Según las estimaciones de la Oficina Nacional de Estadística para el 2025, la población dominicana igual y menor de 19 años era el 34.5%, es decir, aproximadamente 3,750,973 personas frente a un total poblacional de 10,878,267. Estamos hablando de algo más de un tercio de la población total.
De ese segmento de la población se han enarbolado muchos discursos sosteniendo que esta constituye el futuro del país, la esperanza de una mejor vida. Sin embargo, al echar una mirada a la situación que niñas, niños y jóvenes enfrentan día a día, hay que admitir, aunque parezca doloroso, que le hemos fracasado.
El maltrato, la violencia y hasta el estupro hacen presa de ellos. Según la periodista Ycell Suero, en un reportaje de agosto de 2024, en nuestro país se presentaron al menos seis denuncias diarias de seducción a menores, según un informe de la Procuraduría General de la República. De 3,721 denuncias de delitos sexuales, 1,146 eran a menores.
Santo Domingo, San Cristóbal y Santiago son los territorios con mayor incidencia de denuncias, destacándose Santo Domingo Este como el de mayor incidencia. Llama la atención, según el reportaje de la periodista Claudia Fernández de marzo de ese mismo año, que el mayor porcentaje (59%) de incesto (acto de naturaleza sexual) es realizado por un adulto mediante engaño, amenaza, sorpresa o constreñimiento en la persona de un menor.
En una conversación que tuve con un grupo de adolescentes de segundo de bachillerato de un centro educativo de nuestra ciudad, decían que casi todos los años dos o tres de las compañeras salían embarazadas. Con cierto recelo hablaban de su temor "de regresar a su casa". Su casa, el primer espacio de ¿protección? de su integridad.
Lejos de lo que podía esperarse, la normalización social y el uso de las redes sociales han hecho que este delito crezca silenciosamente, afectando con mayor frecuencia a las niñas. La periodista Ana Aybar en abril de este mismo año 2026 nos pinta un panorama desgarrador por el que transita la vida de muchas niñas en nuestro país, e inicia su reportaje de esta manera:
"Maite tenía 14 años. Se fue a vivir con su novio. 'Se casó', dijo una pariente que, a esa misma edad, vivió el mismo destino dentro de una práctica que disfraza el abuso bajo un manto de normalidad en algunas comunidades de República Dominicana.
Tiempo después regresó a casa. Su vínculo con un hombre de 24 años estuvo marcado por la violencia que, dos años más tarde, terminó con su vida. Tenía 16 años. Su sueño de ser enfermera quedó truncado, mientras su familia esperaba su cuerpo en las afueras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), en septiembre del año pasado.
Antes de conocerla, su agresor ya había sido acusado de un delito sexual contra otra menor. El caso lo obligó a abandonar el barrio donde residía, en el municipio de Guerra, Santo Domingo Este. Aun así, volvió a acercarse a otra adolescente."
En su reportaje, la periodista señala que "en República Dominicana se han registrado 20,969 denuncias por delitos sexuales vinculados a la seducción de menores". Y agrega: "Lejos de disminuir, las cifras evidencian un repunte sostenido que alcanzó su punto más crítico en 2025, con 2,306 casos, el nivel más alto de toda la década".
En el informe de la Procuraduría General de la República que sirvió de fuente a la periodista se especifica que los territorios donde se evidencia una alta concentración, manteniéndose el fenómeno activo y sostenido en el tiempo, son: Santo Domingo Este, Santiago y San Cristóbal. ¿Qué se hace en esos lugares de manera preventiva?
En el mismo reportaje de la periodista se señala que "entre el 2019 y 2015, el sistema de protección registró 881 casos de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes, donde 759 víctimas fueron niñas, equivalentes a un 86%". "La mayor incidencia se ubicó en el grupo de 13 a 18 años, con 425 casos, seguido por 339 en edades de 7 a 12 años y 123 en menores de 0 a 6 años".
Como si fuera poco, en ese mismo segmento de la población "las desapariciones" se convierten también en noticia. En abril de este año 2026, la periodista Indhira Suero Acosta titula su reportaje "Desaparecidos en RD: los procesos se estancan y las familias cargan con el peso de la búsqueda. Del destacamento al tribunal, del juzgado al archivo. Las historias de menores desaparecidos en República Dominicana revelan un sistema fragmentado que no reacciona a tiempo". ¿Alguna razón?
Entre 2020 y 2026 la cifra de menores desaparecidos pasó de 231 a 310, según el reportaje de prensa. Del total inicial, 156 fueron localizados, 25 fallecieron (aunque más adelante señala que luego de "la actualización, aumentaron a 36 los menores hallados muertos"), 15 seguían desaparecidos y 34 no tenían información actualizada.
Detrás de cada niño o niña desaparecida está el drama de una familia que, en general, no encuentra respuesta de los organismos de investigación. Fue en marzo de este mismo año 2026 que la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que crea el Sistema Nacional de Alertas para Personas Desaparecidas, el cual incluye la Alerta Amber para menores de edad.
Finalmente, y como si fuera poco, de cada mil niños o niñas que entran a la escuela a los seis años al primero de primaria, según informó el propio ministerio en el 2022, completa en 12 años el bachillerato menos de la mitad, y quienes lo hacen terminan con muy pocas competencias desarrolladas.
Para ponerle la tapa al pomo, en el periódico El Caribe del 4 de febrero de 2026, el periodista Frankelvin Sánchez da a conocer que 2,598 estudiantes muestran ideas suicidas en el año escolar 2024-2025, de una matrícula de 2,062,061, siendo mayor en el caso de las hembras que de los varones. Como es de esperarse, este número debe ser mayor, pues no todo el que experimenta dichas ideas habla acerca de ellas.
Todo parece indicar que, como sociedad y como país, le hemos fallado a la niñez y a la juventud dominicana. ¿Qué será entonces de nuestro futuro como nación, cuando su población esperanza está tan pobremente desatendida y expuesta a la normalización del abuso y a ver frustradas sus esperanzas de un mejor porvenir?
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