Como un esfuerzo para promover una discusión sobre el tema que nos arropa, la violencia, he preparado una serie de artículos para presentar los variados aspectos que afectan la violencia social.
Los artículos exigieron un formato más académico, no de opinión, y los hemos basado en las siguientes fuentes, además de investigaciones sobre el tema realizadas en los últimos cinco años, área en la que haremos mayor énfasis: E. Fromm (1975, 2012), Anatomía de la destructividad humana; UNESCO, varios autores (1981), La violencia y sus causas; Muchembled (2012), History of Violence; José Sanmartín (2004), El laberinto de la violencia: causas, tipos y efectos; Martín-Baró (1995), Violencia y agresión social; J. Galtung (1969), Violence and Peace, Peace Research; Moreno Valdivia (2014), Violencia delictiva e inseguridad ciudadana; y Leonardo Díaz (2011), Guía didáctica Ética y Moral, unidad «Perspectivas filosóficas de la violencia, la agresividad y el comportamiento humano».
Definimos la violencia como el ejercicio del poder que, de manera directa o indirecta, intencional o no, causa daño físico, emocional o psicológico a personas o grupos sociales. Este ejercicio puede manifestarse tanto en las relaciones interpersonales como a través de las instituciones y estructuras de la sociedad.
Aquí tratamos la violencia desde una perspectiva psicosocial, aunque nos detenemos un poco en la perspectiva individual, en cuanto discutimos sus elementos etiológicos.
Hay una dicotomía epistemológica entre los conceptos de agresión y violencia. No profundizaremos en este asunto. La agresión puede entenderse como una disposición vinculada a la supervivencia individual y de la especie, mientras que la violencia constituye una manifestación del ejercicio del poder que puede expresarse mediante conductas deliberadas o a través de mecanismos sociales e institucionales cuyos efectos resultan perjudiciales.
Aplicar el concepto de violencia al reino natural y animal es una extrapolación, un antropomorfismo, aunque podemos enseñar a un animal a actuar con violencia.
La violencia se manifiesta de muchas maneras, no solamente física, sino también emocional, económica, sexual y psicológica.
En este trabajo vemos la violencia desde la perspectiva del individuo y del manejo sociopolítico del poder, lo que entraña dos conceptualizaciones no necesariamente encontradas, pues una se basa en los procesos psicológicos y emocionales individuales y la otra en la toma y el mantenimiento del poder político-social.
La violencia en el ser humano es un mecanismo de poder e imposición.
La violencia en la sociedad se produce también por la falta de legitimidad
de las instituciones sociales, por el uso desmedido del poder como elemento
de control social y político y por la falta de atención a los derechos sociales de los pueblos, entre otros elementios.
Existen varias clasificaciones de la violencia. Tomando como referencia la plataforma teórica de Johan Galtung (1969) y considerando las particularidades del ejercicio del poder institucional, para los fines de este trabajo clasificamos la violencia en cuatro categorías:
Violencia directa o personal
Es la que regularmente resulta del delito o de la acción directa de un individuo hacia otro u otros, con la intención de hacer daño. Es una acción observable, intencional e inmoral; elimina o afecta a los individuos directa y rápidamente; es dramática y personal; es posible reducirla o prevenirla, y son los aparatos legales y educativos los que se ocupan de ella. Es visible como conducta: se manifiesta a través de asaltos, golpizas, violaciones sexuales, acosos de todo tipo y otras formas.
Violencia institucional
El Estado, en el ejercicio de sus funciones de gobierno, dispone de mecanismos legítimos de autoridad y control social, cuyo uso debe estar regulado por la ley y orientado a garantizar la convivencia y el bien común. Sin embargo, cuando ese poder se ejerce de manera arbitraria, desproporcionada o contraria a los derechos fundamentales de las personas, puede convertirse en violencia institucional.
El ejercicio de la autoridad estatal debe ser legítimo, proporcional, reglamentado y considerar sus consecuencias sociales. El uso de la fuerza debe constituir un recurso excepcional, privilegiando siempre los medios no letales y la protección de la vida.
La violencia institucional puede manifestarse mediante encarcelamientos ilegales, desapariciones forzadas, represión injustificada y otras prácticas abusivas. El sistema judicial aplica las leyes, pero esa aplicación también puede tener connotaciones sociales y políticas.
