Desde la soledad, resulta difícil, si no imposible, promover siquiera una corriente de opinión pública sobre la necesidad de respirar hondo, ir despacito, leer entrelíneas y reflexionar sobre el anuncio palaciego formalizado el 27 de febrero, Día de la Independencia Nacional, en la rendición de cuentas presidencial ante la reunión conjunta del Senado y la Cámara de Diputados, sobre el contrato con una empresa gringa para la construcción ya, en el municipio Oviedo, provincia Pedernales, de un "puerto aeroespacial comercial" que —de acuerdo con el presidente Luis Abinader— en mayo de 2028 lanzará al espacio el primer cohete.
Difícil, sobre todo, cuando a una comunidad empobrecida hasta el tuétano, de entrada y con la más estridente parafernalia, le hablan de una inversión de US$600,000,000 (seiscientos millones de dólares) y la creación de 20,000 empleos, misma cantidad ofrecida por el proyecto de desarrollo turístico.
Y más cuando desde el poder se articula una estrategia comunicacional orientada a neutralizar el movimiento de ambientalistas (Pedernales es 68 % de áreas protegidas); motorizar a las autoridades y exautoridades de la comarca para que manifiesten apoyo, y, de paso, politizar el tema calificando al disenso como postura partidaria de oposición e ignorar la crítica de sujetos solitarios, aunque esté rebosante de razones y sintonice con los intereses del colectivo. Cinismo o ignorar están en ristre como respuesta a la verbalización de las ideas disruptivas.
Cuando se trata de un montón de papeletas verdes del imperio y la posibilidad de relaciones comerciales y hasta amistosas, se van al carajo los preceptos de la pregonada democracia, comenzando por el debate público, el diálogo y la participación comunitaria. Se impone la simulación. La necesidad de licencia social se esfuma entre la apabullante propaganda mediática.
Acento trae una historia valiosa que quita el primer velo para comenzar a mostrar la parte obtusa, los objetivos no manifiestos de cualquier empresa. La aclaración de última hora de Burton Catledge,, director ejecutivo de la empresa Lod Holdings, debería al menos hacer dudar a los pensantes y opinantes mediáticos de buena fe.
Durante una conferencia dictada el 18 de marzo reciente en la privada universidad Intec o Instituto Tecnológico de Santo Domingo, él ha querido aclarar que solo tienen compromiso con una sexta parte de la inversión en la megaobra que sería levantada en 26 meses; es decir, cien millones de dólares de los 600 millones anunciados en el recién pasado febrero. Le falta el 83 %.
Según la nota firmada por Julio Solano, "el CEO (director ejecutivo) reconoció que los puertos espaciales comerciales en el mundo, como el Spaceport America en Nuevo México, no son económicamente viables si dependen únicamente del lanzamiento de cohetes".
Y precisa que "para convencer a los inversionistas de aportar los US$500 millones restantes, LOD Holdings ha tenido que transformar el proyecto espacial en un megaproyecto energético e hídrico". ¡Válgame, Dios!
El ingrediente introducido por Catledge durante una actividad académica, muy lejos del corazón de Pedernales, debería frenar la algarabía parida por las emociones desmedidas para poner la lupa a tal proyecto. Porque ha brotado un filón de opacidad que desdice el discurso gubernamental e invita a sentarse para pensar, en vez de empujar al Gobierno en una carrera con riesgos de caer al despeñadero.
Porque, ¿cuál es el afán para apresurar proyectos de esa envergadura, si está en ejecución el plan turístico (hoteles, aeropuerto internacional); Oviedo carece de acueducto; hay retrasos grandes en iniciativas de interés social como la carretera Barahona-Pedernales (único acceso); no se ha iniciado la importante carretera Aceitillar-Puerto Escondido; en la provincia no han construido ni una vivienda, pese al déficit habitacional sobre 60 % y los riesgos de huracanes; no hay un centro cultural; el edificio de oficinas públicas se desmorona; los proyectos agrícolas han sido abandonados, igual que las vías de acceso a las zonas agrícolas en Sierra de Baoruco?
Pedernales urge de una toma de conciencia sobre el valor de su territorio. Defenderlo a rajatabla porque lo vandalizan en sus narices. Ninguna autoridad, ni de antes de antes ni ahora, tiene derecho a comprometerlo. Ellas son efímeras; el territorio queda.
En pleno siglo XXI, el problema más grave en la provincia, aparte de la descomposición social, es la falta de titulación de las tierras; sin embargo, el Gobierno ha sido tímido en la búsqueda de soluciones.
Cuando comenzó el primer período de la actual gestión y el arranque del proyecto turístico (2020-2024), se lo reclamamos al presidente Abinader, con la intención de contener las hordas de invasores apadrinados por políticos y la reaparición de ladrones de cuello blanco históricos que, en diferentes etapas, desde Trujillo, han usado sus vínculos con los regímenes para apropiarse de grandes extensiones de terrenos en la zona mediante "títulos legales".
El mandatario accedió y ordenó un programa de titulación, pero, de repente, sin explicación a la comunidad, lo detuvieron. Como resultado, se ha levantado una ola de rumores nada favorables y se ha abierto un grifo para las invasiones de solares y parcelas ajenas.
En Pedernales, todas las tierras tienen dueños. Se trata de familias originarias que fueron asentadas por el Gobierno para la fundación de la comarca en las décadas del 20 y 30 del siglo XX.
No obstante, los títulos están a nombre del Instituto Agrario Dominicano (IAD) y hasta del ayuntamiento del municipio cabecera, o sea, del Estado. Del Estado, sí, "de todos", la excusa usada de manera recurrente por la "viveza criolla" para promover invasiones con el objetivo de lograr con sus pares en Catastro que tales documentos se expidan a su nombre. O por ciertas autoridades que han pretendido usar esos terrenos para responder a compromisos de campaña.
La indiferencia o las medias tintas de las autoridades las hace cómplices del traje de legal preta por te que se hace la rapiña. Su rol debería ser de solidaridad irrestricta con las víctimas de los robos, profundamente vulnerables por ignorancia y su carencia de dinero para enfrentar las mafias. Pero no, mejor se excitan ante el poder.
El Gobierno se gasta unos "amigos" que le salen muy caros; mas le llevan al abismo con su ejercicio permanente de arrodillamiento y aplausos falsos.
La coyuntura manda a una introspección para encontrar la verdad. Conviene acatar su señal y terminar lo prometido, que es mucho y evidencia gran atraso. Es mejor.
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