Durante las últimas décadas, la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China se interpretó principalmente en términos de comercio, ideología y poder militar. Sin embargo, en la fase actual del sistema internacional, el conflicto se ha desplazado hacia un terreno más abstracto y, al mismo tiempo, más decisivo: el sistema financiero global y el control de las materias primas críticas que sostienen la economía tecnológica del siglo XXI.

La narrativa dominante presenta este proceso como una carrera por la innovación, la inteligencia artificial (IA) y el crecimiento. Pero una lectura desde la teoría de juegos —menos optimista y más estructural— revela una realidad distinta: una burbuja estratégica sostenida por concentración oligárquica, sobre apalancamiento financiero y expansión monetaria sin anclaje productivo. Estados Unidos ya no financia su hegemonía principalmente sobre la base de la producción real, sino sobre expectativas, confianza sistémica en el dólar y control institucional del riesgo.

La burbuja de la inteligencia artificial

Gran parte del crecimiento reciente del PIB estadounidense no proviene de un aumento sustancial de la productividad industrial, sino de una inversión masiva en infraestructura asociada a la inteligencia artificial: centros de datos, servidores de alto rendimiento, redes eléctricas reforzadas, sistemas de refrigeración y un consumo intensivo de agua y energía. Estas inversiones ya se miden en decenas de miles de millones de dólares y, de mantenerse la tendencia, pronto alcanzarán cifras mucho mayores.

El problema estructural es simple y profundamente inquietante: todavía no existe un modelo económico probado que garantice que esta infraestructura generará rentabilidad sostenida. La mayor parte de los usos actuales de la IA son marginales en términos macroeconómicos: generación de contenidos, automatización básica, optimización de procesos administrativos. Al mismo tiempo, la propia tecnología amenaza con destruir millones de empleos, lo que, lejos de impulsar la demanda agregada, podría debilitarla.

Desde una perspectiva económica clásica, este conjunto de condiciones describe una burbuja en fase avanzada. Sin embargo, el caso actual introduce un elemento nuevo que altera las reglas habituales del mercado: la concentración extrema del poder financiero y tecnológico.

El fin del mercado como mecanismo disciplinario

En la teoría económica tradicional, los mercados se autorregulan mediante millones de decisiones descentralizadas. Ese mecanismo ya no opera de la misma manera. El sistema financiero estadounidense está hoy dominado por un reducido número de actores —grandes tecnológicas, fondos de inversión y entidades financieras— capaces de sostener artificialmente valoraciones elevadas con respaldo político y monetario.

Programas estatales de inversión en infraestructura tecnológica, como los grandes planes federales asociados a la IA, convierten lo que debería ser una burbuja de mercado en una burbuja política. En términos de teoría de juegos, esto tiene una consecuencia clave: la disciplina del fracaso ha sido suspendida.

Si la IA no resulta rentable, el Estado intervendrá. Si los mercados caen, el banco central expandirá la liquidez. Si las pérdidas se acumulan, se socializan. Esta dinámica genera una fragilidad sistémica profunda: cuando el sistema falle —y todo sistema altamente apalancado termina fallando— no habrá amortiguadores internos que absorban el golpe.

La sobre-financialización y el caso de la plata

El segundo pilar de la inestabilidad actual es la hiper-especulación en materias primas. El caso de la plata es particularmente revelador. Cuando China anunció restricciones a su exportación, el precio se disparó en los mercados occidentales. La reacción no respondió a un shock inmediato de demanda, sino a la estructura misma del mercado.

En China, la plata es un insumo industrial estratégico: se utiliza en inteligencia artificial, vehículos eléctricos, baterías y electrónica avanzada. En Estados Unidos, en cambio, la plata funciona principalmente como un activo financiero orientado a la especulación. El resultado es una distorsión peligrosa: por cada onza física que poseen los grandes bancos, existen cientos de onzas prometidas en contratos de papel.

Este sistema funciona mientras nadie exija entrega física. Es, en esencia, un juego de confianza. Y China, que necesita metales reales, no derivados financieros, está empezando a exigirlos. En teoría de juegos, este tipo de estructura se asemeja a un equilibrio inestable: cualquier actor que rompa la expectativa compartida puede provocar una reacción en cadena.

