el inconsciente del ser vivo que ganó la guerra  de su existencia  y de la propia vida, especie síndrome del Ego-yo-. Entonces, como premio de ser sobreviviente, automáticamente por fuerza psicológica, se comporta naturalmente como rey del universo.

A nuestro juicio, partiendo de Sigmund Freud-, científico de la conducta y el psicoanálisis, el cual sostiene tres instancias en su estudio, en el que destaca, el Ello, Súper yo y el yo, y lo explica como conflicto interno propio de la lucha interior de la personalidad. Y en efecto, al referirse al Ello, explica que,  los individuos son presos de conflictos de lucha constantes de estos tres elementos de la psiquiatría humana, el cual sustenta que la realidad del yoismo humano, requiere obligatoriamente de reconocimientos, por lo que a partir de este refrendamiento ha de buscarse, externa o internamente y, por lo que, los individuos son capaces de cualquier acción en aras que los ponga por delante de los demás. Y de ahí, sale a flote el auto protagonismo y por eso, lo suyo además de ser lo más importante está revestido de un descomunal megalomanía y del “Yo primero, lo mío es lo único, si no soy yo que entre el mar, etc.

El enfoque psicodinámico, a pesar de recibir críticas de carencia de valor científico-que a mi juicio no es así- nació con el psicoanálisis de Freud, se fundamenta en la idea de que los procesos psíquicos que se producen en cada persona están definidos por la existencia de un conflicto, y que expresa esa constante-dinámica- sucesión de acontecimientos por las que una parte intenta imponerse a la otra, de lo cual, los conceptos del Ello,  Yo y el Súper yo forman el apartado de la teoría de Freud en el que esta idea de choque entre diferentes estructuras psíquicas queda más patente.

En este orden, refiere el Ello, dice, está presente desde que nacemos. Se mueve a partir del principio del placer inmediato, y por eso lucha por hacer que las pulsiones primarias rijan la conducta de la persona. Y agrega, sin importar las consecuencias a medio o largo plazo que eso pueda conllevar, pero además, incluye que es la parte animal o instintiva del ser humano. Por su lado, presenta el Yo, es una instancia-psíquica por demás-, que desde los dos años se instala en los individuos, pero, no es tan absorbente ya que se conecta un poco con la realidad y se vincula un poco más con la realidad hacia el exterior. O sea, aquí se piensa en consecuencias y hasta los problemas que podría generar una conducta muy atrevida-el usa el término desinhibida-, de cuya combinación con el Ello para aplacar las pulsiones internas, pero sí que, entran en juego los mecanismos de defensa. ((https//psicologiaymente.com/autores/Adrián Triglia, 2026)

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Imagen tomada de fuente externa

Respecto a la tercera instancia psíquica de las instancias de Freud, está el Súper Yo, oigan esto, viene apareciendo a partir de los tres años-no es ni en una ni en equis cantidad de personas, es en todo el ser humano que se rige por estos registros del llamado psicoanálisis.  Asegura que es consecuencia de la socialización y en efecto, por conducta aprendida, atribuida en primer lugar a los padres e internalización de normas legitimadas como patrones sociales.  Como que tiene que ver con una especie de la construcción de la conciencia humana y esta, resulta en especie de contrapeso a fin que la propia personalidad de uno mismo, se acerque a la perfección. Sin embargo, el criterio primario se queda en las dos principales instancias, el Ello y el yo.

Ya cerrando el móvil de esta entrega, su desarrollo amerita ver que es pertinente resaltar lo que establece el padre del Psicoanálisis respecto al Súper Yo. En este particular, refiere que esta instancia psiquiátrica, tiene sentido en un contexto en el que la influencia de la sociedad nos obliga a adoptar conductas de vigilancia de uno mismo para evitar las confrontaciones con los demás, aunque a la larga esta influencia vaya mucho más allá de esta lógica orientada a la socialización y pase a constituir un elemento fundamental de la creación de la identidad del individuo. (Ibídem)

Ya colofonando, y empalmándome con la introducción de este articulo-sabiendo que yo lo que soy es psicólogo social por el marco se sustentación de la politología, que estudia las sugestiones, los controles de las masas y los conglomerados, me resulta pertinente aseverar que el Súper yo, jamás podrá superar el Ello y el Yo, ya que estos últimos forman parte de la esencia psíquica de los individuos y, en este sentido, a través de la educación y una socialización en valores-que hasta esto resultan unos simples paliativos-, los egos serán las inconductas a vencer ya que son partes esenciales de la voluntad interior de los individuos.

Por lo tanto, será siempre un patrón de conducta que el humano anteponga lo suyo, lo propio y en esa dirección resulte irresistible el comportamiento de cada uno a luchar para ser primero, y dentro de estos patrones psíquicos, es capaz de practicar todas las travesuras y mezquindades-hasta bajeza- a su alcance, por tan solo brillar más que todo. Usar las tramas, la envidia, las trapisondas y todos los medios a su alcance para no sentirse superado por nadie-esa es la lucha de la vida y hay que comprenderla-

A mi juicio, este registro natural soporta la esencia del Príncipe de Nicolás Maquiavelo y una mayoría de dramas de la humanidad, y mayor aún, por la esencia del Ego, que conduce a los individuos a ser malos solamente por estos ser beneficiados primeros, todas las religiones se sustentan en el arrepentimiento, en los diez mandamientos por ejemplo y, en fin, en todos los controles sociales y que por ser bueno, amar el prójimo, etc., se recibirá la gloria en el cielo-control social,- para nosotros- justo y necesario como paliativo del ego exorbitado.

Pero finalmente, no busquemos más explicación de hasta posibles triquiñuelas, de familiares, amigos, padres e hijos, pares y coterráneos, como instinto, veremos brotar las envidias, primacías entres sociales y, ante cualquier conglomerado practicar la conducta, “quítate tú, para ponerme yo”, por lo tanto, no esperemos muchas bondades que choquen contra factores de predisposición psíquicas a ser los primeros en todo. Y cierro, según Publio Terencio, -en enemigo de sí mismo- “nada humano me resulta ajeno”, según estos criterios, “ni buenos ni malos, sino defensas de intereses”, y suerte que tenemos a Cristo de por medio, sino, la vida fuera capú no te abajes. ¿O en sí lo es? ¿Y yo estoy bebiendo en la fuente de los inocentes o los bobos? Y como decía Juan Bosch, “comprendes”.

José Lino Martínez Reyes

Abogado

Politólogo, abogado, docente en asuntos políticos y electoral. Y Magister en Estudios Políticos y Electoral.

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