San Juan 2050 reivindicará su dimensión occidental. Será a la vez el custodio de la memoria taína, el laboratorio de una agricultura ordenada y moderna, el polo de industrialización del valle y el hub del Occidente.

San Juan con una localización geográfica privilegiada

Está probada la ubicación occidental de San Juan entre el sistema montañoso Central y la Sierra de Bahoruco. Junto a Elías Piña, la provincia se articula mediante un corredor natural con Belladère, el valle central haitiano y Gonaïves. Se extiende por 3,359 km², y según el Censo 2022, registra 244,667 habitantes con densidad media cercana a 73 habitantes por km². La baja densidad no implica disponibilidad ilimitada de terrenos urbanizables: relieve, agua, áreas protegidas y accesibilidad condicionan la ocupación.

Esta configuración proyecta una plataforma de integración económica, conectividad, seguridad y empresas binacionales. La creciente inversión pública y privada que hoy se observa indica que San Juan puede convertirse en el hub funcional del Occidente. Una estrategia certera exige moderna conectividad vial y aérea con el resto del país, Haití y el Caribe.

Historia, símbolos, identidad y capital del patrimonio taíno 

San Juan tiene historia occidental. El mandato monárquico del 7 de diciembre de 1508 la instituyó como una de las 15 villas de La Española. Su escudo muestra un águila negra que sostiene la Biblia abierta en el evangelio de San Juan, sobre un campo de plata, bordura dorada y cinco estrellas rojas. Hoy el águila puede leerse como autoridad y centralidad, el libro como sabiduría y las estrellas como identidad territorial. Aquella resolución no otorgó capitalidad occidental, pero dejó una herencia simbólica. Elías Piña debería reintegrarse a San Juan, como estuvo hasta 1942, y Azua ser una genuina portada marítima de la isla. Son vocaciones territoriales distintas y complementarias.

Antes de la villa española existió el cacicazgo de Maguana, uno de los grandes centros políticos y espirituales de la isla, asociado a los caciques Caonabo y Bohechío. Esa herencia convierte a San Juan en la capital natural del patrimonio taíno de la República Dominicana. Su valor es histórico, pero también estratégico.

Sitios como el Corral de los Indios y la memoria viva de Maguana pueden articularse en una ruta nacional del patrimonio taíno. Esa ruta podría integrar arqueología, museografía, investigación universitaria, turismo cultural, gastronomía ancestral y artesanía, y conectar con la historia posterior de Santomé (1855) y del sacrificio de Sánchez (1861). El resultado sería una marca territorial con identidad propia y una oferta cultural que hoy el país no capitaliza.

Un modelo de ordenamiento y modernización agrícola

San Juan es también una de las grandes despensas del país. Su valle, regado por el río San Juan y sus obras hidráulicas, produce habichuelas, maíz, tomate industrial, maní, hortalizas y otros rubros de alto valor. Esa fortaleza exige un ordenamiento territorial moderno. Esto supone zonificar los usos del suelo, proteger la tierra agrícola de la expansión urbana desordenada, gestionar el agua con criterios de eficiencia y cuenca, y planificar la producción según la aptitud de cada zona.

La modernización agrícola debe avanzar en cuatro frentes: Riego tecnificado; Semillas y prácticas adaptadas al cambio climático; Asistencia técnica y financiamiento a productores y cooperativas y Información de mercado en tiempo real.

Una agricultura de precisión, organizada en clústeres por rubro, puede elevar la productividad sin agotar el recurso. Así, San Juan sería un modelo replicable para otras provincias agro-productivas del país. 

De granero, diversificación y productor primario a polo agroindustrial

El siguiente salto es la agro-industrialización. Hoy gran parte del valor de lo que se cosecha en San Juan se genera fuera de la provincia. Procesar localmente, mediante empaque, conservación, derivados y agroindustria, permitiría retener ese valor, crear empleos de mayor calidad y reducir pérdidas postcosecha. Un parque agroindustrial, ubicado junto a los corredores viales y fronterizos, con logística de frío, energía confiable y encadenamientos con Mipymes y cooperativas, daría soporte a esa transformación.

La provincia pasaría de vender materia prima a exportar productos con marca, certificación y trazabilidad. La diversificación que aporta las centenas de tareas de tierra sembradas de uvas y tabaco es un aporte al desarrollo.

Centralidad económica y frontera

El Plan Estratégico San Juan 2050 convertirá esta centralidad en competitividad territorial. Cuando se promovía el puerto de Manzanillo, la circulación de mercancías de entonces fue superada por las 40,000 toneladas anuales que hoy se dirigen por el Occidente hacia Haití. Los dueños del eficiente transporte de carga hacia la frontera occidental son también sanjuaneros. La economía se superpone al territorio.

Tenemos la certeza de que la anticuada visión que frena el crecimiento fronterizo será superada. La experiencia demuestra que muchas fronteras dejan de ser extremos geográficos para convertirse en centros de desarrollo. Sixaola-Guabito (Costa Rica-Panamá), San Diego-Tijuana (Estados Unidos-México) y el parque del Grupo M en Ouanaminthe, Haití, son referencias de éxito. Una frontera ordenada, con logística, aduanas modernas, agroindustria y servicios, es una ventaja competitiva.

Una nueva centralidad

San Juan 2050 reivindicará su dimensión occidental. Será a la vez el custodio de la memoria taína, el laboratorio de una agricultura ordenada y moderna, el polo de industrialización del valle y el hub del Occidente. Su águila heráldica se convertirá en el símbolo de una nueva centralidad económica, institucional, cultural y territorial.

Reynaldo Peguero

Epidemiólogo y urbanista

Maestro en Administración y epidemiología, especialista en Planificación Estratégica del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), Barcelona.

Ver más