El talón de Aquiles del sistema estadounidense

Estados Unidos enfrenta hoy tres vulnerabilidades estructurales simultáneas. Primero, una burbuja tecnológica sostenida políticamente. Segundo, un sistema financiero profundamente sobre apalancado. Tercero, una economía cada vez más dependiente de la expansión monetaria para sostener crecimiento y estabilidad social.

Mientras el dólar conserve su estatus como moneda de reserva global, este esquema puede prolongarse. Pero China trabaja activamente para reducir esa dependencia, desplazando el comercio de materias primas hacia mercados físicos y acuerdos bilaterales fuera del sistema financiero dominado por el dólar. Esta estrategia no busca un colapso inmediato, sino una erosión gradual del monopolio monetario estadounidense.

América Latina como región estratégica

Este proceso convierte a América Latina en una región clave. Venezuela, Bolivia, Perú y México concentran algunas de las mayores reservas mundiales de plata, litio, cobre, oro y tierras raras. Quien controle el acceso a estos recursos controla, en gran medida, el futuro de la economía tecnológica global.

Desde la teoría de juegos, la estrategia estadounidense en la región no es meramente extractiva, sino exclusiva. El objetivo principal no es tanto explotar directamente los recursos, como impedir que China los integre de manera estable en su cadena de suministro. Venezuela, en este contexto, no es solo un país petrolero: es una casilla crítica en el tablero energético y mineral. 

Europa y el juego de la negación

Mientras Estados Unidos y China juegan una partida de alto riesgo por el sistema financiero global, Europa participa en otro juego distinto y potencialmente más peligroso: el de la negación institucional. En teoría de juegos, los actores que no pueden reconocer un error estratégico tienden a prolongar conflictos incluso cuando los costos superan cualquier beneficio imaginable.

Durante años, amplios sectores de la élite política y mediática europea han operado bajo la convicción de que Rusia está a punto de colapsar. Esa narrativa se refuerza internamente hasta convertirse en dogma. El problema es que las creencias compartidas no crean realidades materiales. La Unión Europea, como estructura burocrática, penaliza el reconocimiento del error y recompensa la continuidad, incluso cuando esta conduce a resultados negativos.

De ganar a perder más despacio

Cuando un actor ya no puede ganar, pero tampoco puede aceptar la derrota, su objetivo cambia: maximizar el tiempo. Esa parece ser la lógica dominante en la guerra de Ucrania. La estrategia ya no busca una victoria clara, sino evitar un ajuste interno abrupto —energético, fiscal y político— en Europa.

En teoría de juegos, esto describe un equilibrio de persistencia ineficiente: no colapsar hoy, aun sabiendo que el costo de colapsar mañana será mayor. El riesgo no es una decisión consciente de guerra directa, sino una escalada por error, alimentada por acciones indirectas y percepciones asimétricas.

Otro pronóstico para 2026: la escalera sobre el abismo

Si la economía estadounidense entra en recesión —una posibilidad real dadas sus vulnerabilidades estructurales— la tentación será externalizar el problema: más aranceles, más sanciones y mayor presión geopolítica. Esa lógica ya empieza a manifestarse en las sanciones dirigidas contra China y en las tensiones con países europeos que han salido en defensa de Groenlandia.

China, por su parte, acelerará su transición hacia un modelo basado en el control físico de recursos estratégicos y en una menor dependencia del dólar.

Esto nos devuelve a la metáfora central: una escalera suspendida sobre el abismo. Si Estados Unidos utiliza su poder financiero para sostener una burbuja sin base productiva real, y China utiliza su poder material para romper la arquitectura existente, ambos pueden precipitar una crisis global.

La teoría de juegos es clara: cuando los jugadores dejan de creer en el tablero, el juego no se reinicia. Termina.

Ariosto Sosa D´Meza

Resido en Praga, República Checa. Soy egresado de la Universidad Karolina de Praga. Estudie Massmedia y periodismo. También soy egresado de la Academia Cinematografica Checa Miroslav Ondricek. Me dedico como colaborador externo (freelance) para varios medios de comunicación checos. Entre ellos Radio Praga, la revista política semanal Reflex y colaboro en producción en el área de documentales con varios canales de televisión checos.

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