El 30 de marzo falleció en Santo Domingo, Distrito Nacional, Melba Ferreiras Lantigua, primera teresiana de la República dominicana. La Institución Teresiana es una Asociación Internacional de laicas y laicos comprometidos con la promoción humana desde la educación y la cultura. Esta organización trabaja en el país desde 1954. La profesora Ferreiras Lantigua se destacó por su trabajo como directora de la Escuela Normal Emilio Prud’Homme de Santiago de los Caballeros, como directora del Departamento de Recursos Humanos de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en Santiago de los Caballeros, como directora Académica de la Escuela Normal Félix Evaristo Mejía y como docente en esta Escuela Normal. Su trayectoria profesional fue intensa y orientada, fundamentalmente, a la formación de educadores.
El legado de la profesora Ferreiras Lantigua se expresa en 4 vertientes: vocación robusta, solidaridad humana, capacidad resolutiva y compromiso integral con la formación docente. En toda su trayectoria evidenció una vocación viva y abierta a la educación. Sintió pasión por la educación y, por ello, dedicó toda su vida a esta causa. Se mostró interesada por una educación que ayuda a mejorar cualitativamente la formación y la vida de las personas. Se esforzó por una educación desvinculada de la corrupción, de la lógica mercantilista y de la falta de transparencia. La profesora Ferreiras Lantigua experimentó la fuerza de su vocación de educadora; y, por esto, no necesitó escenarios para orientar, para formar. Se le puede calificar como una mujer con vocación para inspirar deseos de estudiar, de hacerse sujetos, de formarse para aprender a ser y aprender a darse. En todo momento concibió la tarea educativa como una manifestación de amor incondicional al otro. Por ello, se desvivió en los procesos formativos que impulsó, que lideró. Puso toda la vida que cabía en ella para que los que se formaban, también, se entregaran a su vocación.
Desde un estilo sencillo y libre, mostró una solidaridad sentida y continua. Las situaciones vulnerables de las personas, la preocupaban y la ocupaban integralmente. Su bienestar se hacía realidad cuando tenía la experiencia de colaborar, de ayudar para que otros resolvieran problemáticas esenciales. Vivió la solidaridad como experiencia de fraternidad. Asumió profundamente la solidaridad humana, para mostrar la importancia de construir con otros, de apoyar procesos y cambios, en la vida cotidiana. Esta forma de entender y vivir la solidaridad, le ofreció la oportunidad de viajar por toda la geografía nacional contribuyendo con la organización y la solución de necesidades básicas de familias, de maestras y maestros. Fue una solidaridad que tuvo como finalidad la creación de oportunidades para que otros crecieran, avanzaran.
Uno de los legados más poderosos de la profesora Ferreiras Lantigua fue su capacidad resolutiva. Enseñó a los que trabajan y a los que se relacionaron con ella a resolver sin miedo y con criterios definidos. Su modo característico de enfocar los problemas enseñaba sin tener que expresar una palabra. Esta capacidad resolutiva iba acompañada de previsión. Resolvía situaciones ordinarias y difíciles sin lamentos, sin vacilación. La profesora Ferreiras Lantigua no conoció la inseguridad ni la dubitación persistente. Su capacidad de desactivar nudos, de buscar soluciones para hacer avanzar los procesos, iban acompañados de indicadores que pasan a formar parte de las evidencias de su hacer eficaz y eficiente. Pero, su efectividad no buscaba exhibición, ni aparecer. Lo que la motivaba era abrir caminos para que nadie se quedara estancado; para que ninguna persona asumiera la frustración como camino, como estado.
Su compromiso integral con la formación de los docentes tuvo como fundamento e inspiración la pedagogía humanista y crítica de Pedro Poveda Castroverde. La formación de maestros la enamoraba, la apasionaba. Desde esta tarea, reconstruyó vidas, reenfocó prácticas; y, especialmente, posibilitó la definición de los interesados en la carrera. Lejos de la profesora Ferreiras Lantigua pactar con los que utilizan la formación docente como trampolín. Distante, también, de la profesora, el apoyo a un desempeño docente mediocre, superficial. Desde esta perspectiva, adoptó una postura con orientación crítica. Una de sus tareas fue ayudar a que los estudiantes de la carrera de educación aprendieran a discernir, para acrisolar su vocación y afirmar, desde la acción, su responsabilidad personal y social en el contexto educativo.
El legado de la profesora Melba Ferreiras Lantigua constituye un aporte invaluable para la sociedad dominicana, para la Institución Teresiana y para las instituciones de Formación Docente.
Compartir esta nota