La tensión con el cuerpo y su movimiento ha sido controlada desde los marcos religiosos o políticos. En el terreno de la vida social, lo ilustran bien las imágenes del cuerpo glorificado por su personificación de fuerza divina, el cual está vinculado con los santos y la imagen divina.

El otro es el cuerpo flagelado que se asocia con la fuerza fertilizadora y naturaleza desbordante. A este último se le imponía controles,  por medio de la cultura, las rogativas para expulsar eso que conlleva la ambivalencia o que podía romper el tabú de la sangre, el semen y sexualidad en general.

El relato sobre el cuerpo es descrito en diferentes épocas mediante un corolario donde se controla dicha corporalidad, bajo argumentos médicos, religiosos y culturales. La colonia de Santo Domingo no estuvo exenta de tales prerrogativas.

La ideología dominante en la colonia era muy estricta con el control del vestuario para los blancos peninsulares y criollos libres. por igual se le exigía también lo mismo, a los esclavizados y mestizos libres.

El cuidado de la higiene por el calor tropical, en el caso de los grupos indígenas y negros se mantenía, bajo las tradiciones culturales de los originarios, los cuales llevaban pocas ropas y se aseaban varias veces al día.

Todas las mujeres libres y esclavizadas, fueran indígenas, blancas o negras llevaban ropas que la cubrían. En algunas ocasiones se observaban las negras con los pechos descubiertos, pero era obligatorio cubrir las zonas pudendas. El obispado protestaba porque las “negras ganadoras”, aquellas que vendían hojas medicinales, verduras, productos del campo etc. iban por las calles sin cubrirse adecuadamente los pechos. Se legisla para prohibir tales afrenta a la moral pública.

El cuerpo desnudo era controlado, aun para los grupos aborígenes. No obstante, en lo relativo a la danza, en los momentos lúdicos se permitían los movimientos del cuerpo, sin mucho control, aunque se criticaba por medio de cartas enviadas al arzobispado y a la  alcadía sobre el descontrol de los movimientos de los negros que se consideraban  lascivos durante los momentos lúdicos.

No hay referencia para los indígenas, nada más se describe sobre sus antiguos bailes llamados areitos. Los cuales no fueron prohibidos, como tampoco, la de los esclavizados, aunque estos últimos fueron criticados en diferentes momentos de la vida colonial.

El cuerpo danzante es la metáfora de la que se tuvo menor control de ese organicismo institucional que caracterizaba la colonia de Santo Domingo. El cuerpo colectivo era controlado por el Estado colonial y la iglesia. No obstante, la danza era un medio para el desahogo, así los vieron los colonizadores. Evitaban según las autoridades, las cimarronadas de los negros y las escapadas de los originarios junto a los negros en los famosos manieles o palenques que se desarrollaron en las montañas y centros de la isla donde residían los alzados contra el régimen colonial.

El cuerpo eclesiástico estaba bien organizado como la cabeza de la moralidad.  Se encargaban de los cuerpos de prestigiosos hombres y mujeres peninsulares y criollos. Se trataba por todos los medios de separar los géneros, cubrirlos con el ropaje y limitar los movimientos según las horas litúrgicas que anunciaban las campanas de las iglesias.

Se tenía mucho cuidado con la ideología caballeresca y los delirios del corazón, dado que podían convertirse en el sustento de la imaginería popular e impulsar los relatos eróticos y corteses que desembocaron en jaranas, en la cual pueda aflorar la trasgresión y por ende la mancha del pecado.

Eran las fiestas los espacios donde la memoria subterránea del cuerpo se desbordaba. Por tal razón se establecían reglas estrictas para separar las juergas de los blancos y las de los negros y de los originarios. En diferentes momentos, en especial en la época del carnaval, los ritos folclóricos daban rienda suelta al cuerpo solo durante el periodo de fiesta u ocio. Los bailes eran parte de la maravilla que conformaban los ejercicios colectivos del desenfreno.

En los períodos de carnaval o durante las fiestas de un santo, se rompía la coerción del cuerpo pasada la actividad religiosa. Esto se permitía como expresión de algarabía de “las negradas” cantando y celebrando la fiesta de los santos. Los juegos con máscaras y correrías de toros se les permitían ciertos bailes, que cuando se iban las autoridades terminaban con expresiones danzarias más libertarias.

Los negros esclavizados superaban la represión durante las fiestas. En las monterías, casas de los negros se producían una matriz de movimiento y prácticas corporales que daban lugar a un giro diferente de lo que promovía la iglesia y las autoridades civiles.

Durante los bailes, el cuerpo tomaba poder para expresarse y dejaba de ser un tormento por el trabajo intenso de los labradores, ganaderos y cultivadores. Pues su cuerpo, lo investía con los placeres identitarios y colectivos de libertad. El alcohol de caña era prohibido. Sin embargo, corría las bebidas que buscaban negros y blancos para romper los deseos de los placeres anulados por la esclavización.

Los blancos libres, consideraban estas fiestas inmorales. A pesar de las mentalidades limitantes, algunos blancos, a escondidas se colaban en las fiestas para disfrutar del fervor de los movimientos de las caderas y de los humores del alcohol y del cuerpo. Los toques de los tambores, panderetas y maracas se escuchaban durante la noche, a pesar de que la ciudad ya había cerrado sus puertas a los que se quedaban en tales jolgorios.

En la colonia, la mentalidad sobre los movimientos lascivos con las caderas y expresiones que excitaban el movimiento corporal eran rechazadas públicamente. La política fue siempre de control, porque en el terreno de la identidad colectiva se pretendía instalar la represión como parte del ideal cristiano que prefería el tormento del cuerpo para la glorificación.

El modelo colonial que controló el semen y la sangre menstrual no pudo con el movimiento de los cuerpos. La danza, ya en su expresión abierta durante el carnaval o fiestas de santo y durante las actividades seculares fueron una apuesta a no ser controlada y lograron atravesar la formación del Estado moderno y la conformación de la República.

La danza como dice el antropólogo Edis Sánchez se necesita un contexto físico, político, histórico y espiritual que permita su expresión coordinada con el movimiento, el vestuario y la música. Los movimientos de la corporalidad de los negros, indígenas y mestizos trascendieron los siglos y apostaron a resistir la colonialidad.

El movimiento, ya sea en la danza folclórica o danzas académicas que surgieron más tarde durante la república, conservan esa locación que muestra que las representaciones danzarias fueron resitente al modelo colonial impuestos por los castellanos. El movimiento del cuerpo de los indo afro descendientes son metáforas de resistencias contra el modelo civilizatorio hegemónico que tapiza las mentalidades y que construye identidades.

Yo soy antropóloga , lo que observo en las ciudades y campos son cuerpos que se mueven libremente, cuando los acordeones, tambores, o guitarras, entre otros se instalan para celebrar la vida. La colonia, no pudo domesticar la energía y la resistencia corporal de hombres y mujeres durante los trescientos años de colonización.

Los cuerpos libres o esclavizados siguieron retozando en sus excesos mediante, los bailes y las expresiones corporales, tanto gestuales como cotidianas. El sistema de dominio que osciló entre la cuaresma y el carnaval, no pudo regular el movimiento de los cuerpos indo- afro descendientes en la colonia de Santo Domingo.

Fátima Portorreal

Antropóloga

Antropóloga. Activista por los derechos civiles. Defensora de las mujeres y los hombres que trabajan la tierra. Instagram: fatimaportlir

Ver más