Violencia estructural
Es la producida por las relaciones del sistema económico, social y político de las sociedades. Elimina indirectamente y de manera lenta; es impersonal y generalizada; regularmente, es un insulto al bienestar social.
Sus resultados se observan a largo plazo; los individuos que sufren sus consecuencias no son identificados inmediatamente y, muchas veces, quienes la ejercen no pueden ser identificados individualmente o actúan en función de una institución. Tiene una base profundamente ideológica y política y se alimenta de su propia inercia. Es la que sirve de base a la estructura de dominación y puede promover un conjunto de prácticas latentes o explícitas que amparan injusticias. Por ejemplo: la corrupción estatal; la falta de servicios de salud y educativos adecuados, lo que se manifiesta a través de fenómenos como el embarazo de adolescentes; la falta de servicios para envejecientes; los bajos niveles educativos; el subempleo, etc. También, para imponer sus normas, este tipo de violencia usa el lenguaje, la información y la educación.
Violencia cultural
Es el conjunto de valores, ideologías y actitudes que justifican y legitiman el uso de la violencia como forma de interacción y dominación social y personal. Incluye tradiciones que forman parte de la cultura y justifican ciertos comportamientos. Es la ideología de la violencia. Esto se ilustra mejor con las siguientes expresiones: «La letra con sangre entra»; «El hombre es el dueño de su casa»; «Mano dura contra el crimen»; «El que me ofende el honor, lo mato»; «Hay que darle duro para que obedezca»; o «Los dominicanos somos así». Se manifiesta en muchas ocasiones en mitos, percepciones y constructos del imaginario popular.
Los primeros tres tipos de violencia se relacionan de forma dinámica, y la cultural da apoyo a la manifestación de los otros. Cada una alimenta a las demás; constituyen un paradigma de la violencia social.
Las causas de la violencia interpersonal y social
De acuerdo con nuestro tratamiento del tema, las causas pueden ser individuales y sociales. En términos individuales, entramos en la permanente discusión, todavía sin resolver, de si la violencia en el ser humano es innata, instintiva, biológica o aprendida. Pese a los innumerables estudios y experimentos, no se ha podido resolver el desacuerdo científico en cuanto a si la violencia juega un papel en la supervivencia de la especie y del individuo.
Leonardo Díaz (2011) presenta, de una manera sucinta, las perspectivas filosóficas y de aplicación del tema: «Las teorías psicoanalíticas le dan gran peso al elemento biológico del ser humano en el surgimiento de la agresión y de la violencia. Aunque algunos teóricos dicen que la naturaleza nos provee la capacidad para la violencia y las circunstancias sociales determinan dónde y cómo usar esa capacidad. Sin embargo, hay claras evidencias de que, aun en aquellos casos de violencia de raíces biológicas, la sociedad y el aprendizaje pueden modificar tales situaciones, incluso en casos de patologías individuales predisponentes».
José Sanmartín (2004) liga el factor biológico a la supervivencia de la especie, pero considera la violencia regulada al interior de los grupos. Sin embargo, señala diferencias entre la manifestación y la modalidad de esa agresión entre especies y la intraespecífica.
Además, indica que, en esta, utilizada por el ser humano y por el animal no humano, solo aquel es capaz de utilizarla para hacer daño, atentar contra la integridad física y psicológica y matar, transformando esa agresividad en violencia. Los otros animales, en sus confrontaciones intraespecíficas, parecen tener un mecanismo de contención que frena o reduce el nivel de agresividad y evita la muerte del contrincante. Yo agregaría que, en nuestros días, el humano usa hasta como diversión la agresividad y la violencia en el tratamiento de otras especies; inclusive, enseñamos a otros animales a matar como deporte.
Fromm (2012) habla de agresión benigna o defensiva (favorable a la vida) y agresión maligna o destructiva; señala que solo el hombre manifiesta la destrucción por el gusto de destruir, aniquilar a un ser vivo solo por destruirlo, acción que va más allá de la defensa u obtención de lo que necesita para la supervivencia. En su obra Anatomía de la destructividad humana, el autor expone la tesis de que: «la destructividad y crueldad del hombre no pueden explicarse en términos de herencia animal ni de instinto destructor, sino que han de entenderse sobre la base de aquellos factores que hacen al hombre diferente de sus ancestros animales».
Continuaremos en la siguiente entrega.
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